Hay canciones en las que uno puede perderse

La música puede ser un excelente medio de conexión con la realidad, pero también una insuperable vía de evasión frente a aquello que nos rodea. Y a veces, la vida es así, precisamente lo que más necesitamos es eso último: un muro tras el que perdernos aunque solo sea por unos pocos minutos.

Un grupo muy dado a construir laberintos sonoros por los que se puede vagar sin rumbo fijo es Godspeed You! Black Emperor; de hecho, uno casi podría pensar que ese es el fin último de toda su discografía. En canciones de más de 20 minutos desde luego que podemos encontrar terreno para vagar cuanto nos plazca, aunque el mérito en lo que ellos hacen no se reduce a una simple cuestión de metraje.

Hay una pieza en particular de este conjunto que a mí me invita más que ninguna otra a la evasión: ‘East Hastings’. Así como un incrédulo Cillian Murphy se veía obligado a asumir la imposible realidad de un Londres vacío en el desolador comienzo de 28 días después al ritmo que le marca esta canción (impresionante escena de principio a fin), yo también siento que todo se difumina y se hace un poco inabarcable a mi alrededor cuando la tormenta empieza a desatarse.

Es tan sutil la forma en que todo se desarrolla, en esta y en otras pericias arquitectónicas de Godspeed You! Black Emperor, que por más veces que las escuche siempre me sorprendo engañado primero y vapuleado después cuando todo lo que me rodea es una batalla de instrumentos. Si aún no lo habéis experimentado, probad con este tema o con cualquier otro de su colección, y cuando volváis me contáis qué tal os fue. Buena suerte.

Otros mundos dentro de tus oídos

Pero no llega a saber uno lo que es perderse sin apenas posibilidad de retorno hasta que se aventura dentro de una canción de Amon Düül II. Podrías dejar un rastro de migas de pan tras de ti mientras empieza la reproducción de ‘Soap Shop Rock’, pero el pícaro fauno que se esconde a la sombra de sus notas conseguirá siempre engañarte para llevarte exactamente allí donde él quiere.

El krautrock como concepto es muy dado a intentar buscarnos la perdición. No me preguntéis cuáles son los rasgos formales que definen a este género/movimiento porque dudo que los haya, pero sí que os diré que ningún grupo podrá ser considerado dentro de dicha corriente sonora si no cuenta entre su obra con al menos una pieza dentro de la que perderse como es debido.

También de Pink Floyd podría poner sobre la mesa unas cuantas canciones ideales para olvidarse de todo y seguro que muchos asentiríais con la cabeza, ¿verdad? Discos enteros si nos lo proponemos. Será porque evoca a alguien que se perdió en sí mismo para dejar por siempre fuera al resto del mundo, pero posiblemente la composición de esta banda que me lleva a recorrer los pasajes más oscuros, más profundos, es ‘Shine On You Crazy Diamond’.

Es terminar su primera mitad, esa que abarca las cinco primeras fases de la suite, y en el cuerpo se te queda una incertidumbre que no parece tener respuesta hasta que, cuatro pistas después, retomamos la pieza con sus cuatro partes restantes. El cuarteto británico, por aquel entonces en estado de gracia y con su quinto miembro muy presente en cada acorde, despliega aquí sus artes hasta lo más recóndito de la galaxia y ahí nos deja flotando.

Donde yo termino y empieza la canción

Contrariamente a lo que podría parecer por las canciones que he elegido hasta este momento, no todo es una cuestión de duración. Hay grupos que también son capaces de llenar de rincones temas con una longitud perfectamente válida para la radio. ¿O qué llevan tantos años intentando Radiohead si no es eso?

Tienen canciones tan apropiadas para ello, en forma y en fondo, que quizás os sorprenda que elija para la causa ‘You And Whose Army?’. Si ya de por sí no os produce un nivel de desasosiego que os llegue a embotar los sentidos, permitidme otra referencia cinematográfica aquí: experimentad el comienzo de Incendies, y esas poderosas imágenes os harán desaparecer por completo en ellas cada vez que volváis a escuchar esta canción.

También tenemos en nuestra tierra algún maestro de estas artes, aunque pocos darán fe tan certera de mis palabras como Atila, genios catalanes del rock progresivo a los que nunca, nunca, se reconoce lo suficiente. Durante su corto pero productivo periplo en los años 70 nos dejaron tres trabajos para enmarcar, y según a qué seguidor preguntéis os defenderá enérgicamente un disco u otro.

Pero yo, que lo que busco aquí son las simas más profundas en las que sumergirnos, os voy a invitar a entrar en ‘Reviure’, tema que da nombre al álbum que cierra su producción discográfica. Una auténtica orgía progresiva que puede llegar a convertirse en una perdición total para el oyente que se deje llevar en ella sin las precauciones adecuadas. O en una salvación, todo depende de la forma en que se mire.

Y si antes hablaba del krautrock como etiqueta propicia para buscar mundos en los que perderse, no podría decirse menos del drone metal, donde una sola nota sostenida puede ser la que nos arrastre hasta una pesadilla de feedback y saturación. Quien sea dado al género sabrá bien a lo que me refiero.

Abrid las puertas de cualquier disco de Earth y decidme qué veis al otro lado: guitarras que parecen predecir el fin del mundo a paso de elefante, que son como quedar atrapado dentro de una tormenta de arena con la certeza de que, para cuando el viento deje de soplar, nosotros estaremos bien enterrados y ya nadie nos podrá encontrar. Así es rendirse a ‘Thrones and Dominions’.

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