Las cinco mejores canciones para celebrar que Tool parecen haber acabado su nuevo disco

Quizás sea un poco pronto para lanzar las campanas al vuelo teniendo en cuenta que estamos hablando de Tool, pero comprenderéis que esta confirmación haya logrado que tengamos el corazón en un puño. Sí, ya en el pasado ha habido anuncios de todo tipo, reediciones, entradas al estudio que luego no eran tal, desmentidos… pero parece que ésta puede ser la definitiva, que vamos a tener álbum de Tool en la calle antes de que acabe este año (y ya conocemos que su nombre es Fear Inoculum).

Como no puede ser de otra manera, en Hipersónica vamos a estar atentos a las novedades del, probablemente, disco más esperado de los últimos años, manteniéndoos al corriente de toda novedad surgida alrededor de la continuación del inquietante 10.000 Days, tan lejano ya que parece de otra época.

Como regalo, y porque sabemos os encanta este tipo de listas, os dejamos con las que son, para el que escribe, las cinco mejores canciones de la banda californiana. Para ir abriendo boca.

Part of Me — Opiate (1992)

En sus inicios, Tool se debatían entre continuar la senda ‘seattleiana’ por la que muchas bandas parecían perderse siguiendo los pasos de Pearl Jam, Nirvana o Alice in Chains, o por diferenciarse de todas ellas por la inclusión de elementos procedentes del Rock Progresivo o los experimentos New Wave de King Crimson.

El EP Opiate significaría un debut no excesivamente brillante pero que ya marcaba algunas directrices, Tool eran una banda con una potentísima base rítmica, un vocalista brillante pero alejado del virtuosismo, y un trabajo conceptual que los alejaba del nihilismo evidente imperante esos años. ‘Part of Me’ es una prueba de todo esto.

Sober — Undertow (1993)

Tool darían un salto de gigante con el lanzamiento de su primer álbum Undertow. Sentadas ya las bases que definirían su propuesta, profundizando en todo lo insinuado en Opiate, pero despojándose poco a poco del aroma grunge, los californianos presentarían un álbum cuyo sonido muchos han imitado pero muy pocos han logrado conseguir.

Aún quedaba solidificar aún más su propuesta y consolidar una línea lírica que confirmaría a la banda de Maynard Keenan en una de las más interesantes de la escena, pero lo que Tool consiguieron, tomando un álbum icónico como Discipline de King Crimson como punto de partida, fue confirmarse como la banda más interesante e inquieta de los años 90.

Ænema — Ænima (1996)

Tres años después de Undertow llegaría Ænima, el disco definitivo de Tool por miles de razones y, probablemente, el mejor disco de la década de los noventa. Manteniendo la misma dirección emprendida tres años antes, los angelinos crearían una obra atemporal que traspasaría todas las fronteras genéricas posibles, haciendo de sus desarrollos progresivos y un bajo omnipresente una marca registrada y patentada de la que han salido miles de clones.

Mención especial merecería el aspecto lírico de un álbum en el que nada es evidente y que marcaría una senda futura que tendría su punto culmimante, en lo letrístico, recién empezado el siglo XXI.

Parabol/Parabola — Lateralus (2001)

A pesar del disco en directo Salival (2000) mediante (y sin olvidarnos del maravilloso Mer de Noms de A Perfect Circle), la espera hasta el tercer álbum de estudio de Tool ya comenzó a hacerse eterna. Y fue precisamente por culpa de este largo lapso, en tiempos en los que no teníamos esta sobreoferta de información, lo que amplificó el impacto dado por el lanzamiento de Lateralus (2001), un disco que mantenía las constantes marcadas por su antecesor pero al que la modernización de medios y la adaptación del sonido a las constantes propias de esos años sentó, literalmente, de maravilla.

Con un diseño artístico impactante, Lateralus convenció a la prensa de todo el mundo, la cual no puso ninguna pega a jugadas arriesgadas como la agresiva ‘Ticks & Leeches’ y que disfrutó con himnos como ‘Parabola’ o el enigmático vídeo de ‘Schism’.

Vicarius — 10.000 Days (2006)

Por segunda vez tuvimos que esperar cinco años para disfrutar de un nuevo álbum de Tool, una espera que, a decir verdad, no ofreció la recompensa que muchos esperábamos. Estando ya distraído Maynard Keenan con la brillante trayectoria de A Perfect Circle, la inminente de Puscifer, y colaboraciones como vocalista con bandas de todo tipo, 10.000 Days apareció como el primer álbum de Tool que era netamente inferior al anterior.

Evidentemente no estamos ante un mal álbum, pero el ejercicio de 2006 dejó patente cierto agotamiento en la fórmula de los californianos, quien sabe si por ausencia de las brillantes ideas que abundaron en el pasado, o por andar los miembros de la banda excesivamente distraídos esos años. En cualquier caso fue un álbum digno con momentos muy disfrutables y que llevaban por bandera el personal sonido Tool.

Viendo el resultado mostrado por 10,000 Days, es probable que este parón haya sentado bien en lo compositivo a los californianos, un parón demasiado largo en cualquier caso.

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