El calentamiento de los ochenta


Huid sin mirar atrás ante aquel que os afirme de manera convencida que “los ochenta fueron una mierda”. Ni vas a sacar nada productivo de una discusión con él ni va terminar de darse cuenta de toda la dimensión de su error. Lo peor es que, cuando piensa en lo horror que fueron los ochenta, piensa en el mismo sonido: el synthpop. Y sin alguien está tan muerto por dentro para crucificar todo el synthpop ochentero, no tiene salvación posible.

Pero nosotros hoy no nos vamos a centrar en aquellos que fueron dando los primeros pasos, los que crearon la antesala de aquel boom que vivió el género en aquella década, los que caldeaban el ambiente. Aunque la primera referencia que nos venga a la mente cuando pensamos en aquellos primeros grandes nombres del synthpop sean, de manera inevitable, los germanos Kraftwerk (y no sin motivo), es justo mencionar la importancia de un nombre que, en su momento, rompió a la más alta esfera para luego caer y terminar como estrella de culto en el underground, alejándose, eso sí, del pop de sintes para abrazar la oscuridad del rock industrial.

https://www.youtube.com/watch?v=Ldyx3KHOFXw

No obstante, no estamos aquí para alabar nuevamente la trayectoria reciente de Gary Numan, sino recordar sus fulgurantes inicios, aquellos donde se mostró como un sólido pilar de todo un género. Podemos hablar del crucial papel que cumplió un disco como The Pleasure Principle (Beggars Banquet, 1979), su álbum debut en solitario, para llegar a ese nivel de trascendencia. Hablar de él como un álbum que marcó tendencia no es algo descabellado, ya que desapercibido no pasó: número 1 en las listas británicas. Y ojo, sacado del primer puesto a nada menos que a Led Zeppelin.

Y buena parte de ese éxito se la debe a su tema más exitoso, su canción más transversal y el imprescindible jitazo de aquel álbum. ‘Cars’ es un tema con un marcado ADN rock & roll, aunque los cacharricos y los sintes sean los sonidos dominantes aparte de la propia voz de Gary Numan, con mucho magnetismo y garra. Pero, ante todo, es un tema muy pop, que te atrapa al instante, te llama a cantarla y a bailarla como si no hubiera un mañana. Es uno de esos temas que te acaban dando la vida sin que tú te termines dando cuenta del cómo, y eso es algo muy loable.


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