Algunos que siguen vivos nos dan más ganas de llorar todavía.


La verdad es que 2016 nos lo pone muy fácil para escoger qué ha sido lo peor que ha ocurrido en estos doce meses: incluso asumiendo que por una mera cuestión estadística-biológica en los próximos años morirán muchas personalidades que han marcado la música popular de las últimas décadas, la concentración temporal de las desapariciones de figuras de la talla de David Bowie, Prince, Leonard Cohen, Sharon Jones o el propio George Michael nos ha dejado bastante trastornados (todavía más) y ha acaparado casi todos los lamentos de estos meses.

Aun así, Hipersónica siempre encuentra un huequito para odiar, así que entre tanta recopilación de lo mejor de un año que nos ha dejado muchísimas cosas buenas vamos a tomarnos un momento para repasar quienes han entregado trabajos de los que se esperaba más y a quiénes mandamos directamente al arrozal. Vamos con ello.

Los que necesitan mejorar


Hay trabajos que sólo por venir de quien vienen uno ya espera la excelencia y cuando no es así, por mucho que el resultado sea más o menos aceptable, toca dar el palito de rigor. Esto nos ha pasado este año con The Last Shadow Puppets, que nos hicieron esperar mucho tiempo para acabar firmando una cosa bastante random y desganada, con un habitual de la casa como Zomby que está alejado de sus momentos más inspirados o con los mismísimos Swans, que como dice nuestro Isra Fernández “han publicado descartes de tercera a precio de algo bueno”, percepción generalizada en la redacción a pesar de Black Gallego corriera como buen fanboy a agenciarse la crítica y cascarles un ocho.

Duele también ver a bandas tan sólidas como The Drones (que se han puesto en una vereda experimental rara que creo que ni ellos mismos entienden) o Explosions In The Sky sacando medianías, o cómo el chiste de Goat quizá ya ha durado demasiado, mientras en el sector indiferencia hay que meter a nombres que vuelven sin saberse muy bien para qué como The Kills o Weezer, o unos The Strokes que ya da pereza hasta odiar y nos hacen extrañar los tiempos en los que sacaban truños que al menos daban juego para rajar. Poco entusiasmo despertó por aquí la resurrección de American Football después de todo o aquel laaaargo laaaaargo disco de James Blake y finalmente… sí, ha llegado el día en el que Hipersónica le saca tarjeta amarilla a Ty Segall. “Es alucinante”, dice Mohorte, “cómo se ha rodeado de alguno de los talentos melódicos más alucinantes de su generación, como King Tuff y Mikal Cronin, para sacarse un Slaughterhouse descafeinado sin un sólo estribillo o melodía memorable”. Emotional Mugger ha sido una de las decepciones gordas del año, para que veáis que no tragamos con todo.

Los que necesitan irse al carajo urgentemente


Una cosa es esperar un disco con los cuchillos afilados (que en este caso una parte de la redacción los tenía) y otra que te lo pongan tan fácil. Porque lo de M83 ha sido de traca. Incluso su fan fatal Dr. Chou lo envía a los infiernos con durísimas declaraciones: “está muy bien lo de, después de petarlo a nivel galáctico, te quieras pasar el mainstream por el forro y sacar un disco a contracorriente. Ahora bien, acabar tirando de recopilatorio de intros para telecomedias yankis de los ’80 quizás haya sido pasarse”. Un disco que iba de listo (y alguno todavía le rió la gracia en un primer momento) pero se ha estrellado de forma estrepitosa.

Y de Wilco qué vamos a decir. Pues que duele decirlo, pero son ya el colmo del aburrimiento y ni cuando juegan al clasicismo conservador con el que todavía salvaban los muebles hasta hace poco les sale ya nada interesante. Increíble también lo rápido (y lo mucho) que nos han decepcionado Blues Pills con esa cosa que han lanzado (“pusilánimes acomodados”, les llamó Cronopio) y, dentro de las cosas ya más esperables, lo malo que puede llegar a ser el nuevo material de los Pixies o el mero hecho de que alguien le edite a Wolfmother un disco a estas alturas.

Tampoco compramos por aquí las alabanzas que leeréis en otros sitios a Frank Ocean (“culminación definitiva del languidismo R&B”, hemos llegado a escribir por aquí) o Jessy Lanza, a quien Natxo Sobrado despacha como “una Mariah Carey más, pero del underground y sin ‘All I Want For Christmas is You’”. Lo de Omar Rodríguez-López y sus doce discos al menos nos ha servido para chascarrillo del año y en nuestro apartado “Mis Terrores Favoritos”, las menciones especiales del año van para lo nuevo de Bloc Party (aquí) y Kaiser Chiefs (aquí): era realmente difícil superar el nivel al que habían llegado, pero se han esforzado en demostrar que siempre se puede ir más allá.

Y que no se escapen…


Entre la cosecha nacional, que no se nos olvide el palo a León Benavente, que ya empezaron mal con un single de adelanto sonrojante en el mejor de los casos, o El Guincho, que nos ha seteando el mood con un nuevo type of way haciendo un poquito el ridículo y tal.

De entre la cosecha de pop malcantao del suyo, Mohorte echa a los leones a Teen Suicide (“hacerse un Daniel Johnston y un Opera Rock a la vez, pero cogiendo lo malo de ambos géneros”), The Growlers (“Manual para dilapidar toda tu carrera musical: componer las peores canciones de tu vida y ponerlas en manos de Julian Casablancas para que te las produzca al modo Strokes-chungos de los ’10”) y Ultimate Painting (“queriendo ser cortavenistas, lo único que consiguen es ser lo más aburrido y plano que existe en la escena ahora mismo”) y en el sector ruidicos Ferraia dice que debemos incluir los tibios regresos de Crystal Castles y Burial junto a Factory Floor. Por su parte, el lobby metal ha dictado que Hexvessel y Meshuggah meh, que Katatonia necesitan una temporada en el infierno y que Megadeth… En fin, que Megadeth siguen existiendo ante la pasividad de la comunidad internacional.

Ah, y por supuesto entre lo peor del año está Hipersónica y sus editores, por ese ritmo de publicación de los últimos meses. Prometemos mejorar. Y ya sabéis que cuando prometemos algo, lo cumplimos.

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