Tu tocho bíblico de referencia anual


Un año más, venimos a hacer el repaso de todos los años sobre el curso que nos ha dejado recientemente, en este caso, 2016. Doce meses que nos han dejado trabajos maravillosos, regresos inesperados, regresos muy muy tibios o decepcionantes y como siempre, muchos descubrimientos que nos hacen ver el abanico inabarcable en el que cada día se convierte la electrónica. Nuevos estilos, nuevos sellos, nuevas plataformas… las publicaciones son tantas que hacen falta varias vidas para poder cubrirlo todo. Así que vamos con eso que ha pasado este año y que no puedes olvidar. Por supuesto, habrá también repaso a la electrónica patria, que este año ha estado espectacular, pero eso será en otro post.

Los discos de quienes siempre están y quienes olvidamos que estaban

Si hubiera que destacar un LP de esas vueltas de productores de los que nadie se acuerda, habría que ir a la lista de los mejores álbumes de electrónica de 2016 para entender ese merecidísimo número dos a Oval. El alemán Markus Popp, tras llevar años por un sendero que no acababa de devolverle a sus tiempos más prolíficos, ha logrado sacar esa maravilla de breaks y melodías vitalistas. También hay que destacar el retorno de proyectos como el de Death In Vegas, que a pesar de estar alejado de aquellos tiempos de guitarras y potencia, Fearless sigue manteniendo vivo el nombre con un buen reciclaje sonoro.

Y sin duda, uno de esos álbumes que se esperaban como agua de mayo, era Wildflower (Modular Recordings, Astralwerks, 2016) de The Avalanches, un buen trabajo pero bastante alejado de lo que se esperaba. Sus primeros movimientos que nos daban a entender su vuelta parecían la segunda venida de Jesucristo. Y claro, no. Otros que siguen en activo, manteniendo la dignidad son Underworld, que para lo que podría ser, bien. Sacando uno de los temas del año, además. Y quien siempre está, es decir, SIEMPRE, es Dominick Fernow, ya sea en forma de Vatican Shadow o de Prurient.

El ambient, el drone y progresiones varias

Cada año nos suelen llegar auténticos discazos del género, y claro, es obvio que este año hay que empezar por el Love Streams (4AD, 2016) de Tim Hecker. El nivel de riqueza de su ambient, sus devaneos sonoros y sus ganas de experimentar con música de centenares de años sólo son otra excusa más para inmiscuirse en su fabuloso sonido. Como fantástico también el reverso oscuro de Roly Porter con Third Law (Tri Angle, 2016). Y sin duda, otra de las maravillas ambientales de este curso ha sido la de Huerco S. y esa transformación emocional a la que ha sometido a su música. Está repleto de detalles y texturas melancólicas. Y no melancólicas pero sí intensas, muy intensas, son las capas del discazo de Paul Jebanasam, una simbiosis entre drone y otros estilos de las que te dejan con el culo torcido.

Más clasicista, como siempre, e igual de regular, el nuevo disco de Steve Hauschildt, un peldaño inferior que Where All Is Fled (Kranky, 2015). Y para sonido clásico también por esos toques kraut lo de Cavern of Anti-Matter. También completo y sorprendente, uno de los dos elepés de este año de Library Tapes: Europe, She Loves (1631, 2016) es un gran trabajo de ambient, neoclásica y atmósferas envolventes de las que te quitan el hipo. Por otra parte, en cuanto a electrónica progresiva, obviamente hay que destacar lo de Kaitlyn Aurelia Smith y su Buchla. Además, ha publicado Sunergy (Rvng, 2016) con una pionera como es Suzanne Ciani. De quien esperábamos más, y a pesar de todo es un buen álbum, era de James Holden y Luke Abbott con Outdoor Museum of Fractals / 555Hz (Border Community, 2016). Buenas frecuencias y retorcimientos, pero insuficientes para ser destacados entre lo mejor del año. Lo mismo que los respectivos trabajos de The Field, Sei A o Klara Lewis, aunque rayan a un buen nivel.

De quienes se esperaba más y han acabado hecho un disco más normalito es del veterano Biosphere y de Nils Quak, quien trajo junto a Dino Spiluttini uno de los discos de 2014. Y como medianía o más bien, zona de confort y falta de creatividad, este año hemos vuelto a tener nueva referencia de Brian Eno, The Ship (Warp, 2016), bastante plano y sin alicientes especiales que son precisamente los que están haciendo avanzar el género y de los que tiran los imprescindibles de hoy. Y no tan imprescindibles, pero buenos en lo suyo, Eluvium con sus progresiones, o Konx-Om-Pax con sus melodías analógicas.

IDM, experimentación y otras cosas de cacharros analógicos

Ha sido un año francamente bueno para la IDM, tanto a nivel de clasicazos como de nuevos valores que han debutado este año. Así que tirando de los veteranos, como viene siendo tónica en los últimos tiempos, estamos teniendo cantidad de material que aún no había sido publicado. Es el caso de µ-Ziq con Aberystwyth Marine y su inconfundible sonido o el e Jega con 1995. Aunque desde luego, por nombre y calidad de la referencia, el premio al veterano del año es para Aphex Twin por Cheetah EP (Warp, 2016), el mejor epé publicado de forma oficialmente hasta ahora.

Más atrás se han quedado otros miembros de la plana mayor del a IDM. Por una parte tenemos a Autechre, que con elseq 1–5 (Warp, 2016) y su extenso minutaje, han recuperado en parte el buen hacer de discos sublimes como Oversteps, aunque la propia duración ha jugado en su contra por bajar la calidad media. En su habitual línea de estabilidad hemos tenido a Plaid, que con The Digging Remedy (Warp, 2016) vuelven a mostrar que sus mejores tiempos están lejos, pero siguen manteniendo la tensión aceptablemente.

En el apartado de otros conocidos no tan experimentados tenemos el sorprendente regreso de Ital Tek por cómo ha moldeado su propuesta de una forma tan buena, y principalmente, la vuelta, una década después, de Datach’i. Un trabajo purista, sí, pero buenísimo, repleto de breaks, deconstrucciones y melodías magnéticas. Otro contemporáneo suyo, Clark, ha demostrado que como la moda, él también puede pasarse a la música de televisión, y la BSO de The Last Panthers lo corrobora. Y mención de honor con otro trofeo a la regularidad para Rival Consoles y sus intensos y emotivos desarrollos sonoros. Para finalizar, con la savia fresca del estilo nos quedamos con el gran trabajo de Norwell y con el prometedor y ecléctico debut del iraní Ash Koosha.

Taladros techno, industrial y derivados clubberos

La parroquia techno siempre tiene un lugar en nuestros corazones, y este año más que a trabajos de bombazo y palante, ha sido más interesante en sus derivados, aquellos que tiran también por el tech house. De este último tenemos por ejemplo lo último de Roman Flügel, que tampoco es que sea de ese estilo sólo, puesto que su nuevo trabajo es bastante diverso. Menos amplio pero más efectivo y contundente es lo de Shifted, que te mete por pasadizos claustrofóbicos y oscuros, como han hecho este año SHXCXCHCXSH. Para quienes prefieren cosas más taladrísticas, ahí está lo nuevo de Not Waving para rescatar el pasado EBM en forma de fiereza. Para un poco de gamberrismo y libertinaje, lo de Powell, y para cosas incómodas siempre están los trabajos de Kerridge o el nuevo de Demdike Stare, más diverso que sus habituales testpressings.

En cuanto a tech house más suave, para consumir tranquilamente, tenemos el disco de Christian Löffler o lo de Acid Arab para probar sabores étnicos. Eso sí, si preferimos tirar de clásicos y veteranos, está la vertiente clubbera del holandés Orlando Voorn con In My World (Rush Hour, 2016) o los sonidos urbanos y visionarios de Juan Atkins con Moritz Von Oswald en Transport (Tresor, 2016). El groove hecho disco. Como el nuevo de Floorplan, el otro AKA de Robert Hood, o lo nuevo de Prince of Denmark, muy largo, pero merece la pena. Eso sí, si se trata de tirar de cosas contundentes, siempre está ahí Surgeon o el bueno de Perc, bien con Adam X, bien con Truss.

La necesaria dosis de house

Este año quizá nos ha faltado algún disco de house más destacado, aunque sin duda si uno destaca de entre el resto es el de Leon Vynehall, que sigue facturando temas elegantísimos sin perder fuelle en la pista. De otros nombres más veteranos que oscilan siempre entre el derivado house y el bailoteo en los beats y que te pueden salvar la tarde están el de Junior Boys y la vitalidad de trabajos chillwave como el de Who Really Cares de TV Girl, que necesita más regularidad pero tiene cosas muy salvables. Aunque desde luego si hay que destacar otros discos, uno de ellos es el de Tiger & Woods, On the Green Again, donde exhiben señorío, vocoders y un poco de disco para el cuerpo. El otro el de The Comet Is Coming, que con uno de los temas del año se han ganaron la nominación a los premios Mercury.

De hypes, decepciones, tibiezas y regresos salvadores de muebles

Es inevitable el hype de cada año, el trabajo que nos venden desde un determinado sello o medio y que seguramente no sea para tanto. Es lo que ha pasado este año con Jessy Lanza, como ya hemos comentado, con ese toque de footwork que no supone ningún cambio drástico, sigue quedándose a un poco de un disco verdaderamente notable. También desde Hyperdub nos llegaba lo de Fatima Al Qadiri, un álbum reivindicativo que en lo musical no daba para mucho más por su sencillo acabado. Y quizá también hype por lo que ha acabado siendo el regreso de James Blake, un álbum excesivamente largo que se convierte en algo MUY plomizo, eso sí, con un par de temas soberbios. El punto aparte aquí va para Andy Stott, que siempre se suele sacar alguno de los mejores discos del año, aunque con Too Many Voices (Modern Love, 2016) se ha quedado a las puertas, con menos profundidad sonora.

Tras un año tan bueno siempre hay alguien que pega el tropezón inesperado, o vuelve con un disco tibio. Quizá entre los primeros podemos nombrar a Factory Floor y entre los segundos a Audion, simplemente cumplidor tras su regreso. Decepción también la del lánguido disco de Torn Hawk, una cosa que podía pasar viendo su trayectoria. En lo que respecta a regresos mejor de lo esperado, tenemos sobre todo lo de Justice y viendo cómo podía ser, aunque cómodo, la tibieza de los nuevos Crystal Castles ha sido salvable. Peor ha sido el debut en largo de Clams Casino, alejado de sus mixtapes, mucho más interesantes, y en cuanto a Moderat, el disco de siempre: un hit radiable y un disco olvidadizo. No logran levantar cabeza tras su magnífico debut.

Un puñado de epés recomendables y un poco de miscelánea

En el cajón de-sastre de este año tenemos cosas muy interesantes como el nuevo álbum eclectérrimo de Elysia Crampton, donde encontrar cumbia y electrónica, o el outsder house reñido con la baja fidelidad de Hieroglyphic Being y el buen hacer de Kassem Mosse. En cuanto a esos conjuntos que están entre la electrónica y lo independiente, bastante recomendable el disco de Holy Fuck: Congrats (Innovative Leisure, 2016). Y destacamos también lo de Colin Stetson y la sinfonía de Gorecki. Gran tema de veinte minutos, el resto ya no tanto. Pero bastante bueno.

De epés, tenemos este año una cosecha buenísima, que van desde el Persona (Warp, 2016) de Lorenzo Senni con su característico sonido hasta el notable Unfinished (Technicolour, 2016) de Florian Kupfer. En medio, el portentoso EP de Fhloston Paradigm, la diversidad y perlas del que está hecho a tres bandas entre Mark Pritchard, Bibio y Clark, el electrificante Sudden Haircut (Dark Entries, 2016) de los veteranísimos Frak o las buenas vibraciones ochenteras de Palmbonen II y Betonkust en Center Parcs. Y para muchas más cosas, aquí mi lista personal con toda la mandanga que he ido escuchando este año. Y la que queda pendiente por introducir.