El sonido del metal de Nueva Orleans ha terminado difuminado en múltiples direcciones, pero no cabe olvidar que esa forma de entender el género desde la pesadez, el dinamismo enlentecido y bruto, como enfangado, ha sido fundamental para solidificar aquello que entendemos como sludge metal. Y de esa generación, los únicos que parecen aguantar con esas mismas coordenadas son Eyehategod.

Y esta semana vuelven con nuevo disco, A History of Nomadic Behavior, que os puedo decir que está guay. Y que sí, suena a Eyehategod, porque todos sus discos suenan a Eyehategod. Suena a perogrullo, pero una vez escuchas un disco suyo entiendes todo lo que generaron y al mismo tiempo lo que les distingue dentro del género. Por decirlo llanamente, el grupo sería el pulgar de la expresión «no todos los dedos son pulgares, pero todos los pulgares son dedos».

Y aunque es una jugada controvertida, ya que se trata para muchos de su disco más caótico y demencial -pero no el más disfuncional, cabe aclararlo-, probablemente no hay disco que se acerque más a esa esencia que Dopesick. Esa forma de entender el sonido como si estuvieras dando brazadas en un pozo de brea, esa manera de evocar a unos Black Sabbath nacidos en el pantano (dicho por ellos mismos), ese distintivo toque del que no está siguiendo un estilo, sino que lo está formando a partir de todas las cosas que les molan, la mayoría enmarcadas en la corriente más densa del metal y también del punk.

Pero si de verdad queréis entender todo lo que hace falta entender de Eyehategod y su influencia, no tenéis más que coger esa ‘Dixie Whiskey‘ de dicho álbum. Juega una interesante contradicción de estar lanzando un pepinazo directo y, al mismo tiempo, estar moviéndose en el caos. Las guitarras y riffacos inmensos de Jimmy Bower, el desgañitamiento de Mike IX Williams, el conjunto desenvolviéndose con un flow bastante ominoso. Un pepino de categoría.

(Jitazos inmortales es una serie sin final con las mejores canciones de la Historia según Hipersónica. Tiene su playlist.)

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