Los mejores discos nacionales de 2016

What a time to be alive


Si ya os habíamos dejado claro que, más allá de aquel pequeño detalle de que no ha dejado nadie vivo, 2016 había sido un gran año en cuanto a lo que a discos internacionales se refirere, lo cierto es que posiblemente el ámbito nacional haya sido incluso superior. Mentiríamos si dijésemos que se nos ocurren muchos otros en el pasado en el que se hayan quedado fuera de nuestro Top 20 candidatos de la valía de los que este año hemos mantenido como suplentes. Así que, a continuación, os podéis empezar a cagar en nuestros muertos leyendo lo que a nuestro juicio ha sido lo mejor de la música de aquí en 2016.

20. Obsidian Kingdom — A Year With No Summer

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Dos discos de larga duración y ya han conseguido convertir la sorpresa en una constante. Cualquiera hubiera apostado -y disfrutado de lo lindo- con una prolongación de lo mostrado en Mantiis, posiblemente uno de los mejores discos de metal que han salido en España en los últimos años, pero eso no parecía suficiente para los barceloneses. En su lugar, Obsidian Kingdom nos sumergen en un mar de influencias dispares a las que logran dar una coherencia magnífica acompañada de un discurso reflexivo y altamente concienciado con el planeta y el medio ambiente. Lo mejor de todo es la sensación de que, aunque el nivel ya sea de por sí alto, aún nos pueden llegar grandes cosas de estos tíos.

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19. Juvenilia — Juvenilia

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Es altamente complicado revisitar los paisajes habituales del Indie Pop australiano y neozelandés sin caer en los clichés o en el aroma vitange, y ya superado, del que muchos otros grupos son víctimas. A Juvenilia el vehículo jangle les sirve para expresar ideas propias y un relato tan personal como fantástico. Aquí hay capas de guitarras entrelazadas a modo de red, para atraparte el alma, y estribillos simplones y facilones como jamás debieron dejar de serlo. Es un acierto pop con mayúscula, y una forma soberbia (y que nos deja con muchas ganas de más) de empezar una trayectoria.

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18. Balcanes — Carne Nueva

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De entre las diversas (e interesantes) propuestas que nos ha entregado este año el sello Humo, continuador directo de la labor de Sellos Humeantes, la fórmula de Balcanes se presenta como algo muy singular y fuera de lo común, no ya sólo dentro del propio sello sino extendible a todo nuestro país. Su potente martillo de noise, punk e incluso doom metal es pura arquitectura de la destrucción que difícilmente te dejará impasible.

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17. Sau Poler — Memorabilia

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El productor catalán sigue en racha con sus referencias. Este año ha sido otro EP que nos ha dejado un sabor de boca espléndido. Memorabilia recoge esas infalibles construcciones house que te dan la vida en verano y en cualquier noche de club. Mediante temas que son de lo mejor del año (véase ‘Jnane’) y progresiones secuenciales (véase ‘Gone’), demuestra estar en un momento compositivo magnífico. No sólo está ampliando su abanico sonoro, sino que lo que hace, lo hace cada vez mejor. Esperamos con ganas un debut en formato LP, mientras tanto, a disfrutar con esos bajos funky y esos ritmos que rezuman groove.

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16. Pional — When Love Hurts

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Y si hablamos de evoluciones musicales, otra clarísima este año es la de Pional, que ya ha pasado por un montón de sellos de mucho pedigree, y el motivo no es otro que su buen hacer. When Love Hurts es probablemente el mejor trabajo que ha facturado hasta ahora. Vocales elegantes como nunca, una instrumentación a mitad de camino entre lo épico y lo preciso, hacen de este epé una publicación donde todo funciona como un reloj suizo, entrando en el momento preciso para elevar la canción cuando lo pide, para aguantar y recrearse con detalles preciosos. Un regalo para los oídos.

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15. Daga Voladora — Chiu Chium / Primer Segundo

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Daga Voladora es Cristina Plaza (Clovis, Los Eternos, Gran Aparato Eléctrico) soñando con su canción pop perfecta. Y lanzando dos discos, uno a principio de 2016 y otro a final de año, para intentar encontrarlo. Canciones pequeñas, en voz baja, con estribillos que se te pegan a la vida sin necesidad de gritarte. Para nada frágiles, para nada miniaturizadas, para nada sin ambición: son el triunfo del pop hogareño. ‘Quise olvidarte’ es la canción de amor de 2016 y ‘Vengo del sol’, la de bailar mientras el mundo te mira mal. Y Daga Voladora, el talento desbordante que amamos con devoción.

14. Maika Makovski — Chinook Wind

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Intensa y furiosa como solía ser, ahora hay espacio para una Maika más íntima y pausada. De la misma forma que íntimo y pausado ha sido el proceso de gestación de este álbum. Y es que aunque parece un cambio radical, ha sido paulatino. Cuatro años de reflexión, de experiencia, de cambio. Porque en cuatro años se viven y se sienten muchas cosas distintas. Y todas ellas tuvieron en común las ganas de Maika de dejar que la música las pusiese en orden. Alejándose de la repetición, ese arma de doble filo. Y haciendo de Chinook Wind un viaje con un latido constante. Se fue a Macedonia alejándose del estrés y el desengaño que Barcelona estaba siendo para ella en esos momentos. Y resultó que la tierra natal de su padre le mostró muchas cosas que desconocía de sí misma. A partir de ahí, todo fue hacía arriba. Se enamoró, viajó a Canadá, se dejó fascinar por ese paisaje y volvió a escribir canciones sinceras, reales.

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13. Kase.O — El Círculo

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El esperado LP de Kase.O en solitario debería haber formado parte de la lista del pasado año. Pero claro, si hubiera sido así ya no estaríamos hablando del mismo trabajo. Javier Ibarra, tal y como afirmó en la gira despedida de JazzMagnetism, puso en mute el proyecto y se replanteó el enfoque de los pies a la cabeza. De esa honda reflexión nació un disco profundo y personal que demuestra que el rey también duda, sangra y llora. Todas las miradas estaban puestas en su figura y él apuntó la suya en ese mismo sentido, liberándose de presiones y dando rienda suelta a sus inquietudes. El resultado es ‘El Círculo’, un álbum intimista y muy musical imposible de comparar con cualquiera de sus obras anteriores. ¿Najwa Nimri en el disco de Kase.O? ¿Una canción envuelta en llanto? Solo es la punta del iceberg de un trabajo que nos presenta una parte de Javier Ibarra nunca desvelada sin dejar de ser el que siempre conocimos.

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12. Selvática — Canciones Cariocas

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Hedonismo, energía, y despreocupación. Ritmos desbocados, duetos pegadizos en los estribillos, guitarras indie rockers que se te pegan en el cerebro para rebotar dentro de él en bucle. Si hay unos pocos discos en nuestro país que demuestran qué es el espíritu joven, y no sólo eso, sino que lo combinan con melodías de calidad para disfrutar también lo musical, sin duda uno de ellos es el de Selvática. Canciones de raigambre emocional, livianos zarpazos de garageo y las dosis de pop que pide el cuerpo para sentir las buenas vibraciones que todos necesitamos. Un álbum divertido, intenso y de mecha corta. Indispensable.

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11. El Palacio de Linares — Ataque de amor

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Hay quien dice que Ataque de amor es un disco romántico. Nosotros preferimos pensar que es el diario de un posible psicópata elaborado en formato pop clásico, como si alguien hubiese decidido hacer una (Donosti) Pop Ópera de American Psycho. Sea lo que sea, es un álbum que canta alegremente sobre “los hijosdeputa que no se callan en los conciertos”, sobre “acostarse, mirar por la ventana, masturbarse y ordenar la semana”, sobre vivir (y sobrevivir) pegado al Football Manager y a los recuerdos de todas las chicas que te gustan y ni te miran. Aunque alguna sí y, claro, te obesionas. En una publicación tan acostumbrada al gusto por lo chungo, lo extremo, lo triste, lo pop y lo radiante a la vez como Hipersónica, hay pocos discos que, sin querer romper el canon, lo ejemplifiquen todo TAN bien como Ataque de amor.

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10. Edu Omega — Evolución mecánica

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De entre todos los planetas que conforman el sistema Urano Players era Edu Omega el más desconocido. Lo habíamos visto en trabajos conjuntos y colaborando con sus astros vecinos pero nunca en solitario. Su LP debut demuestra que la espera ha merecido la pena. Un álbum que contiene nociones transversales que comparten y dan forma al universo conjunto creado por el colectivo pero que al mismo tiempo es capaz de desarrollar sus propios conceptos y articular su discurso. Evolución Mecánica posee profundas y densas reflexiones acerca de la involución humana dibujadas mediante referencias filosóficas, astronómicas o culturales entre otras muchas. Todo ello bajo los beats producidos por el propio Edu Omega que evocan una atmósfera entre la ciencia ficción y el espacio exterior. Un LP que requiere varias escuchas si se desea escarbar en todos sus rincones pero que no supondrá ningún tedio, pues nadie ha sonado este año como Edu Omega mientras escupe sus hercios.

9. Kokoshca — Algo real

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Lejos de la perfección, a Kokoshca los discos se les quedan cortos cuando deciden lanzarse al barro de la nocturnidad y el feísmo. Un feísmo rock necesario en tiempos de pulcritud estética por doquier y de minimalismo decorativo. Kokoshca, en Algo real, vuelven a ser un canto a los aspectos más reflexivos de la existencia mundana, pero desde una perspectiva alcoholizada y llena de episodios terrenales, de calles y bares presentes en la memoria y en la realidad de todos. Todo ello, además, sumado a una fabulosa capacidad para crear hits mecánicos y perfectos año tras año. Larga vida.

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8. Juventud Juché — Movimientos

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Repleto está el camino de obstáculos y pasos en falso, y sin embargo Juventud Juché lo recorre con una clarividencia de ideas admirable. Su trayectoria, incluido este Movimientos agresivo, violento, impulsivo y mucho más oscuro que sus predecesores, ha calcado los pasos adecuados para no resultar repetitiva en las siempre pantanosas aguas del Post-punk y del Art Punk. Encaminados hacia su propio género, la elevada producción de Movimientos suma matices a un grupo, hoy por hoy, absolutamente imprescindible.

7. Melange — Melange

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Los grupos españoles están, en buena medida, condenados a desaparecer prematuramente, reconsiderarse, refundarse bajo otro nombre, fusionarse con otras bandas… el amateurismo es lo que tiene. En ese contexto, de entre las cenizas de Lüger (entre otros, y dando por hecho que Lüger sea un proyecto extinto, cosa que no queda nada claro), nace Melange, un grupo madrileño, que en su debut homónimo ha conseguido la aprobación unánime de esta casa. Mezclando psicodelia, kraut rock o hasta flamenco, y, sobre todo, tocando maravillosamente bien, Melange obtienen un resultado extraordinariamente sólido, apoyados en canciones tan magnéticas como ‘Solera’, ‘Los ojos negros’ o ‘La cosecha’.

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6. Chucho — Los años luz

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La historia más reciente de la música está plagada de reuniones de bandas más o menos míticas que, vistos los resultados, mejor hubiese sido que no se produjeran nunca. En este caso, Chucho, tras una gira de conciertos nostálgicos que no acabaron de ser todo lo mayoritarios que uno podría llegar a pensar, decidieron sacar nuevo material de estudio. Miedito. Alfaro y compañía corrían el peligro en Los años luz de empezar a diluir la leyenda en la que se convirtieron para una minoritaria generación a caballo entre finales de los ’90 y comienzos de milenio, pero lejos de ello, nos regalaron un disco extenso y pleno de inspiración. Con la misma contundencia en las letras y el mismo encanto en las melodías, como si, con las canas, viniese de regalo un buen saco de inspiración renovada. Ecléctico, salvaje y adictivo, Los años luz se convierte por derecho propio en una de las grandes sorpresas de la temporada. Uno de los mejores “debuts” del año.

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5. Los Ganglios — Segunda escucha

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Son extremeños, tienen derecho.


4. Jardín de la Croix — Circadia

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Puede llegar a ser complicado conectar y emocionarse con un grupo puramente instrumental tan volcado en los sonidos del post-rock, math rock y hasta del rock progresivo. ¿Tarea imposible? No en el caso concreto de Jardín de la Croix, que logran en su cuarto álbum mostrar una capacidad asombrosa para contar historias llenas de matices y de transmitir emociones a flor de piel. Circadia supone otra muestra más de su enorme talento ante el que esta casa no puede hacer otra que rendirse sin condiciones.

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3. beGun — Amma

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La electrónica patria ha sido muy prolífica este año. Que el número tres del top anual sea para uno de esos álbumes lo corrobora. Amma, el esperado debut en largo de beGun, es un notable paseo por la música africana, totalmente en simbiosis con sus beats y sus excelentes ritmos y ambientaciones, jalonadas por instrumentación de dicho continente y por el refinado gusto del propio beGun. Mediante el escapismo y los postulados oníricos que funcionan como un hilo conector que no te suelta durante todo el álbum, Amma nos introduce también en una realidad bastante jodida de las migrantes africanas — una de ellas es la que da nombre al disco — que llegan a Barcelona en busca de otra realidad para encontrarse con situaciones bien distintas. Una buena forma de acordarse de ellas este tribal trabajo, que de paso, recuerda que la electrónica también es reivindicativa.

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2. Espanto — Fruta y Verdura

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Espanto ya era un grupo imprescindible, pero Fruta y Verdura les ha ayudado a convertirse en uno absolutamente impredecible en su brillantez. Llegaban a su nuevo disco con una colección de canciones antiguas que han pasado demasiado tiempo siendo pensadas, y ésa es una situación que casi siempre acaba en fiasco. Pero de ‘Morirás’ a ‘Mi Tigre y yo’ hay una tempestad de talento desbordando cada uno de sus límites. No hablamos de un riachuelo cualquiera: hablamos de la misma sensación que tiene ver a un río como el Ebro (enorme, caudaloso, casi siempre autocontenido) salirse de sus márgenes. Desde lejos, a vista aérea, es alucinante. Desde cerca da miedo que te lleve con él (a ti o a tus cosas) y a la vez es un “ya te lo decía yo”. Ambicioso y arriesgado en lo musical, y punzante en lo lírico, los Espanto de 2017 son responsables de los antihits más grandes de este año. Mirados fríamente, ninguno debería tener oportunidad alguna, pero tu cabeza siempre se queda a tararearlos, a cantarlos y a tratar de encajarlos en los huecos de tu vida. Buenos y salvajes.

1. Triángulo de Amor Bizarro — Salve Discordia

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No es cuestión de pasarnos de transparencia, pero podríamos decir que la contundencia con la que TAB se ha impuesto en el Top nacional dentro de este año no tiene un precedente claro en la redacción hipersónica. Tampoco os sorprenderá, si habéis escuchado esa bomba nuclear llamada Salve Discordia. Poco empujón necesitaban para confirmarse como la banda más interesante surgida aquí en los últimos años, pero desde luego Salve Discordia ha conseguido cuadrar el círculo. Mantener la contundencia habitual, y refinar el asalto definitivo al pop que tantas veces habían intentado ya, pero que jamás habían conseguido con semejante perfección. Da igual qué respuesta a preguntas milenarias busquéis, TAB te la da en este disco, mientras va volando cada una de las circunvoluciones de tu cerebro, haciéndolo añicos entre distorsiones y caos, en ‘Gallo negro se levanta’, entre estribillos pegadizos como chapapote en ‘Barca quemada’, melodías maravillosas, ‘Baila sumeria’ o frases para recordar siempre, ‘Qué hizo por ella cuando la encontró’. Un disco absoluto. Uno de esos que define para siempre tu obra y que pone el listón inalcanzable para el siguiente. ¿O no?

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