Aaron Sorkin está de actualidad con el estreno de El juicio de los 7 de Chicago en Netflix. Por supuesto, detrás de todo genio hay un mar de influencias que le han hecho lo que es, y en un reciente post para la Academia de Cine de Estados Unidos ha repasado cinco películas que le inspiraron para hacer cine.

Dos hombres y un destino (1969)

Cuando tenía 20 y tantos años, William Goldman decidió acogerme bajo su protección y me convirtió de un escritor de teatro a un escritor de teatro que también podía escribir películas. Pero antes de que Bill y yo nos conociésemos, me estuvo enseñando con su guion sobre dos ladrones de bancos que tienen que lidiar con el viejo Oeste convirtiéndose en el nuevo Oeste, por el que ganó su primer Oscar.

La estructura es perfecta. E incluso aunque haya secuencias largas en silencio (bellamente rodadas por George Roy Hill y su director de fotografía Conrad Hall), lo que recordamos son los diálogos. ‘Esa caída probablemente te mate’, ‘¿Crees que has usado bastante dinamita?’, ‘La próxima vez que diga que vayamos a algún lugar como Bolivia, vamos a algún lugar como Bolivia’. 

Ha habido imitaciones, pero sólo el original es una obra maestra y una masterclass sobre escritura de guion.

Al filo de la noticia (1987)

Todo lo que quería era escribir obras de teatro. Me gustaban tanto las películas como a cualquiera, pero nunca se me ocurrió escribir una hasta que vi ‘Al filo de la noticia’, escrita y dirigida por James L. Brooks. 

Brooks vino de la televisión, de la televisión clásica como ‘La chica de la tele’ y ‘Taxi’ y recientemente había conseguido un par de Oscars por ‘La fuerza del cariño’. Me senté en un cine en Manhattan a mitad de la tarde, viendo la película por segunda vez ese día, y pensé ‘Me encataría escribir eso’. Y estado intentando escribirla desde entonces.

Gente corriente (1980)

Alvin Sargent ganó el Oscar por adaptar la novela de Judith Guest. Vi la película con unos amigos cuando estábamos en el instituto. Cuando se terminó y se encendieron las luces, parecía que habíamos visto versiones diferentes de la misma cosa al mismo tiempo. ‘Joder… esa era mi madre’.

El momento final de la película es tan simple, sólo un padre y su hijo sentados uno cerca del otro y la cámara alejándose muy poco a poco y lentamente. Ahí es cuando aprendí que una película no tenía que acabar con un gran gesto. Uno simple, si está conseguido, puede ser incluso más poderoso.

Tarde de perros (1975)

Frank Pierson ganó su Oscar por esta increíble historia real de un robo a un banco que va terriblemente mal. Buena parte de la película sucede dentro de cuatro paredes. En otras palabras, es una obra de teatro que de vez en cuando utiliza las herramientas del cine.

Todas las partes del drama por Aristóteles están cumplidas en orden: exposición, incitar a la acción, inversión, clímax y desenlace. Cuando traes a casa un nuevo cachorro, te dicen que deberías comprar un canasto que sea lo bastante grande para que el perro se mueva, pero no más grande. A los perros les gusta la sensación de seguridad que viene de un lugar limitado. Yo soy de la misma manera y los cuatro muros de un banco son un fantástico canasto para un cachorro.

El graduado (1967)

Dije que no iba a incluir ‘El graduado’, pero venga ya. Buck Henry y Clader Willingham adaptaron la novela de Charles Webb (y Mike Nichols se presentó como una fuerza que debía ser considerada) y el resultado fue una película inolvidable que pasará a lo largo de generaciones.

El díalogo es minimalista. Dudo que ningún personaje tenga una línea con más de diez palabras en ella. Es bueno tener ayuda de Simon y Garfunkel, pero este guion es una obra maestra.

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