Hay algunos actores que transmiten la sensación de seguridad de que, sea como sea la película, vas a terminar entretenido. Son tan magnéticos y tan fascinantes de ver en pantalla que terminas pasando muchos problemas que, en otro caso, serían muy aparentes. Entre ese selecto grupo que, a base de talento y carisma, convierten bodrios en películas de, al menos, 6,5 sobre 10 está Denzel Washington, un hombre cuya mera presencia ya transmite la tranquilidad necesaria para embarcarse un par de horas con él.

Antes de entrar en el meollo, unas cuantas obras dignas de mención:

  • Tiempos de gloria (1989): Su gran salto al estrellato vino en este drama guerracivilista, donde su interpretación de un soldado negro luchando por su libertad en la Guerra de Secesión realza lo que podría haber sido un film bélico superficial y hasta problemático.
  • Cuanto más, mejor (Mo’ Better Blues) (1990): Podríamos quedarnos con casi todas sus apariciones en la filmografía de Spike Lee, pero aquí tiene un caramelito de personaje y lo aprovecha con maestría.
  • Philadelphia (1993): El show se lo lleva Tom Hanks, pero Denzel logra la más complicada labor de salvar y hacer fascinante un personaje no falto de problemática. Y vende como nadie frases como «explícamelo como si fuera un niño de 4 años».
  • El mensajero del miedo (2004): Este remake de Jonathan Demme del clásico del cine conspiranoico de los 60s no sería tan efectivo sin lo bien que transmite Denzel la paranoia y el estado de indefensión.

Malcom X (1992)

Como hemos dicho antes, casi todas sus apariciones en películas de Spike Lee son remarcables, pero la que más destaca sin ninguna duda puede ser también su mejor aparición en pantalla. Representando todo el viaje del reverendo Malcom, Washington hace bastante más que replicar gestos o servir de vehículo para una Wikipedia filmada. Su energía es capaz de dar vida a la persona y al personaje, todos sus conflictos, todo lo que le hacía especial y mucho más. Es una de esas interpretaciones trascendentales que no se ha reverenciado más porque… bueno, ya sabemos cómo va la cosa con la historia negra en Estados Unidos.

Marea roja (1995)

Posiblemente la mejor película de submarinos, armada por un Tony Scott en todo su apogeo. El director y Denzel pasarían en la década posterior a hacer una buena serie de thrillers «basura» entretenidísimos y efectivos, pero su primera toma de contacto era una prueba de fuego. Tener que hacerle la réplica a Gene Hackman es un reto muy complicado de superar, porque tiende a comerse a toda estrella que le ponen por delante, pero aquí aguanta los golpes y los devuelve, haciendo de este un trepidante mano a mano bien complementado por la misma tensión de la película.

El demonio vestido de azul (1995)

Denzel no había hecho ninguna secuela de una de sus películas hasta que se cruzó en su camino la franquicia de The Equalizer. Si alguna se merecía continuación es las aventuras del detective Easy Rawlins, basado en las novelas de misterio y crimen de Walter Mosley. Un film noir no sólo impecable, sino que explora la oscuridad del mundo y la naturaleza humanada desde una clave muy humana y deliciosamente amena, donde Washington nos lleva de la mano todo el viaje. Injustamente pasada por alto en su momento, muy apreciada por todo el que la ha visto desde entonces. El mundo le debe una ola de apreciación.

Training Day (Día de entrenamiento) (2001)

Es muy fácil quedarse con las interpretaciones muy subidas y muy extravagantes, y es posible lo que muchos vean en este thriller de Antoine Fuqua (otro de los nombres de confianza del actor). También es fácil despreciar su interpretación por lo mismo, pero yo la voy a poner en valor. No sólo porque es tan prominente que mucha gente asume que el protagonista es él, y no el asustado novato de Ethan Hawke, sino porque puedes ver como entiende que hacer el personaje tan extravagante, tan «más grande que la vida» y tan impredecible es lo que hace que la película sea, hasta cierto punto, aterradora de ver. Su Alonzo Harris es incómodo, una amenaza que nunca sabes por dónde saldrá, y es lo que da cierto poso a lo que podría haber sido un thriller machirulo del montón.

American Gangster (2007)

Podría haber sido un thriller criminal del montón, de ese que ahora es una serie con varios episodios de más dirigidos con algoritmo, pero transciende sobre la media por dos motivos: uno es la increíble eficacia de Ridley Scott, que narra con un pulso increíble y hace digeribles sus dos horas y media de duración, y el otro es la humanidad que Denzel le da a su personaje. Aunque por defecto deberíamos empatizar más con Russell Crowe, la manera en la que director y actores presentan los claroscuros de ambos y los hermanan para ser dos caras de una moneda, nos hace que sus viaje nos importen de igual manera y sea algo más.

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