En 1974, Big Star ya estaban demolidos. Al menos los que debutaron con #1, el disco que menos gente escuchó y más cosas cambió en la Historia de la Música. O casi. La bicefalia siempre ha sido complicada y Chris Bell y Alex Chilton dejaron de ser un matrimonio creativo viable. Chilton dio puerta a Bell; se peleó también con Stax, el sello que había decidido infrapromocionar aquella estupenda obra en la que el pop melancólico y las guitarras rockeras se unían (ya para siempre: bienvenido powerpop); y Andy Hummel, el bajista, creyó que tendría más futuro estudiando que en esto del rock.

Le dio tiempo a estar presente en la grabación de Radio City y contemplar a Alex Chilton como dueño y señor de todos y, a la vez, peleado con el mundo. Ante lo lamentable de la distribución del debut de Big Star, lo intentaron con su propio sello (Ardent), sólo para vez cómo Columbia, que había comprado todo Stax, imponía la maza del veto. Radio City apenas pudo comprarse en su momento: no hay nada como una multinacional amenazando a los distribuidores.

En fin, vienes a hablar de una canción suya y la historia de Big Star y su malditismo se te acumula. Hoy ya todo aquello ha quedado solucionado: el final de los 80, los 90 y los 2000s rindieron pleitesía a uno de los grupos más importantes para el pop, uno de los fundamentales. No les hicimos millonarios, pero se hicieron eternos.

Big Star son fundamentales, sí, pero también uno de los grupos cuyas canciones más requiebros te darán. Personalmente, he vivido obsesionado con la manera en la que el estribillo de ‘Way Out West’ se para en seco: cuando Alex Chilton entona por primera vez aquello de “And why don’t you come on back from way out west?” esperas que la estrofa no pare, que la épica vocal ascienda hasta el infinito, que haya versos y versos llegando más y más lejos. Pero Big Star la cortan en seco y vuelven a empezar: “And love me, we can work out the rest”. Fin del estribillo. Te quedas con tanta cara de tonto como veces vuelves a él para entender el misterio de algo tan difícil: romper la expectativa melódica una y otra vez.

‘Way Out West’ es, en lo lírico, el reverso del ‘Don’t Go Back To Rockville’ de R.E.M: si en el de los de Athens, el protagonista le suplica a la chica de sus sueños que no se vaya de la ciudad, que desperdicien un año más juntos, en la canción de Big Star, ella es todo lo contrario de maravillosa aunque igualmente adictiva (“She’s a schemer and she makes me bad But I love her a lot those lonely nights”) e igualmente merecedora de un lamento: “¿por qué no vuelves de donde te fuiste, al Oeste, y me amas? Lo demás ya lo solucionaremos”.

Álex Chilton, nunca dejarás de ponerme los pelos de punta.

(Jitazos inmortales es una serie sin final con las mejores canciones de la Historia según Hipersónica. Tiene su playlist.)

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