La semana pasada se murió Phil Spector y, con él, se fueron dos personas que en realidad eran la misma: el asesino de Lana Clarkson, que fue condenado en 2003 por dicho asesinato y que a lo largo de su vida amenazó y maltrató a muchas más mujeres, así como a algunos de los artistas que ha trabajado. También el arquitecto del «muro de sonido», esa revolucionaria manera de producir que se ha vuelto imprescindible en la música pop que captura un ambiente vivo y te hace sentir como si estuvieses ahí con el grupo.

Aunque nos podría encantar borrar al Spector persona de los libros de historia, su huella está presente en el desarrollo de la música pop tal y como la entendemos (aunque su toque cada vez se está perdiendo más). Y su trabajo con gente como The Beatles, los Ramones (con quién tuvo una de sus movidas más gordas), The Righteous Brothers y muchos más. Y The Ronettes, por supuesto que The Ronettes.

Sería injustísimo (y bastante cuestionable) reducir el impacto de The Ronettes a Phil Spector. Al fin y al cabo, ellas ya eran las Ronettes antes de conocerle. Bueno, antes fueron The Darling Sisters, cuando Veronica Bennett (más conocida luego como Ronnie Spector), su hermana Estelle Bennett y su prima Nedra Talley empezaron a cantar juntas de adolescentes. Primero como entretenimiento para la familia los sábados, en casa de su abuela, luego como grupo más en serio que tuvo su primer momento fulgurante en una noche para aficionados en el Apollo, donde su primo Ira (incorporado por aquel entonces) se quedó petrificado y Ronnie terminó levantando la noche cogiendo las riendas.

Tras varias actuaciones locales, y tras quedarse sólo Ronnie, Estelle y Nedra, llegó la primera oportunidad de mano de Colpix Records. Stu Phillips produjo sus primeras canciones, que no fueron un éxito inmediato. Tras partir sus caminos, Estelle concertó una audición con Spector, propietario de Philles Records, y tras ponerse a cantar ‘Why Do Fools Fall in Love‘ el productor se enamoró por completo de sus voces. Sobre todo la de Ronnie, pero ellas venían en pack. Firmaron un acuerdo, pero sus primeras grabaciones fueron acreditadas a The Crystals para un recopilatorio.

Finalmente llegó su oportunidad. Jeff Barry, Ellie Greenwich y Spector escribieron una canción llamada ‘Be My Baby‘ y el trío de cantantes la iba a interpretar. El productor llevo a la práctica su «Wagneriano» enfoque hacia el rock and roll, grabando una gran variedad de instrumentos que incluían guitarras, saxofones, pianos y muchos más. Con su particular overdub y mezcla de sonido, crea el ambiento perfecto para que sus privilegiadas cantantes borden una de las canciones pop más perfectas jamás hechas.

Y es que lo tiene todo. No hay muchas cosas más irresistibles que un buen «be my baby» bien tirado, con una vulnerabilidad y honestidad que te desarma por completo. Y la interpretación de las Ronettes es sencillamente prodigiosa, combinando un vigoroso chorro de voz, una actitud que defiende con firmeza cada verso y una sutil sinceridad que hace que la canción penetre hasta el corazón. Y claro, el muro de sonido. Pero no un muro impenetrable, sino uno que te envuelve con el sonido, que te hace sentir plenamente en el centro de la acción, como si Ronnie te lo estuviera cantando delante tuyo. Como si te lo estuviera cantando mientras estáis encerrados en una bola de nieve de cristal.

Es algo sencillamente mágico.

(Jitazos inmortales es una serie sin final con las mejores canciones de la Historia según Hipersónica. Tiene su playlist.)

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