Su muerte la pasada semana causó conmoción en el mundo del cine. Una conmoción diferente a la que causaba con su obra, parte de ella especialmente denostada y criticada. Quizá en ocasiones el desdén estuviera justificado, pero muchas críticas también perdían el punto de lo que llegaba a hacer Joel Schumacher. Fue un artesano más eficaz de lo que se recuerda. Sirva este repaso a su obra para intentar poner en valor algunas de las facetas que le hacían, al menos, memorable.

Al fin y al cabo, hablamos del hombre que acuñó la frase “Oh honey, no one ever paid to see under the top”.

St. Elmo, punto de encuentro (1985)

St. Elmo, punto de encuentro (1985), Joel Schumacher

Una dramedia adolescente que puso en el mapa la capacidad camaleónica de Joel Schumacher a la hora de moverse entre géneros. Trataba de replicar el encanto de un John Hughes que el mismo año sacó El Club de los Cinco. Y, de hecho, con ella comparte parte del reparto. Quizá habría salido más apañada en manos de Hughes, pero sigue representando una de las partes importantes del cine de Schumacher. Sí, en muchas ocasiones para mal.

La canción sí que está guay, al menos (abro paraguas).

Más en esta línea: Un toque de infidelidad (1989) y Nadie es perfecto (1999).

Jóvenes Ocultos (1987): el Joel Schumacher desatado

Jóvenes ocultos, Joel Schumacher

Otra de las facetas más destacables de la carrera del cineasta es su periplo por el cine de género fantástico, destacando esta irreverente muestra de terror vampírico juvenil y sin tapujos al abrazar el horterismo. En pocas películas funciona mejor su particular sentido de la estética, y su carácter único la hace, quizá, su obra más imprescindible.

Más en esta línea: Línea mortal (1990) y La masacre de Town Creek (2009).

Un día de furia (1993)

un día de furia, Joel Schumacher

Una de sus películas más loadas es también la mejor muestra de uno de los géneros donde más se ha prodigado Joel Schumacher: el thriller de alta tensión, que hierve desde los primeros minutos y manejado con un pulso envidiable. Quizá no todo ha envejecido estupendamente en Un día de furia (a veces no parece tener claro si darle la razón o no a la psicosis intolerante de su protagonista), pero es un cañón que funciona gracias a un fabuloso Michael Douglas.

Más en esta línea: Última llamada (2003).

Batman Forever (1995)

batman forever, Joel Schumacher

“Remember, everyone, this is a cartoon” enunciaba Schumacher antes de cada toma en sus películas de Batman. La decepción y hasta reacción negativa a Batman Vuelve provocó que Warner prescindiera de Tim Burton para la continuación de la saga del Caballero Oscuro, trayendo a Joel para dar un tono más desenfadado y camp.

Aunque Schumacher reconoció que le hubiera gustado una exploración más oscura, incluso adaptando algunos de los cómics de Frank Miller, su pasado en el mundo de la moda ayudó a darle un toque estilizado ante lo que sigue siendo una película divertida y estimable. Sus detractores son notorios, y siempre han sido muy ruidosos, pero probablemente sus quejas son más achacables a su continuación más que a ésta, que tiene virtudes reivindicables. En todo caso, hasta a Warner y DC les costó sobreponerse.

Más en esta línea: Batman y Robin (1997) y El fantasma de la ópera (2004), pero tampoco os perdéis mucho con estas. Es más interesante ver lo que pudo ser Batman Triumphant.

Tiempo de Matar (1996)

Tiempo de matar, Joel Schumacher

Aparte de Batman, Schumacher llegó a hacerse un nombre con sus adaptaciones de las novelas de crímenes legales de John Grisham. La más destacable probablemente sea esta que, aunque algo desmesurada en duración y hasta tono (los antagonistas muchas veces resultan muy caricaturescos), toca los conflictos raciales en Estados Unidos con cierta ingenuidad propia del sistema de estudios de Hollywood, pero también cierta empatía. La película también nos destapó a un fabuloso Matthew McConaughey, que lleva con carisma un thriller judicial efectivo.

Más en esta línea: El Cliente (1994).

Asesinato en 8mm. (1999): Joel Schumacher mirándose en De Palma

asesinato en 8 mm

En este thriller criminal, Schumacher mira a muchos referentes adecuados: Hardcore, un mundo oculto de Paul Schrader. Impacto de Brian De Palma. Hunter de Michael Mann. Quizá no termine de ser tan efectiva y estimulante como esas otras, pero es otra muestra de la maleabilidad del estilo de Joel Schumacher, que convirtió el thriller criminal en otra de sus áreas de especialización.

Más en esta línea: 9 Días (2002) y El número 23 (2007), pero vamos, pasando, especialmente de la última.

Tigerland (2000)

Tigerland

Como buen artesano, Joel Schumacher rara vez decía que no a ir saltando de géneros ante las demandas de los productores. Su giro al cine bélico, centrándose en la experiencia de Vietnam, tiene ciertos aspectos típicos, pero estilísticamente ya avanza tendencias que se consolidaron durante la primera década del siglo, como ese estilo más naturalista y de prominente cámara en mano.

El trauma de los personajes funciona, cumpliendo el mínimo requerido para un film de Guerra de Vietnam, y tenemos el primer rol significativo de un prometedor Colin Farrell, cuya carrera posterior es también digna de estudio.

Más en esta línea: Veronica Guerin (2003).

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