Guy Ritchie vuelve a hacer una película original después de una década dando tumbos intentando energizar franquicias a las que meter sus (sucias) manos como Sherlock Holmes o la leyenda del Rey Arturo, cuando no directamente haciendo un encargo impersonal como en Aladdin. Su último proyecto es, además, su retorno al cine criminal más gamberro y sucio desde el 2008 con RocknRolla.

Para celebrar (?) este acontecimiento, vamos a recuperar una práctica que ya hicimos con 1917 y recomendar el visionado de películas muy en la onda de lo que va a ofrecernos The Gentlemen: Los Señores de la Mafia. El tono general va a ser el del cine criminal, con mayor o menor distensión o sentido del humor, para vuestro mayor deleite.

Cómo conquistar Hollywood (1995)

“La mafia es dura, pero no es nada comparado con el show business”. Esta simpática pieza noventera de Barry Sonnenfeld la improbable transición de un matón mafioso a productor de cine. Su ritmo sólido, su agradecida ligereza, y un reparto intachable sostienen una cinta aparentemente intrascendente pero muy disfrutable. Y su banda sonora es un imprescindible.

Lock & Stock (1998)

Quizá no haya mejor paso previo a una película nueva de Guy Ritchie que algunos de los esfuerzos previos de Guy Ritchie. Lock & Stock ya contiene muchas de sus claves narrativas y visuales, la manera en la que sus personajes interactúan y cómo se comporten, así como empieza a desarrollar su particular sentido de la acción. También ese aire fresco de los comienzos, donde todavía no es nadie y tiene mucho que demostrar, hace que florezcan mejor sus virtudes, que la película fluya mucho mejor, y que sus partes más insoportables estén al mínimo.

Very Bad Things (1998)

Aprovechando la ola de popularidad de Quentin Tarantino se dieron luz verde a varios intentos de convertir en fórmula su irreverencia. Irónicamente, porque sus posteriores esfuerzos como director difieren en tono, Peter Berg (más conocido por su asociación habitual con Mark Walhberg) se sacó esta comedia negrísima de una despedida de soltero que se va muy de madre que hace parecer a Resacón en Las Vegas una comedia familiar. El tiempo ha sentado bien a la elección de Christian Slater como el psicópata mayor de esta pandilla de desgraciados.

Layer Cake (Crimen organizado) (2004)

El combo británico de Ritchie y Matthew Vaughn se ha convertido en una fuerza dominante en el cine de acción actual, y dado que ambos pueden entrar en el mismo saco (de hecho han llegado a trabajar juntos), por qué no incluir su debut. Su adaptación de la novela de J.J. Connolly, apuntalado por un sólido reparto liderado por Daniel Craig, no termina de tener todo el refrescante estilo y la diversión que sacaría a relucir en sus posteriores películas, pero aquí ya empezaba a mostrar maneras.

Ases Calientes (2006)

Otro divertido despiporre de personajes con diferentes intereses y mucha desvergüenza a cargo del siempre eficiente Joe Carnahan. Quizá no siempre esté a las alturas de sus posibilidades y de su loco reparto, pero estilo y ganas de pasarlo bien no le faltan. Si eliges mirarla por encima del hombro, quizá no hayas leído bien las reglas del juego.

Mátalos Suavemente (2012)

La más negra y densa de toda esta selección, pero muy a cuento para la misma igualmente. Mejor cuando se entrega a su vena coeniana barriobajera que cuando se cree sus propias ínfulas y sus pretensiones de exponer el descalabro económico de este siglo. Quizá es su indeterminación la que le permite sacar lo mejor de sí misma. Pero Andrew Dominik es un nombre a tener en cuenta siempre.

Siete Psicópatas (2012)

Las películas de Martin McDonagh siempre parece que existan en mundos paralelos, pero nunca dejan de sentirse auténticos. Aquí explota el bloqueo creativo y meterse en lugares oscuros con tal de encontrar esa necesaria inspiración, con una película loca, divertida y deliciosamente meta. También es difícil fallar si juntas a Colin Farrell, Sam Rockwell, Christopher Walker, Woody Harrelson y Tom Waits.

Free Fire (2017)

Aunque en la filmografia de Ben Wheatley hay trabajos lo suficientemente mayúsculos para que esta palidezca bastante en comparación, sobre todo porque llega a parecer un chiste alargado. Pero el inglés es consciente del diamante en bruto que tiene con su repartazo y les hace jugar en un embrollo rocambolesco y desenfadado, lleno de ritmo, que se vuelve irremediablemente divertido.