Especial Rage Against The Machine: The Battle of Los Angeles, un disco para dividirlos a todos

The battle of Los Angeles

La publicación de Evil Empire un lustro después del exitoso debut de la banda californiana supuso una consolidación del sonido que ya habíamos podido oírles anteriormente, un asentamiento de la potente alianza entre rap y metal que, si bien no brilló tanto como el álbum homónimo, sí que consiguió convertirse en un trabajo sobresaliente.

Sin embargo, la llegada tres años después de The Battle of Los Angeles supuso un brusco golpe de timón que dividió a los seguidores de Rage Against the Machine, lo cual no evitó que fuera directo al número uno del ránking de ventas de Billboard cuando se publicó, el 2 de Noviembre del 99. La rabiosa forma de hacer música que marcó la creación de los dos primeros trabajos cedió ante una vena experimental que decidieron a sacar plenamente a la luz.



RATM contra su propia sombra

Pero no digo esto como un lamento ni mucho menos. Todo lo contrario, el resultado de este mayor empeño técnico es un álbum soberbio, menos vibrante que sus predecesores por concepto, pero tan digno de elogio como éstos. Juegos de guitarra y bajo como los de ‘Calm Like a Bomb‘ hubieran sonado totalmente extraños en sus álbumes previos, pero en el marco musical que conforma el The Battle of Los Angeles se aprecian como las verdaderas maravillas que son.

Las geniales excentricidades con la guitarra de Tom Morello, llevadas al extremo en este compacto, no suponen tanta sorpresa como las que despliega el bajista Tim Commerford en este ocasión, resultando mucho menos rocoso y más imaginativo de como antes se había mostrado. Sus voluptuosos riffs con las cuatro cuerdas se convierte en el rasgo más distintivo de temas como Mic Check o War Within a Breath.

The Battle of Los Angeles: un precio ¿demasiado? caro

Pero que Morello resulte menos sorprendente en esta ocasión debido a que ya había mostrado gran parte de su potencial creativo con anterioridad no debe servir de excusa para dejar de fijarnos en su, una vez más, inconmensurable labor. Tan valiosos son los inolvidables riffs que nos regala (¿quién no ha tarareado nunca Sleep Now in the Fire?), como los solos, que en esta ocasión resultan más extraños y diversos que nunca (véase la archiconocida Guerrilla Radio para más señas).

Como ya apuntaba antes, esta evolución tuvo un caro precio, como fue la retirada de la furia sobre la que se sustentaban las anteriores composiciones. El propagandismo político sigue aquí, como no podía ser de otro modo, pero ya no es capaz de incitar tanto al alzamiento revolucionario como a una simple meditación pasiva. De la Rocha ya no se desgañita exigiendo libertad, o pidiendo que nos despertemos, sino que se prodiga en un trabajo más acorde con los nuevos ritmos que despliegan los tres instrumentistas del cuarteto.

Todo esto no impide que, como ya he dicho, The Battle of Los Angeles sea un disco tan imprescindible como lo fueron aquellos que lo precedieron, con unas virtudes diferentes a las que éstos enarbolaron, pero igualmente válidas. No cabe duda de que muchos habrían preferido que la banda no hubiera dado este paso en su carrera, pero nadie podrá negar que cuenta con unas cuantas joyas difícilmente superables.