Sería irresponsable por mi parte no afrontar el elefante en la habitación a la hora de hacer un artículo sobre Roman Polanski: sí, hablamos de un gran cineasta cuya huella y legado son imborrables, pero también es una persona deleznable que debería estar en prisión pagando por sus abusos sexuales sistemáticos a mujeres, entre ellas menores como por la que fue declarado culpable en 1977. La desgracia del talento es que a veces (bastantes) también le toca a las peores personas.

Ahora que el nombre está más en boca del personal ante la controversia de sus numerosas nominaciones a los Premios César, cabe la pena preguntarse por qué este tipo se ha vuelto tan esencial en la historia del cine. Y, para ello, tenemos que mirar a su obra, con todo lo mejor… Y lo peor.

Repulsión (1965)

Tras el éxito de El Cuchillo en el Agua, el director franco-polaco dio el salto a la producción internacional en Inglaterra, aunque acompañado de rostros de su Francia natal. La película sigue siendo un maravilloso ejercicio de horror psicológico, que cuenta con una de las mejores exploraciones a un personaje femenino complejo magníficamente llevado por Catherine Deneuve.

La Semilla del Diablo (1968)

Si para muchos resulta tan complicado desprenderse de Polanski es, precisamente, por cosas como esta. Una obra esencial en el cine de terror que explora a la perfección la paranoia y la presión a la que es sometida una joven y futura madre que sospecha de todo su entorno y sus intenciones con su futuro hijo. Es, también, el papel más emblemático que ha interpretado nunca Mia Farrow. Resulta paradójico cómo el director logró en su momento un reflejo tan acertado y fiel de la perspectiva femenina, pero el cine a veces se nutre de estas contradicciones.

Macbeth (1971)

Tras la trágica muerte de su esposa Sharon Tate por la Familia Manson, que sumió al director en una profunda depresión, Polanski encontró el drama shakesperiano una vía para explotar sus oscuros sentimientos. Su carácter naturalista y hasta primitivo otorgan una interesante visceralidad a esta adaptación, haciéndola más interesante de lo que se puede esperar de la enésima adaptación épica de la obra del dramaturgo inglés. También resulta interesante por su manera de conectar los eventos de la historia con el contexto cultural y político de entonces.

Chinatown (1974)

Ha conseguido cristalizarse cómo uno de los noir más importantes de siempre, que uno hasta se olvida de en cuantos aspectos rompe con la concepción tradicional del cine noir. Especialmente cuando ves lo mucho que comprende cómo de insoportable puede ser el personaje protagonista en esta clase de cine. Su impecable guion sigue siendo objeto de adoración para profesionales en este arte. Además, cuenta con uno de los finales más impactantes, y es uno por el que Polanski tuvo que luchar para que terminase así y no en una nota más optimista y tradicional.

El Quimérico Inquilino (1976)

Polanski se pone al frente de las cámaras en otro thriller paranoide impecable, con magnífico retrato del descenso a la locura y deliciosos giros en la trama. Quizá la más difícil de tragar si tu relación con Polanski es complicada, pero altamente enriquecedora para los que disfrutan de sus puntos altos como narrador y como maestro del ritmo.

Frenético (1988)

Junto con la anterior, uno de sus esfuerzos más hitchcockianos. Quizá por su apariencia de thriller adulto de sota, caballo y rey se la haya considerador algo menor, pero una vez te la pones es un carrusel de cine adulto entretenido y divertido. También una buena piedra fundacional para el subgénero “Harrison Ford interpreta a un cirujano que acaba atrapado en una conspiración”.

El Pianista (2002)

El drama histórico que consumó numerosos triunfos para Polanski, incluyendo el premio a Mejor Director en la edición de aquel año de los Premios Oscar. Su carácter académico puede repeler a mucha gente, incluso es lo que la hace un poco más caduca, pero aunque se intuya la plantilla su emoción resulta genuina y efectiva. Además, una película en la que Adrien Brody está Bien (es decir, bien de verdad) es rarísisma de encontrar. Casi hasta dan ganas de pedir un deseo viéndola.

El Escritor (2010)

Cuando parecía que habíamos tirado ya un poco la toalla con él, Polanski vuelve a marcarse otro thriller conspiranoico preciso, intrigante, con nervio e inteligente. Todo está en su lugar idóneo y todo funciona como un reloj. Por eso debemos de agradecer que Ewan McGregor reemplazase a Nicolas Cage en el papel protagonista (y, en menor medida, que Olivia Williams reemplazase a Tilda Swinton). No digo que tuviera que estar mal con The Cage, pero hubiera sido otra película.

Las peores

  • ¿Qué? (1973): Pues eso digo yo. ¿Qué?
  • Piratas (1986): Una comedieta de piratas con la gracia justa y la vergüenza escasa. Para mal, claro.
  • Un Dios Salvaje (2011): Si hay algo peor que ver una película que se sienta como teatro filmado (si, soy consciente que esto sale de una obra de teatro) es teatro filmado que se sienta tan histérico e insoportable como este.
  • Basada en Hechos Reales (2017): Cuando ya no te queda el mojo y tratas de arrancar como sea un (casi) sexy-thriller que debería sentirse emocionante, especialmente porque el género ya apenas se predica, pero huele a naftalina.