Esa IDM de la que usted me habla (I): Jetone, la otra cara de Tim Hecker

Antes de convertirse en uno de los fundamentales del ambient, a pesar del par de discos que lleva en el pasado 2018 y presente ejercicio —por debajo de los imprescindibles trabajos anteriores—, Tim Hecker también tuvo sus flirteos con la IDM (y mucho más). Lo hizo bajo el alias de Jetone, separando dos proyectos conceptualmente distintos. Y aunque obviamente le ha ido mejor tirando del proyecto que más conocido le ha hecho, el canadiense dejó tres trabajos en largo que parece no serán rescatados, pero que sobre todo en el primero hay una huella clara de su gran talento. Con él empezamos esta nueva sección dedicada a esa entelequia con todo su repeluco conceptual, pero maravillosa sonoramente, que es la IDM.

En un ya lejano 2000, un año antes de que el proyecto de Tim Hecker con su nombre de pila empezara sus caminos inescrutables hacia lo más alto del ambient, Hecker empezó un proyecto en el que también había ambient, pero de una forma mucho más tangencial. El protagonista en este proyecto era la IDM, que por aquél entonces apenas tenía una década de vida, si llegaba. Eso sí, despojado ya el estilo de toda la ola de oyente selecto y de música del futuro con el que jugó Warp durante su explosión en los primeros 90s. Unas ínfulas que se iban deshaciendo, después de toda una década de proyectos de electrónica no específicamente dirigida a la pista de baile.

Una arquitectura sonora muy cuidada

Unos caminos que Jetone empezó a caminar en un primer disco, Autumnmonia (Pitchcadet, 2000), en los que ya quedaba palpable la capacidad de abstracción y buen gusto que tenía el artista canadiense. Unos caminos que empezaron en un sello que murió en 2001 y que aún arrastraba en sus publicaciones ese tufillo snob de «música inteligente» para vender sus referencias, aunque también anunciaba como diferenciación una apuesta por el glitch para estirar los límites del género, en este caso, la IDM. Nada nuevo, hacer avanzar estilos y géneros cruzándolos con otros, ampliando su base sonora.

Y eso es algo que se advierte en ese primer trabajo de Jetone. Una IDM muy emocional, a veces vibrante, cortadas por detalles de ese glitch errático, o de suaves capas de ambient que cortan el aliento y que poco después serían la base de la gran obra de Hecker. Quizá su obra más importante como este alias; si hay algo por lo que aún Jetone permanezca en la memoria de consumidores de electrónica, es por varias piezas de este Autumnomia, que contaba con composiciones muy buenas. Una de ellas, de las más célebres, figura al principio del debut, ‘Fukfunk‘, ocho minutos de IDM lenta y melódica, respaldada por los detalles glitch en capas segundarias y una base ambiental sobre la que el canadiense iba vertiendo los sonidos y añadiendo detalles.

Después había en el disco bastantes puntos comunes ambientales, que obviamente mejoraban cuando entraban las características de otros estilos. De nuevo el glitch en ‘Marilyn Chambers‘ o en ‘Diamonds No.3‘. Se trataba de un trabajo de muchas aristas, minimalismo como el de ‘Huntington‘ o el tema de cierre, la mixtura mencionada, melodía con mucho gusto como la de ‘Fresh‘ o el otro gran tema del álbum, ‘Shear/Refract‘. Una pieza que aglutina todas las dimensiones sonoras por las que transita el disco, con esa influencia coetánea, adrede o no, de indispensables como Board of Canada, y a la vez abriendo el camino para artistas actuales cuyo sonido se encuentra aquí, casi veinte años antes, como es el caso de Bjarki. Una canción que dejar en bucle en modo catatónico, disfrutando de ese desarrollo que varía conforme avanza.

Momento de experimentar más allá

Al fin y al cabo, en este trabajo de Jetone, el primero en general de Tim Hecker, ya se advierten varias líneas maestras que serían las que luego desarrollaría con su proyecto más conocido. Tan solo un año después, en agosto, llegaría Ultramarin (Force Inc., 2001), sólo unos meses de la puesta en largo como Tim Hecker. Si con su debut el productor canadiense había dado mostrada cuenta de su gran talento, este segundo largo no está exento de aristas y texturas. De hecho, en él, estuvo coqueteando mucho más con el ambient techno o incluso el dub techno. Eso sí, sin dejar de lado ornamentaciones glitch. Escuchado en perspectiva y viendo el trabajo que lleva haciendo desde hace años y años, incluso sorprende esta cara de Hecker, con más groove y una elegante pulsión techno como la de ‘Thousand Oaks‘ o la resplandeciente ‘Octan‘.

Sin embargo, aunque están esas ínfulas techno, Ultramarin es un disco más cortado por la experimentación, sea a través de distintas atmósferas de mayor o menor ruido e intensidad o con el minimalismo glitch que atraviesa bastantes de sus canciones. Algunos olores en los que encontrar al Actress de R.I.P. (Honest Jon’s, 2012) y en los que vemos a un Tim Hecker de transición con el proyecto de Jetone. Después de un primer LP mucho más IDM, aquí abre el abanico para extender sus tentáculos a todos los estilos que juegan en esos límites, yéndose más allá como vemos con el dub techno. Un álbum por ello bastante interesante aunque menos efectivo en su cómputo.

Con todo, no sería hasta cinco años después, en 2006, cuando volviera a rescatar este proyecto. En Sundown (Apnea, 2006), su último trabajo bajo el alias Jetone, se alejaría definitivamente de la IDM para culminar el tridente con un esqueleto techno que dentro seguía llevando esos sonidos erráticos del glitch, consustancial al canadiense desde sus inicios con este proyecto. De ahí nacieron temas tan fascinantes como ‘Sufraise II‘ con toda su riqueza sonora en la primera mitad con los agudos al máximo para después romper con un feedout. Con algunos pasajes de techno añejo realmente interesantes como ‘Refoilate Me‘, el disco cerraría con varias remezclas, ojo, con manos españolas como las de Damian Schwartz o Alex Under.

Así pues, una trayectoria de lo más interesante la de Tim Hecker con su otro alias, Jetone, su laboratorio de ensayos sonoros antes de dedicarse en cuerpo y alma al ambient, que está metido en un cajón desde hace casi quince años y del que no se ha vuelto a saber. Tanto, que casi se ha olvidado salvo el par de clásicos del debut. Por eso merecía este recuerdo. Sobre todo en ese primer disco ya se veía que Jetone podría haber ofrecido mucho más en la IDM, el glitch y otros estilos o subestilos que tocaba por su ambición e innovación. Sin embargo, prefirió dedicar sus producciones principalmente al ambient, género en el que lleva instalado desde hace tiempo y le ha hecho convertirse en un indispensable de la escena. En cualquier caso, ahí queda ese pasado poliédrico propio de un artista de rebosante talento como el suyo.