Soy consciente del jardín en el que me he metido yo solo abriendo este melón y ponerme a comentar trap y reggaetón por aquí. «¿A santo de qué esta mierda?». «¿Vas ahora de Víctor Lenore o qué?». «¿Ahora me vas a decir que me tome en serio a J. Balvin?» Primero de todo, probablemente Lenore ya reniegue de esto en concreto porque no puede estar más de dos segundos sin ponerse a la contra sólo por el gusto de estarlo. Segundo, no vengo a convencer a nadie de nada.

Iniciando esta sección pensé que era una oportunidad para depositar en algún lugar pensamientos que ya tenía de piezas concretas y que era complicado dar salida de otra forma. Pensamientos, pero sobre todo ganas de celebrar algo que, por un motivo o por otro, me genera una reacción emocional más intensa de lo habitual.

Porque soy el primero en reconocer en no tener conocimientos o elocuencia suficientes para hacer una crítica de un álbum de gente como Balvin (y no creáis que no llegue a escribir un borrador sobre el Oasis que hizo con Bad Bunny, pero no esperéis verlo nunca). O explorar su biografía de la forma de la que lo hace su reciente documental en Amazon Prime Video. Pero no quería dejar la oportunidad de expresar que, incluso la mayor parte del tiempo no compro lo que hace, algo hay que considero loable.

Ya me doy cuenta de que estoy dedicando más explicación a cómo funciona mi propio chiringuito que a la canción en cuestión, pero hasta cierto punto ‘Machika‘ se explica sola. Se explica sola en la medida que lo puede hacer un tema pop (emocionalmente, no de género) innegable. Parece uno de esos temas con todo alineado a su favor para triunfar. Un trabajo en la base fino y debidamente estudiado, un flow desbordante de cada uno de los involucrados, el ritmo bien calibrado y siempre en el punto, nada machacón o repelente por ser demasiado mascado. Pero, sobre todo, una conseguida vibra de diversión e invitación a desinhibirse que es justo de lo que nos gusta celebrar aquí.

Por supuesto, quizá lo que haga de este un tema lo suficientemente transversal es su aire más eminentemente hiphop. Los códigos del género, desde el trabajo de mezclas y ritmos del productor/DJ a la sucesión de gente recogiendo el micro para meter morcilla, han sido asimilados por la música urbana y el Pop hasta desnaturalizarlos y volverlos otra parte del checklist de la radiofórmula. Pero no aquí, al menos no del todo, ya que muestra mucha naturalidad, desparpajo y sensación de magia generada de forma espontánea. No tan alejado de un tema de género puro más accesible de, por ejemplo, los noventa.

Así que quitaos complejos, ‘Machika’ es un jitazo.

(Jitazos inmortales es una serie sin final con las mejores canciones de la Historia según Hipersónica. Tiene su playlist.)

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