¿Cuánto sigue influyendo Neutral Milk Hotel y su obra magna, el perfecto In The Aeroplane Over The Sea, sobre el hoy? Pues notablemente menos que poco antes del regreso del grupo a los escenarios, pero seguramente más de lo que pensamos/creemos. Al fin y al cabo, el impacto de discos tan especiales perdura, por mucho que la música se mueva en oleajes de modas y ahora estemos lejos de que un disco como el suyo pueda ser, de nuevo, visto en muchos reflejos y muchos grupos que nacieron de él.

Frente a la posibilidad de quejarnos por ello, proponemos otra: la de disfrutar de discos con los que comparte maneras, modos de ser y sonar, filosofías o raíces. Algunos coétaneos, con presencia del propio Jeff Mangum. Otros, más tardíos, pero con gente que se enamoró del reflejo de canciones como ‘Holland, 1945’. Y, finalmente, alguno anterior, pues igual que In The Aeroplane Over The Sea influyó e influye en otros, sobre él también vinieron discos anteriores para revelarle la verdad misma de su existencia.

Nana Grizol – Ruth (2010)

«El cinismo no es sabiduría», cantan Nana Grizol en la primera canción de su segundo disco, titulado Ruth y lanzado en 2010. «Es el método perezoso de decir que estás quemado». Ya en aquel momento eran relevantes estas palabras, pero ahora, 10 años y cientos de tormentas de mierda en redes sociales después, todavía más.

Nana Grizol recogían la fanfarria tristona de Neutral Milk Hotel para impulsarla hacia lugares aún más soleados (el pop de ‘Galaxies‘ es de hit), powerpop (‘Gave On‘) o de subidón (‘For Things That Haven’t Come Yet‘). Sigue siendo una gozada.

Bright Eyes – Lifted or The Story Is In The Soil… (2002)

Lo decíamos mientras revisábamos la carrera de Bright Eyes disco a disco: Lifted es de todo menos un disco hecho con mesura. Pero, y aunque suene raro, es también lo que surge al mezclar esa psicodelia indie rock a pecho descubierto de In The Aeroplane Over The Sea con el emo. También lo encontramos en Fever and Mirrors, el disco anterior de Bright Eyes, pero Lifted, subido siempre en el carro del exceso, es justo uno de los dos discos en los que podemos imaginar cómo hubiera sido la carrera de Neutral Milk Hotel si en algún momento se hubiesen querido encaminar hacia el rock’n’roll.

Y qué bonito es todo, hasta los errores, en canciones como ‘False Advertising‘.

Titus Andronicus – The Airing of Grievances

El otro gran disco para imaginar eso de “unos Neutral Milk Hotel más rock’n’roll” es el primero de nuestros amados Titus Andronicus. De hecho, la influencia de NMH se va atemperando en Titus con el paso del tiempo, a medida que Patrick Stickles abraza cada vez más el evangelio según San Dylan.

Pero en The Airing of Grievances aún propulsa al grupo un aire de fanfarria descacharrada, de orquesta de peña de fiestas de pueblo beoda y casi al final de una juerga non-stop. Es, desde luego, un enfoque mucho más contundente y menos meditativo que el de Neutral Milk Hotel, pero hasta los solos (como en la inicial ‘Fear and Loathing in Mahwah, NJ’) le suenan a esa misma charanga que hacía mejor todos los discos en los que participaba la “orquesta Elephant 6’.

The Apples in Stereo – The Discovery Of A World Inside The Moone

Primer giro a la izquierda en nuestro trayecto. Con The Apples in Stereo nos alejamos del sonido del disco grande de Neutral Milk Hotel para acercarnos físicamente a las relaciones que tejía el grupo. Si Elephant 6 fue el colectivo en el que Jeff Mangum y compañía se cobijaron fue por culpa de Robert Schneider, verdadero núcleo irradiador de una escena de pirados por la psicodelia 60s con tendencia a lo retro (joder, si hasta el documental que se hizo sobre la escena, grabado en 2019, se editó solo en VHS).

Pero es cierto que The Apples in Stereo suenan muy diferentes a Neutral Milk Hotel. Se tocan en los momentos en los que el grupo de Schneider, que también fue productor de In the Aeroplane Over The Sea, se permite sonar más alucinado (como aquí en la preciosa ‘Look Away’). Pero la mayor parte viven en territorios separados: alguien, no recuerdo quién, definió alguna vez a The Apples In Stereo como el grupo de powerpop perfecto para crear la banda sonora de las series de Hannah Barbera. Y eso, que no tiene nada que ver con NMH, sigue siendo un piro po precioso.

Olivia Tremor Control – Music From The Unrealized Film Script: Dusk At Cubist Castle

Regresamos de nuevo al colectivo Elephant 6 para mirar, aún con asombro, el disco más exagerado de todos aquellos que lo formaron. Era un debut, el de Olivia Tremor Control, pero sonaba a cuarto o quinto disco: a ese momento en que las bandas pop deciden lanzarse por lo experimental, por empezar a meter influencias lejanas y expandir sus canciones.

Dusk at Cubist Castle es un disco a contrapié: 27 canciones que van saltando por texturas y sonoridades muy diferentes, con la psicodelia y el garage siempre en mente, pero el folk, el Kraut o los Beach Boys colándose aquí y allá. Todo envuelto en una producción fantástica, lo-fi y sin embargo detallista, en la que la Elephant 6 Orchestra ( Robert Schneider, el propio Jeff Mangum, Julian Koster, Steve Jacobek y Rick Benjamin) impulsan esta majarada hacia el infinito y más allá.

Un disco que siempre sienta bien escuchar.

The Music Tapes – Mary’s Voice (2012)

La parte más experimental de Neutral Milk Hotel tiene una coda en este infravaloradísimo disco cuyo crowdfunding en 2012 contó incluso con el banjo que Julián Koster utilizó en la grabación de In the Aeroplane Over The Sea.

Como en los otros dos de The Music Tapes, lo que escuchamos en Mary’s Voice tiene una belleza peculiar, fantasmagórica. La voz de Koster, de hecho, aparece en la mezcla tan atrás que realmente es como si no estuviera allí, como si fuera la psicofonía que se suma a la sierra musical con la que Julian lo crea casi todo.

Mary’s Voice tiene el aroma de la pérdida, la tristeza, el adiós. Sus trombones suenan a épocas que se acaban; sus ambientes, a cosas que perdimos. Es un disco frágil y peculiar, una pequeña joya que comparte muchísimo con esa sensación que te deja en el cuerpo In The Aeroplane Over The Sea.

Robert Wyatt – Rock Bottom (1974)

Por mucho que Robert Wyatt la odiase, la etiqueta de la escena de Canterbury nos sirve para recordar a gente que tenían tanto y, a la vez, tan poco en común como el Elephant 6 (aunque lo de éstos si fuese un colectivo consciente). The Soft Machine estaban pirados por la psicodelia, tenían clarísimas influencias jazz pero no podían evitar sonar pop (prog-pop, si queréis) y sus letras eran de todo menos claras.

Pero sí, fueron una influencia fundamental para muchos de los que se enamoraron de los límites de la psicodelia, y también una ascendencia confesa en los grupos por los que circuló, tocó o creó Jeff Mangum.

Pero luego, Wyatt partió en solitario a un mundo donde, conservando todo lo que ya amaba en Soft Machine, había más espacio para un pop artie, jazzístico, atmosférico, un punto surreal, agridulce y misterioso.

Cuando en 2003, el músico era aún más misterio que ahora (cuando le hemos visto en directo, hemos leído libros sobre él y sus discos, hemos empezado a capturar la esencia de un músico esquivo) Laura Carter, también miembro de Elf Power, otro de los grupos de E6, se imaginaba así a Mangum, con el sueño de ser Robert Wyatt: desaparecer diez años de la faz de la tierra y volver con otro disco brillante.

Rock Bottom es, desde luego, brillante como pocos.

Neutral Milk Hotel

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