Guía fácil de Metal: Thrash Metal (I)

Metallica en 1984

Si hace un tiempo revisamos el subgénero pionero del Metal, el que formó el armazón y los cimientos del sonido pesado, el Heavy Metal, hoy nos toca hacer parada en el otro gran puntal imprescindible para entender los sonidos pesados.

Es, quizás, el gran paso adelante, el género que consiguió enlazar con éxito el estilo definido por los Black Sabbath y promovido por Judas Priest y Iron Maiden con el resto de subgéneros extremos que hoy conocemos. Hoy hacemos parada en el Thrash Metal.

A qué suena el Thrash

Si hay que señalar un género importante a la hora de definir el Thrash, antes incluso que el Heavy, ese es el Punk. La importancia del Punk en la formación del Thrash es casi tan grande como la del Metal. La rabia, la velocidad y la adrenalina serían los conceptos que las bandas de Thrash beberían de este género para poder formar su nueva escena a partir de la escena Heavy inglesa, menos agresiva y con mucha épica. Igual que el Punk surgió como respuesta ante la ingente cantidad de grupos elitistas que hicieron del Rock algo excesivamente sofisticado (hola Rock Progresivo), el Thrash nacido en Estados Unidos sería la respuesta de ese país contra el Heavy británico.

Las principales características que diferencian al Thrash de la rama tradicional del Heavy Metal son esos ritmos más acelerados y cortantes como cuchillos, guitarras de riffs rápidos y solos vertiginosos e imposibles, bajos de guitarra discretos (con sonadas excepciones), rotundas baterías que comienzan a introducir el doble bombo al terreno metalero y voces más extremas y furiosas (algunas entrando en el terreno de los archiconocidos guturales). Este sonido se desarrolló en Estados Unidos a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, donde los aficionados escuchaban continuamente discos de la NWOBHM y adoptaron la personalidad Punk para elaborar su estilo. Las bandas repartían su música de forma libre entre los aficionados (¿os suena?) por medio de cassetes y demos. Las bandas señaladas como que formaron la idiosincrasia del Thrash son esencialmente tres: Motörhead, Mercyful Fate y, sobre todo, Venom. Destaca la discreta y breve labor de la banda de Washington Void, una de las primeras bandas a las que se atribuye el sonido Thrash. Un sonido que tuvo su cuna en Estados Unidos y su auge en tres puntos concretos de la tierra de la libertad.

Los Angeles: Metallica, Slayer y Megadeth vs el Glam

En Los Angeles, a comienzos de los ochenta, se dieron lugar al mismo tiempo una de las razones por la que detesto esa década y otra de las razones por las que me gusta. Los Angeles se había convertido por esas fechas en el epicentro mundial del horripilante Glam Metal, lleno de bandas más bien insulsas que primaban su estética, llena de laca, maquillaje y ropa de mujer, a su música. Quizá a alguno ya le estén sangrando los ojos, pero también hay que agradecer que a partir de un estilo así pudiera salir, a modo de contrapeso, varias de las bandas que hoy son buques insignia del Thrash. Aquí nacieron tres bandas de las consideradas “Las Cuatros Grandes” del Thrash Metal.

Ahora mismo al hablar de Metallica, lo primero que se piensa en lo convulsa, oscilante y heterogénea que ha sido su carrera a lo largo del tiempo, pero han sido y siguen siendo una de las bandas estandartes del Thrash gracias a su soberbia labor en los ochenta. Fueron los primeros del Thrash en conseguir un buen contrato discográfico y su éxito ayudó a mantener la puerta abierta para sus coetáneos. Una espectacular banda formada por James Hetfield y el batería Lars Ulrich, contando además con uno de los bajistas más laureados de la historia, Cliff Burton, y a un titán de la guitarra como Dave Mustaine al que acabarían echando antes de lanzar su primer disco para fichar al guitarrista Kirk Hammett, que les ayudó a dar ese salto cualitativo y técnico necesario para ser una de las bandas más laureadas de la historia.

Pero Los Angeles también vio nacer a otra de las bandas más grandes y más salvajes del género Thrash, y esos son Slayer. La propuesta de esta banda es mucho más mortífera y agresiva que la de Metallica, dando cabida a riffs de guitarras que son como caballos galopantes que te pisan sin piedad mientras la atronadora batería de Dave Lombardo es golpeada incesantemente para martillear tus tímpanos. Los juegos de guitarras entre Kerry King y Jeff Hanneman son otra de esas señas de identidad que han dado lugar a las canciones más brutales y carniceras que puedas oír. No por nada la figura de Slayer ha sido muy vinculada a la creación del Death Metal.

Por último, resaltar a otra gran banda nacida en la ciudad angelina y surgida con ánimo de furia y destrucción. Una vez Dave Mustaine fue despedido de Metallica por su errática y violenta conducta (además de sus amplios problema con las drogas), decidió ejecutar su venganza contra los que antes eran sus mejores amigos formando Megadeth. Esa rabia y ganas de venganza se reflejaron en su agresiva música, donde Mustaine dio más rienda suelta a sus aptitudes con las seis cuerdas, haciendo su estilo más versátil y magnificente que el que podría haber desplegado con Metallica. Por eso su despido fue más que beneficioso para ambas partes.

San Francisco: la tierra prometida de Exodus

Pero Los Angeles no era el mejor ambiente para el desarrollo de la escena que estaba formándose. Allí las bandas y aficionados del Glam (los conocidos “posers”) eran los que dominaban el terreno y los Thrashers estaban intentando florecer entre malas hierbas. Hacía falta una zona más adecuada para proliferar un género bastante underground, y ese lugar estaba justo en su mismo Estado, California, en la Bay Arena de San Francisco. Esa zona fue como especie de Meca para los amantes del Thrash a la que Metallica y Slayer no dudaron en mudarse para dar un paso adelante.

El ambiente de la Bay Arena era mucho más propicio para el desarrollo del género. La circulación de las cintas y las demos era mucho más fluida, los aficionados iban en masa a los conciertos y la relación entre las bandas era estupenda, se conocían entre ellas, tocaban juntas y se iban de fiesta juntas (se dice que una vez acababan los bolos les gustaba ir siempre a la casa de Metallica). También cabe destacar la estupenda labor de mecenazgo llevada a cabo por Brian Slagel, de Metal Blade Records, donde realizaba discos (los famosos recopilatorios de Metal Massacre) aglutinando siempre diversas bandas emergentes a través de los años, como los propios Metallica y Slayer.

Pero la escena Thrash en San Francisco no comenzó con la llegada de los citados angelinos, sino que ya había grupos con buenas tablas y mucho potencial ayudando a la formación de una de las escenas más ricas de la zona como, por ejemplo, Testament (entonces conocidos como Legacy), Death Angel y Exodus. Si me tuviera que quedar con alguna en concreto, me quedo con Exodus, tanto por su sólida propuesta, fuerte y directa, como por su primer frontman, Paul Baloff, quien, aun sin tener grandes aptitudes con el micrófono, lo compensaba con la energía y adrenalina que desplegaban sus actuaciones.

La East Coast: Anthrax y Overkill

No hay duda que San Francisco fue la tierra prometida para el Thrash, pero no hay que obviar otro de los puntos calientes de esta rama metalera se localizaba en la zona Norte del país, en los Estados de Nueva York y Nueva Jersey. Al igual que en la Bay Arena tenían a Brian Slagel de Metal Blade, en Nueva York la labor de mecenazgo del Thrash la llevaron a cabo Johny y Marsha Zazula, de Megaforce Records, que contaban con mejores contactos y pudieron ayudar tanto a las de su zona como a las de San Francisco para lanzar sus discos de manera oficial y dar el salto. Pero eso no valdría de mucho sin la labor de dos bandas que ayudaron a esta conexión de San Francisco-Nueva York: Overkill y Anthrax.

Overkill, de Nueva Jersey, son también considerados como una de las bandas pioneras del Thrash, ya que partieron de tocar como una banda Punk bajo el nombre de The Lubricunts. A sus raíces Punk se les sumó su pasión por bandas Heavy inglesas como Judas Priest y Motörhead (de la que tomaron su nombre a partir de una de sus canciones más conocidas) y consiguieron moldear la esencia del sonido Thrash. La presencia de Overkill es más que fundamental para entender este género y oyendo una de sus obras magnas, The Years of Decay, se comprende su transcendencia.

Anthrax, de Nueva York, es la última de las cuatro bandas incluidas en el grupo de “Las Cuatro Grandes” y muchas veces calificada incorrectamente como la menor de estas cuatro. Incorrecto porque estamos ante una banda de una fuerte personalidad y con las miras bastantes altas, como bien refleja su líder, Scott Ian (erase un hombre a una perilla pegado). Rompedores por apostar por un cantante como Joey Belladona, un rara avis de amplios registros vocales en contraste con la tónica habitual de cantantes gritones y rabiosos. Y también por sus letras, centradas en el mundo de los cómics y de las novelas de terror de Stephen King, en un género caracterizado por letras sobre guerra y destrucción. Sin duda, Anthrax eran los que menos se tomaban en serio del resto de bandas y solo buscaban pasar buenos ratos tocando la música que les gustaba.

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