Guns’N’Roses, o vivir enfrentado a la música que te gusta

GNR

Aunque el término «placer culpable» ha sido convenientemente denostado estos últimos años, tras la explosión de Guilty Pleasurismos que vivimos poco antes, uno no puede dejar de sentirse, a veces, algo enfrentado a la música que le gusta. No, desde luego, con síntomas de culpa cristiana (esto es bueno, ¿será pecado?) sino, más bien, con una idea rondándote la cabeza: te gustan las personas equivocadas.

Personas y no sólo artistas. Por mucho que nos agarremos al «es la obra, no el artista», disociar a un gilipollas de lo que produce es complicado. Si fuese sencillo, trabajar con jefes que son imbéciles sería mucho más sencillo. Y todos tenemos claro ya que no lo es. (Y si aún no, no os preocupéis, el mercado laboral os va a dar muchas oportunidades de eso)

Vaya por delante, pues, que Axl Rose me parece un tío difícilmente soportable. Vaya por delante también que sus declaraciones, sus portadas, sus pintas, muchas de sus peores letras, sus polémicas… todo lo que produjo en la era gloriosa de Guns’n’Roses… eran algo con lo que ya difícilmente comulgaba entonces. Me alineé rápidamente junto a las opiniones de unos Nirvana, por ejemplo, que veían en GN’R la solidificación y permanencia de lo peor del macho rock.

Pero, aunque como colectivo subido a un púlpito a expresar ideas chungas y necedades GN’R me resultaban francamente insoportables, como músicos era algo diferente. Lo que siempre me ha llevado a la pregunta de cómo era posible que unos zoquetes semejantes hubiesen parido algunas canciones tan efectivas, tan simples, tan funcionales, tan… brillantes.

La jodimos. Lo he dicho.

Me lo parecen. En su primer disco GN’R tienen una colección tan locamente brutal de himnos hard-rock (con perdón) que no puedo pensar en ese álbum con otra cosa que la palabra brillante. Con mayúsculas y neones, si hace falta. BRILLANTE.

Sí, tratad de convencerme de que todo esto ya se había dicho antes, tratad de decirme que se le ven las costuras de Led Zeppelin, tratad de convertíos en el monitor de campamento que, teniendo yo 13 años, me decía justo eso. Me trataba de convencer de que NO TENÍAN QUE GUSTARNOS. A mí esa perorata soltada en los montes de los Picos de Europa me sonaba a sermón ajado, como de misa (rock), pero no me enfadaba. Quién sí se ponía como una moto era Ángel, un amigo, que era fan, tenía todo lo tenible (bootlegs incluidos, eso en la época era una odisea), y los consideraba dioses y a Led Zep y otros… «mierdacas» (cita literal). Perdonadle: cada chaval debe tener los suyos (dioses, digo) y es más fácil que sean quienes están, temporalmente, cerca de ti. Ya tocará caminar hacia atrás.

(Inciso: muchas veces, cuando no me gusto escribiendo sobre música, me veo a mí mismo convertido en ese monitor vallisoletano, soltando chapas de VIEJO; pero al hideputa, por si fuera poco, encima le gustaban Celtas Cortos; yo aún no he llegado ahí. AÚN.).

Volvamos a ese primer disco: al arrebato orangutanesco de ‘Welcome To The Jungle‘, a la claridad del punteo de ‘Sweet Child O’ Mine, al fraseo de eterna adolescencia que impulsa ‘Paradise City‘… a casi todo.

Sí, vuelvo a decirlo: brillante.

El éxito es una cosa muy chunga: se ve como la meta y en realidad es un paso más. Por supuesto, a unos cabezashueca, a unos puertacaída como eran la mayor parte de GN’R, la fama les sentó fatal. Quiero decir: les sentaba muy bien (parecían hechos para ser estrellas, con todos sus tics y todas sus autoparodias), pero precisamente por eso les hizo creer más grandes de lo que eran. De ese espejismo nace Use Your Illusion, con toda su megalomanía, con todas sus canciones sobrantes, con todo su aspecto de que hubiese estado muchísimo mejor si lo podasen.

Use Your Illusion, un disco en el que Axl decide que la mejor manera de reivindicarse como compositor es meter en el disco la primera canción que compuso en su vida… y meterla dos veces.

Use Your Illusion, que decide que su single va a ser una canciones de nueve minutazos y se hacen el vídeo más maravillosamente hortera hecho jamás, desbancando por mucho a cualquier cosa de Meat Loaf. Ojalá vivir para siempre en la escena de Slash en el desierto, frente a una iglesia, pelazo al viento (el sombrero ya voló), pecho palomo, cigarrillo en la boca, levantando su guitarra.

Vaya sticker genial que nos ha dado para usarlo en WhatsApp y Telegram, el sticker del subidón.

Cuando a los críticos españoles les dio por reivindicar al Calamaro de Honestidad Brutal, se encontraron con que su siguiente disco, ‘El Salmón‘, era tal colección loca de bocetos y maquetas a lo largo de 5 CDs que iba a ser muy difícil justificarlo. Y, sin embargo, se encontró la manera de hacerlo: ¿Dirías que un disco con quince canciones buenas es un mal disco?

A Use Your Illusion le pasa eso: que como disco completo, de dos partes, es una turra. Tamaño Galactus, mínimo. Pero, a cambio, sigue sumando canciones brillantes al repertorio de una banda que, joder, no debería tener tantas (los procesos de la culpa cristiana, ahora sí).

Lo que viene después ya es menos defendible aún, pero cuando se pusieron a hacer versiones también demostraron que eran mejores de lo que decían. Y, cagontodo, ‘Since I Don’t Have You‘ fue un single cojonudo y encima se agenciaron a Gary Oldman para el video. Además, va Axl y decide ponerse a hacer sus gorgoritos marca de la casa en el final de una canción en la que, te pongas como te pongas, no pegaban. Es que no se puede ser más zoquete.

Y, aún así, brillante.

Escribo todo esto en franca minoría en Hipersónica. Uno dice que son una broma. Pero ese uno es incapaz de conectar con absolutamente nada de su discografía porque, efectivamente, es mucho más joven y la tarea que tenemos todos en este mundo es reírnos de lo que una década anterior, matar al padre, y gritar al viento lo de clear eyes, full hearts, can’t lose.

Hay quien dice por aquí que hasta Poison son mejores que GN’R. Poco importa que quien lo diga sea la misma persona capaz de follar a ritmo de Bon Jovi. Poison. (Los putos) Poison.

(En realidad, lo de follar con Bon Jovi sí que importa, cómo no va a importar: muchos de los Hipersónicos se merecen muerte, destrucción y cubrirlo todo con sal para que nada en su camino vuelva a crecer).

Tan en minoría estoy que hasta yo mismo sé que, como cantaban Astrud, de las razones que os doy para explicarlo todo al revés, ninguna es sólida después de que haya puesto en marcha los cigüeñales de neurótico cockrockero. Miedo a la muerte estilo Axl. Depresiones McDuffy. Mal rollo Luis XV. Pero…

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