Domingo 27 de octubre. Puede que no sea una noticia histórica. No es un ataque terrorista con miles de fallecidos, no es la llegada de un presidente negro a la presidencia de los E.E.U.U, o la victoria de la Selección Española de fútbol en el Mundial, pero en mi mente perdurará para siempre lo que estaba haciendo cuando me enteré de que Lou Reed había fallecido. Claro que eso no importa. Incluso esos putos minutos de espera en los que deseabas que algún imbécil en una aburrida tarde de domingo se hubiese inventado un #RIP que corriese como la pólvora en twitter, y que todo fuese mentira.

No lo era. Que uno se invente la noticia de la muerte de Lady Gaga son las risas, pero ¿quién coño iba a divertirse con una noticia así?. Lou Reed cambió la vida de muchos de los que leáis esto. Seguramente no de forma directa, no inmediata. Todos llegamos primero a algún grupo que bebía de las influencias de Lou Reed antes que al propio Lou Reed. Pero ahora que ya lo sabemos todo, ahora que sabemos que él cambió la vida de millones de personas, podemos entender que lo mínimo que uno puede hacer es recordar qué coño estaba haciendo en el momento en que se enteró de la muerte del (permítanme la licencia personal, y obviamente discutible) el músico más grande del siglo XX.

Y ahora los homenajes de mierda. Como éste, uno más. Ese puñetero debate interno entre que todo lo que se suelte sobre Lou Reed estas semanas será una pastelada innecesaria, y al mismo tiempo sentir el deseo inequívoco de, cuando menos, darle las gracias. Resumir la vida de Lou Reed en canciones es estúpido. Lo es con casi cualquier artista, pero es que el legado de Lou Reed es tan extenso que llegar aquí y soltar un puñado de canciones para resumir su carrera es casi insultante. Y nadie querría insultar al genio, no tenía él un carácter muy bromista (o sí, y sólo se lo dejaba ver a quien realmente lo conocía). En todo caso, meter en un mismo post un buen puñado de canciones que nos han mejorado la vida, construido la personalidad, a todos, parece al menos un bello final.

Walk on the Wild Side

Empezaríamos por lo último. No su última canción, obviamente, pero algo así como el momento en el que el mito se solidificó para siempre. Los años de la Velvet Underground habían sido lo suficientemente gloriosos como para poder retirarse y convertirse en leyenda, sin más. Pero llegó Transformer, su segundo disco en solitario, y con él una victoria absoluta. Uno de los mejores discos de la historia del rock, si bien esta frívola descripción valdría para varios discos en los que partició Reed. Seguramente, las mieles del éxito le llegaron como nunca con ‘Walk on the Wild Side’, una canción en la que Lou Reed repasaba los excesos de una juventud llena de sórdidas relaciones sexuales y amor eterno a los psicotrópicos.

I’ll be your mirror

Es 1967. Lou Reed y John Cale son un par veinteañeros amantes del exceso. Localizamos la historia, irremediablemente, en New York. Conocemos a un perturbado genio polifacético que nos apadrina y hace las funciones de director en su estudio, mientras nos presenta a un enorme ángel germánico de voz poco dulce. Nico, la chica ideal para Lou Reed. En esa historia, narrada aquí en tres líneas de falsa magia, nace The Velvet Underground and Nico, el debut de Lou Reed y la banda que se convirtió en leyenda. En esta canción, la relación de Nico con la banda jugó a la montaña rusa. En realidad, Christa Päffgen empezó a abandonar la banda desde el propio ‘I’ll Be Your Mirror’.

Rock and Roll

No me encuentro yo entre el grupo que defiende que adoramos los discos de la Velvet Underground equivocados. Para mí es un insulto que alguien, como yo en este caso, deje de nombrar un sólo segundo de The Velvet Underground & Nico como inspirador de todo. Para mí, aquel fue el disco del que nació casi todo lo que a día de hoy escuchan mis oídos. Ahora bien, tras un fantástico tercer disco en el que Reed ya era jefe único, llega Loaded, el cuarto disco del grupo. Otro disco hiperbólico, lleno de canciones a las que calificarlas como himnos sonaría ligero. Básicamente, si apartamos White Light/White Heat (que a mí siempre me ha parecido una mágica locura), el sello de una banda que decidió que todo lo construido apestaba, derribarlo y volver a empezar. A Jenny la vida se la salvó el rock and roll. A nosotros, también.

Venus in Furs

Si alguien me pusiera una pistola en la sien, y me gritase en pleno ataque de histeria que le dijese mi canción favorita de Lou Reed, de la Velvet Underground, respondería que ‘Venus in Furs’. No sé si porque es verdad o por quitarme la pistola de la cabeza, pero con certeza esa sería la primera que me viniese a la cabeza. De nuevo el debut en el que se basa todo lo demás. La viola de Cale y el ritmo vil y maligno de la guitarra de Reed. De nuevo un puñetero mundo de perversión, de sadomasoquismo y brillantes botas de cuero. Un mundo de deriva y sexo apartado de la convencionalidad. El mundo en el que todos queremos vivir por momentos. En los momentos en los que queremos ser Lou Reed.

Caroline Says I

Año 1973. Lou Reed, para entonces, ya había hecho méritos más que suficientes para que algún día alguien llorase su muerte de forma tan intensa como desde aquí la estamos llorando. Ya lo había hecho todo. Ser el puto amo del rock, del glam, del art, y ahora se atreve a bucear en la introversión. No tanto en las letras, que siempre habían explorado un mundo interno rico y sin falsedades, sino en las melodías, con una desconcertante mezcla de histrionismo y madurez. Algo así como la canción de amor por excelencia de Lou Reed, sea esa Caroline una novia al uso (ay, qué poco probable es eso, hablando de quien hablamos), o una reina germánica que nos somete, nos tortura y nos humilla. Que al fin y al cabo nos gusta mucho más.

Pale Blue Eyes

Una de las canciones más versionadas de la Velvet. Y no precisamente por cualquiera. Patti Smith o Edwyn Collins se encuentran entre los que quisieron honrar la majestuosidad de ese canto de Lou Reed a su primer amor, Shelley Albin. Al parecer, una de las canciones favoritas del propio Lou, y que inundaba de belleza la cara A del tercer disco de la Velvet Underground. Un momento crítico en el seno de la banda, tras la marcha de John Cale, que hasta entonces había liderado mano a mano el proyecto con el propio Lou Reed. El momento en el que Lou Reed se apoderó de todo, y las melodías de la banda comenzaron a mostrarse superlativas. Momento crítico, prueba de fuego, asumir el liderazgo… sometimes I feel so happy, sometimes I feel so blue.

Dirty Blvd

Evidentemente, los ’60 y ’70 guardan al Lou Reed más mítico, más acertado, más impresionante. Pero tras muchas muestras de que a él esto ya le daba lo mismo, que intentar hacer lo que se esperaba de él era objetivo de los demás, y nunca del propio Lou Reed, mucho después de esa lluvia dorada al mundo que fue Metal Machine Music, llegaron momentos de inspiración madura. A Lou Reed no le faltaron baches, pero siempre, siempre, mantuvo un alto nivel creativo, y una factura intachable. ‘Dirty Blvd’ es el tema más reconocible de aquel New York de 1989 que recuerdo como uno de mis primeros acercamientos a Lou Reed. Un disco por el que muchos de los que llamáis mitos matarían.

Sweet Jane

Otra pieza de aquel glorioso inicio de Loaded, llevada a la quinta esencia en la fusión con la intro del Rock and Roll Animal. Los versos que resumieron el mundo en el que vivía la Velvet Underground en los años de la Factory y de los submundos de Andy Warhol.

Standing on the corner,
Suitcase in my hand
Jack is in his corset, and Jane is her vest,
And me I’m in a rock’n’roll band Hah!

Heroin

En un disco en el que se aprovecha todo, ‘Heroin’ abría una cara B en la que Lou Reed escribiría a las más sucias cosas con las más sucias melodías. Tras un conjunto de canciones brillantes (contad ‘Sunday Morning’, ‘I’m Waiting for the Man’ o ‘Femme Fatale’ para empezar un disco, y echáos a reir), llega el momento en el que Velvet Underground & Nico nos explican que van a darnos muchas más vueltas de tuercas de las que podámos imaginar. Un tema en el que se explora la estabilidad anímica de cualquier ser humano, y nos enseña a asumir la derrota cuanto antes, para disfrutar del placer de dejarse perder. El placer de sentirse tan a gusto en la decadencia.

’Cause when the smack begins to flow 
Then I really don’t care anymore 
Ah, when the heroin is in my blood 
And that blood is in my head 
Then thank God that I’m as good as dead 
Then thank your God that I’m not aware 
And thank God that I just don’t care 
And I guess I just don’t know 
And I guess I just don’t know

Perfect Day

Evidentemente, acabamos con ‘Perfect Day’. Decía alguno por aquí que la canción que está en la banda sonora de cualquiera. De todo el mundo. El resumen excelso de lo que, al fin y al cabo, todo el puñetero mundo busca. La gloria en tres minutos y pico. El momento en el que Lou Reed nos abraza y nos alza varios centímetros del suelo, justo antes de escurrirnos de sus brazos, y dejarnos caer mientras el sigue ascendiendo, a donde quiera que vayan las divinidades. Buen viaje, Lou. Hasta siempre, Lou Reed.