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Low Festival 2017, el dominio de lo clásico y los grupos españoles

Lo mejor, Pixies y la actitud punk de los grupos patrios


Quién nos lo iba a decir, acabar por el Low Festival un año más, el retorno tras varias ediciones. Ahora, sin grandes nombres de electrónica y sin apenas representación del género, pero con un gran reclamo de cartel y varios nombres de envergadura aunque de no tanta actualidad. Sin embargo, en el Low siempre ha habido una segunda línea interesante en la que perderse pro pequeños escenarios para ver calidad. Este año también ha estado, aunque sobre todo el sábado, día que no pudimos asistir por cosas de la vida. Sin embargo, sí estuvimos por allí el viernes y domingo para beber algo de cerveza, cantar algún himno y descabezarse con la gente tunante.

SÁBADO

Kokoshca

Como todo el mundo sabe, ellos son uno de esos grupos generacionales que cuentan la historia de tu vida con pequeños himnos. Y siempre desde su espíritu de rock&roll sobre el escenario. Rara es la vez que no acaban poniendo patas arriba al personal. Porque sus temas provocan verdadero fervor entre sus seguidores. A algunos hasta lo vuelven gilipollas, como un fulano de la primera fila que no paraba de declarar su amor a Amaia. Pero mierdeces aparte, en su directo ofrecieron lo que tocaba, temazos por doquier. Empezaron con Mi Consentido, el disco que abre su nuevo y notable álbum, Algo Real. Un tema para empezar con su espíritu joven, porque es lo que ofrecían los navarros. De hecho, no tardaron en soltar algunos de los temas importantes como ‘Eres mi chica preferida’, aunque eso sí, la sección vocal no se escuchaba mucho. Pero en cualquier caso, con ellos siempre es más una cuestión de fe, de hecho después de la chica preferida, sonó uno de los grandes temas del nuevo disco, ‘Yo Nací’, una de esas letras sutiles que habla de política entre líneas. O no tanto.

Después vinieron temas como ‘RBUcon sabor a Pixies, que era lo que tocaba después. Al final la cabra tira al monte, y después de su momento de guitarras de Boston, llegaron momentos de tocar la patata con ‘El Escultor’. Porque no sólo son el rockanroleo, también llegó algún hit como ‘Directo a tu Corazon’ y cuando aún estábamos todos con el flow en el cuerpo y la tontería encima, llegó ‘La Fuerza’ para recordar que somos jóvenes y que la juventud es un estado de ánimo. Pogo en las primeras filas y coreo en algunos momentos. Eso sí, cuando pensábamos que habían acabado, empezó a sonar ‘No Volveré’ más rock&roll para darnos en la cara e irnos enchufados a Pixies.

Pixies

Como se suele decir en lenguaje cuñado, “el que tuvo retuvo”, y aunque ahora está Paz Lechantin en lugar de Kim Deal, los tonos de voz son similares, y eso se notó, aunque como estaba previsto, no sonó ‘Gigantic’, que no la suelen tocar desde que ella no está. Entendible. Eso sí, empezaron muy fuerte con temas como Rock Music, ‘Gauge Away’ o Wave of Mutilation’. Aunque hayan ido y venido por la pasta, saben lo que el pueblo pide, que son los clásicos y no esos temas nuevos. Porque hay una línea abismal entre la etapa nueva y esta, tan gratuita. Además, eligieron un buen repertorio, porque menudo repertorio. Con sólo elegir alguno de los cortes que no suelen tocar, ya hace mucho al global del concierto. Tocar alguna de las joyitas siempre suma puntos.

Entre ellas, le dieron al Bossanova con ‘Ana’ o ‘Blown Away’, conocedores de que después de tanto tiempo, hay que jugar con el amplio repertorio que construyeron y que sirvió para moldear gran parte de la música de los 90s. Aunque eso signifique que también por el tiempo, los temas no suenan como hace treinta años, como fue el caso de Ana, que en la parte instrumental flaqueó, aunque luego cuando sonó ‘Where is My Mind’ o temas frenéticos como ‘Ed is Dead’, se olvidaban las penas. Y de cara al final, con el clásico bis, Lechantin cogió su parte de protagonismo y cantó ‘Into the White’, originalmente cantada por Deal, pero no tan emblemática como la otra. Así pues, un setlist prácticamente impecable. En cuanto a la parte vocal y la música, ya sabíamos lo que hay, la edad pasa factura, pero rindieron como se les exigía. Black Francis se desgañitó a gusto como exigía el guión.

Los Pixies hablando de ufolofía. Foto EFE/Morell

Golden Dawn Arkestra

Tal y como se esperaba, sobre el escenario Wiko se presentaron los estadounidenses Golden Dawn Arkestra, como una gran familia con panderetas, guitarras, una gogó, batería y cualquier instrumento que sirviera para dar más sensación de lisergia. A pesar de que lo suyo es la psicodelia, más que lisergia lo que transmitían era buenas vibraciones, como estaba previsto. Sus temas grandes como ‘Stargazer’ y la forma que tenían de tocar, bailando y con el público enchufado, hacía que fuera un gran momento para estar allí. El guitarreo, la danza y sus coros multitudinarios dando empaque a las canciones nos hicieron bailar con el agustor y la cerveza encima. Tuvieron largos desarrollos con alguna delicatessen guitarrera y sobre todo demostraron que a pesar de que no son uno de los grandes grupos del género, su debut ya muestra aptitudes, y sobre el escenario son una formación tremendamente divertida.

Biznaga

De ellos ya sabíamos lo que se iba a esperar. Un concierto incendiario, en el que no se anduvieron con chiquitas y tocaron todos los temas que se esperaban de ellos. Temas de mecha corta y con letras bastante explícitas, en las que se cagan en el postureo político y social, en el postureo y en otras actitudes que siempre está bien criticar desde un prisma punk como el suyo. Con temas como ‘Las Brigadas Enfadadas’ y sus estribillos contundentes, a pesar de la hora en la que actuaron, pusieron patas arriba el escenario Wiko. Es cierto que también tuvieron problemas con la parte vocal, pero se solucionó rápido con los acordes que golpeaban como una explosión de dinamita. Directos, inmediates y efectivos, que es lo que queríamos del grupo. Bien por su hostia punk. Y el momento ‘Mediocridad y Confort’, a topísimo con él. Y con ellos, retirada, que el cartel tampoco daba muchas opciones. Pero en resumidas cuentas, una jornada bastante completa que ofrecía conciertos grandes y otros notables con artistas más pequeños.

Domingo

Triángulo de Amor Bizarro

Con Triángulo de Amor Bizarro uno nunca se cansa. Igual que con los navarros, en este caso los gallegos (la gente del norte siempre bien, como Jon Nieve) también tienen himnos y hostias para repartir. Desde el minuto uno empezaron a repartir tollinas noise con un escenario que se convirtió en una nebulosa de ruido de la que empezaron a salir hits como ‘Desmadre Estigio’, ‘Baila Sumeria’ o ‘Robo tu Tiempo’. Salvo esta pequeña excepción, y alguna más, dedicaron la mayor parte de su tiempo a presentar el nuevo álbum, lo cual es totalmente lícito y además está bien, porque está lleno de canciones abigarradas que te expulsan varios metros atrás, ya sea por su sonido o por los espasmos que tú mismo haces.

Poco tardó en llegar ‘Euromaquia’ o ‘Nuestro siglo Fnord’, un encadenamiento que siguió por todo lo alto con ‘Estrellas Místicas’ y su entrañable “sonríe, hostia”. Porque aquí hemos venido a hablar sin tapujos, y para hostia, una vez más, la de ‘Ellas se Burlaron de mi Magia’, un misil directo al cerebro y que es de lo mejor que han hecho nunca. Después vino el reggae de ‘Barca Quemada’ y claro, ‘De la Monarquía a la Criptocracia’. Y con esto sí, se acabó el concierto con su consiguiente descalabre en el cuerpo.

Isa diciendo que sonriamos, hostia / Foto de JavierPhotoRosa

Lori Meyers

Sí, por aquí seguimos sin ser de Lori Meyers, pero uno acaba allí casi sin darse cuenta y bueno, el espectáculo de siempre. Miles de personas reunidas para ver a ese grupo que sigue arrastrando a tanta y tanta gente y que supone un seguro para el festival. No cansa a sus fieles a pesar de sus ritmos clónicos de batería (el sonido del que tiran los grupos del indie mainstream), y eso es mérito suyo. Justamente llegué para ver la tanda final, donde tocaron ya todo lo famoso que tienen, sus jitazos para que la gente se subiera a coscoletas, bailara y se desmelenara al completo: ‘Luces de Neón’, ‘Emborracharme’, ‘Alta Fidelidad’ y ‘Mi Realidad’. Y con eso atraes a 15.000 personas siempre. Una fórmula vigente y que seguirá siendo explotada por los festivales.

El Columpio Asesino

El escenario Ron Matusalem, cosas del sonido, sonó durante todo el festival, o como mínimo el domingo, con los graves demasiado altos. Y en un grupo como El Columpio Asesino, que tira de mucha ambientación con los teclados y las guitarras, puede ser un problema, puesto que ahoga esta ahoga al resto de sus instrumentos. Aunque eso no impidió que cumplieran, aunque no de forma tan notable como otras veces en las que exhibieron un sonido espectacular. Tampoco ayudó que su repertorio fuera más por temas no tan conocidos o no tan celebrados. Sonaron ‘La lombriz de tu cuello’, ‘Collar de Perlas’ o ‘Diamantes’, que son esos temas B que siempre se agradecen, pero faltaron muchos más. En cualquier caso, no fue óbice para que no dieran un buen bolo, especialmente con ‘Ballenas en San Sebastián’ y su siempre agitada versión de ‘Vamos’ de los Pixies. Un tema que escuchamos por partida doble en el festival. Y claro, hablando del grupo de Boston, no faltó el archiconocido ‘Toro’, que es un préstamo (por llamarlo de forma cálida) de River Euphrates. Pero q-q-q-q-q más da!, que dirían Kokoshca.

Ojete Calor

Si algo traía esta edición era también una versión friki para todo el panorama chanante. Y por supuesto allí había que estar. Porque Carlos Ojete y Aníbal Calor son un dúo completo. Fuera coñas, tienen bases de synth pop interesante, por no hablar de su gloriosa lírica, con recuerdos a Sandra Bullock, a Sarah Connor o al viejovenismo. Todo temas que sonaron allí en ‘060’, ‘Viejoven’ o ‘Tonta Gilipó’. Un auténtico fiestón con mucho cachondeo y con unas pintas bastante horteras encima del escenario. Justo lo que esperábamos. Lo que no se predecía era que hubiera tanta gente para verles, pero fue fantástico, miles de personas cantando “¡porque eres viejoven!”. Y después el bailoteo infinito que sería difícil de superar después de tal show. Porque esto sí fue un show. Pero de los buenos. Cosas como ‘Tonta Gilipó’ son las dignas de llevar a Eurovisión, ya que siempre enviamos a gente que pincha fácilmente, al menos apostar por currantes ingeniosos que se ríen de todo el mundo. Arriba Ojete Calor. NUEVO DISCO YA.

Y un poco más de electrónica para la próxima edición del Low, como en los tiempos de antaño con Erol Alkan, Massive Attack, Portishead o Etienne de Crecy. Este año había que volver por Pixies y varios más.

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