Jitazos inmortales (XXXIII): ‘A House Is Not a Motel’, de Love

Vello de punta y garra


Poco justo se fue en su momento con una banda tan fuera de lo común como eran Love, especialmente injusto cuando acababan de publicar su particular obra maestra que ha acabado siendo reconocida como una de las mejores obras musicales jamas publicada. Afortunadamente, el paso del tiempo ha permitido que hayamos puesto tanto a la banda como al disco en el lugar en el que se merecen.

Uno no debería vagar y existir en esta vida sin llegar a escuchar, al menos una vez en su vida, esa maravilla titulada Forever Changes (Elektra, 1967). Esa extraordinaria joya de folk rock y psicodelia no alcanzaría su justo reconocimiento hasta después de que la banda en sí volara por los aires para ser el chiringo particular de Arthur Lee. A día de hoy, sigue manteniendo esa exquisitez y esa frescura de entonces.

Personalmente, veo imposible no quedarse prendado por cada una de las esquinas que componen tan magno CD y, particularmente, por los irresistibles encantos de una pieza como ‘A House Is Not a Motel’. Lo fácil hubiera sido quedarme con la canción que la precede y abre el disco en cuestión, la eterna ‘Alone Again Or’, pero la que hoy nos ocupa tiene argumentos para, al menos, no quedar demasiado alejada en cuanto a nivel e inmortalidad.

La magia liberada por las guitarras es el hechizo necesario para quedemos atrapados de lleno por lo que Arthur Lee tenga que contarnos. Poco a poco se va atisbando la tensión creciente que Lee desata con sus gritos, dando forma a una composición que eriza el vello y que, al poco, destapa su garra y energía escondidas. Para qué decir más, jitazo y punto.


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