Las mil y una caras de Michael Gira

Michael Gira más allá de Swans

Michael Gira es Swans y Swans es Michael Gira (y durante un tiempo también Jarboe). La retorcida música tocada por la banda es producto de una mente diferente, atrevida y, sobre todo, maléfica. Su música está lejos de agradar o ser placentera. Es un duelo entre tus sentidos y su esquizofrenia. El desprecio desafiante con el que escupe cada palabra está a la altura de la visceralidad y la energía con la que sus acompañantes esgrimen sus instrumentos una y otra vez, repitiendo sin descanso, machacando como un martillo pilón. Todo ello en pos de derribar nuestros prejuicios y de saltarse cualquier barrera existente en la música.

Sin embargo, el universo musical de Gira no se reduce solo a su actividad con su banda de toda la vida, ya que cuenta con una buena variedad de proyectos paralelos y una carrera en solitario donde dar rienda suelta a más de sus demonios internos a base de otras directrices musicales que se salen de las de su banda. Cuando una mente es tan creativa, al final necesita de otras vías para canalizar todo su talento y mostrar distintas facetas de su personalidad musical. Hoy nos centramos en varias de esas facetas a través de algunos de sus discos más destacados más allá de la discografía de Swans.

El Gira estremecedor

Si tuviera que destacar sólo uno de los proyectos paralelos de Gira, ese sería The Angels of Light. Podría daros varios motivos, pero creo que el más fuerte de todos es un disco como How I Loved You (Young God Records, 2001), donde acompañado de Dana Schechter, Christoph Hahn, Birgit-Cassis Staudt, Thor Harris (ese hombre) y Bliss Blood se aleja de las estridencias sonoras de Swans para abrazar el Country gótico y el Folk desgarrador y realizar piezas estremecedoras y emotivas.

Que sirva como ejemplo de lo que intento decir la que probablemente sea La Canción del disco: ‘Evangeline’. La melodía, los dulces coros femeninos y la penetrante e intensa voz de Gira redondean un tema que pocos podríamos asociar al figura del angelino. Y cosa parecida nos puede suceder con ‘Untitled Love Song’, ‘Song for Nico’ o con la fabulosa ‘Two Women’. El resto abordan un estilo más oscuro y afilado, pero todas comparten la habilidad de calarse hasta nuestros huesos y hacer florecer emociones mediante esa fina y cuidada instrumentación. Aun se me hacen los ojos chiribitas cuando escucho ese corte inicial.

El Gira neofolkie

Como ya sabéis, Gira es muy dado a buscar entre los extremos más retorcidos y experimentales de los géneros que toca, por eso verle acercarse al Folk sólo puede entenderse desde una perspectiva vanguardista y transgresiva como es la del Neofolk o el Folk Industrial. Comprendo que los más puristas del género prefieran la obra de Death In June o de Rome, pero lo que realiza Gira en su primer disco en solitario me parece un esfuerzo más que digno y bien merece ser escuchado.

Drainland (Alternative Tentacles, 1995) nos muestra un Gira más oscuro y perturbado con las mismas ganas de transgredir que siempre. Partiendo desde el citado Neofolk, el cuadro también recibe pinceladas de otros géneros, desde el Post-Punk hasta el Avant-Garde pasando por el Noise o el Industrial. Encontramos de todo, desde temas machacones como ‘I See Them All Lined Up’, momentos impactantes de la talla de ‘If You…’ o ‘Unreal’, el toque bizarro de ‘Fan Letter’ o hasta la oscuridad de ‘Where Does Your Body Begin?’.

El Gira solitario de guitarra en mano

Pero no todos esos acercamientos al Folk han llegado a rozar lo estridente o ha perturbado nuestra mente con despliegues experimentales de vértigo. A veces Gira se basta él mismo con la única compañía de una guitarra para dejarnos ojiplaticos y dispuestos a inclinarnos ante su superioridad en muchos sentidos como jefe indio interestelar que es.

Una especie de sentimiento acogedor nos rodea cuando escuchamos I Am Singing to You From My Room (Young God Records, 2004), casi como si verdaderamente Gira nos estuviera cantando desde su habitación como describe el título del disco. O como si Gira se transportara hasta la nuestra y nos cantara estas composiciones a nuestro lado armado con su acústica. Aunque sea un disco que destaque por su desnudez y su sencillez en lo sonoro, no estamos ante un disco simplón que sacaría cualquier triste de los que adora Dr. Chou. Volvemos a encontrarnos un Michael Gira sobrecogedor en un disco bello y fascinante de esos que te parten el alma.

El Gira deconstructor del Country

La primera mención de The Angels of Light en este artículo fue con el disco que contenía las canciones más emotivas y desgarradoras, instrumentalmente hablando, de la carrera de Gira. Pero que eso no lleve a un equívoco con respecto a la trayectoria de este grupo, que también ha moldeado su propia concepción del Country gótico, deconstruyéndolo y llevándolo más allá de sus límites. Algo solo capaz gracias a una mente que no concibe lo imposible como es la de Gira.

Varios son los discos del grupo en el que vemos dicha bizarra concepción, pero quizá el que la lleva más al extremo de lo retorcido sea We Are Him (Young God Records, 2007), probablemente su disco más “swansizado” por así decirlo. Y si no me creéis, escuchad ‘My Brother’s Man’ y comprobadlo. Gira escupe vanguardismo, riesgo y, también, siniestralidad. Incluso lo que parece una adorable portada como la del disco termina siendo mucho más oscura una vez nos detenemos a verla en detalle. Porque son esos detalles los que terminan enriqueciendo la obra de Gira y discos como éste, que es un imprescindible.

El Gira más excesivo

Gira decidió poner en pausa su banda de toda la vida en 1997 al considerar que se le había quedado pequeña y quería explorar más vías a través de otros proyectos. La despedida del grupo en ese momento fue uno de sus discos más experimentales y excesivos, Soundtracks for the Blind (Young God Records, 1996). Aquel disco podría considerarse la semilla de dos proyectos que comandó Gira muy poco después del fin de Swans. Uno era The Body Lovers y el otro The Body Haters.

Grupos que sonoramente eran diferente pero que ideológicamente eran como hermanos, terminaron viendo como los dos discos de ambas agrupaciones se juntaron en uno en 2005 a modo de recopilatorio. Dado que mi afinidad por el 34:13 (Young God Records, 1999) de The Body Haters es bastante pobre (casi diría que coge lo más negativo del Sountracks for the Blind), prefiero centrarme en el Number One of Three (Young God Records, 1998) de The Body Lovers, disco que sí sabe plasmar las virtudes de aquel disco y, en muchos puntos, hasta mejorarlo. Una obra donde Gira se deja llevar por los terrenos más sesudos y avant-garde del Post-Rock, la opresiva y densa lentitud del Drone y la catarsis del Dark Ambient, sin ninguna clase de directriz o interpretación más allá que la que el oyente quiera darle, de ahí que los temas no tengan título. Con seguridad, el disco más complejo y difícil de escuchar de todos los aquí expuestos, pero eso no es algo que sea nuevo en Michael Gira.