Hace poco se celebró el cumpleaños de unos de esos actores que te vienen primero a la mente cuando dices la palabra “actorazo”. Jack Nicholson ha mostrado a lo largo de su extensa carrera su magnetismo y su habilidad para comerse las películas en las que figura. Vale la pena recordar algunos de sus mejores trabajos.

Pero antes, unas menciones especiales:

  • La Fuerza del Cariño (1983): Aunque en un principio iba a ser para Burt Reynolds, el papel (que no estaba originalmente en el libro) le cayó a Nicholson y lo bordó de tal manera que acabó consiguiendo el Oscar por Mejor Actor de Reparto, así como un fijo en otras películas de James L. Brooks.
  • Batman (1989): Con lo celebradísimos que están los Joker de Heath Ledger y Joaquin Phoenix, pero lo de Nicholson no desmerece en absoluto. Equilibrando la intensidad de estos con el toque camp que tenía el de César Romero en la serie televisiva, logra un Joker fascinante y divertido.
  • Algunos Hombres Buenos (1993): Conseguir que lo que más se recuerde de una película sean los 15–20 minutos que sale él (y ojo que el resto de la peli está muy bien) tiene mérito.
  • Alguien tiene que ceder (2003): Una buena muestra de interpretar a un cabrón con ese je ne sais quoi difícil de resistirse. Aunque la película nunca termina de justificar que ella deje a un médico joven que se parece a Keanu Reeves por él.

Vamos con la lista final:

Chinatown (Roman Polanski, 1974)

Esta revisión de los tropos del cine noir se logra sustentar en la monumental interpretación de Nicholson, que no teme a explorar los extremos del patetismo en un personaje jugoso como el de Jake Gittes. Y una peli noir se vuelve más intrigante si el viaje del protagonista es entretenido de ver, algo que se logra en todos los aspectos.

Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco (Miloš Forman, 1975)

El primer Oscar de Nicholson llegó con esta magníficamente resulta adaptación de Forman. De la honestidad de la película se nutre el actor para volcar su carisma, y su manera de hacer fascinante al personaje concuerda con el impacto que tiene el personaje en el resto.

El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

Stanley Kubrick logra hacer una obra maestra de la psique derrumbada y del terror imparable y escalofriante, pero si ha llegado a la categoría que ha llegado es gracias a ese estado de gracia continuo de Nicholson, que sobrepasa cualquier nivel concebible de lo que entendemos por “actuar”. No sólo por los momentos de estallido, sino por cómo llega a ellos.

Las Brujas de Eastwick (George Miller, 1987)

George Miller hizo una de las películas de brujas más abiertamente sexuales que se recuerdan (y que no son material pornográfico). Y parte de lo que la hace funcionar es la presencia de Nicholson, cuya encarnación de Satán logra un perfecto equilibrio entre componente fantástico y extraño atractivo. Su sex appeal es tan perturbador, pero también inexplicablemente magnético, que no sorprendería que terminase cepillándose al reparto en su trailer (y, atendiendo a las historias tras las cámaras, es probable que así fuera).

Mejor… Imposible (James L. Brooks, 1997)

No se puede explicar la trayectoria de Nicholson sin detenernos en James L. Brooks, su relación creativa más consistente a lo largo del tiempo. Dos de sus Oscars llegaron en sus películas, y el último lo logró con esta improbable comedia romántica donde el actor vuelve a brillar en esa zona de magnetismo incontenible a pesar de caer en acciones algo cuestionables. El cabrón adorable, en su esplendor.

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manuwar
manuwar
5 months ago

Adoro El Resplandor y la actuación de Nicholson, pero gran parte del mérito recae en la pila de farla que llevaba encima, y que le salía hasta por las orejas. No hay más que ver el documental de Vivian Kubrick para cerciorarse de lo histérico que estaba.
La gentileza del maestro haciéndole repetir las tomas ochenta veces, hizo el resto.

Esteban Martínez
Esteban Martínez
5 months ago

Me parece un actor siempre sobre actuado y con poco rango en materia de personajes. Sin embargo, tenía una capacidad enorme para provocar «algo» en el espectador. Es inevitable no enganchar con sus papeles.