Mi educación emocional en cinco canciones de diez minutos

Experimento una particular fascinación por las canciones larguísimas, eternas. La mayor parte de la gente que conozco las detesta. A mí me sucede al contrario: cuando veo una canción que supera los diez minutos en un disco siento la perversa necesidad de escuchar primero ese corte y luego todos los demás. La cuestión toma tintes irracionales si os digo que no soy en absoluto un fan de lo progresivo, el género que seguramente más y mejor se ha prestado a los desarrollos interminables.

Lo mío es otra cosa. Por ejemplo, el post-rock. Si hay un grupo especialmente dado a las canciones de más de un cuarto de hora ese es Godspeed You! Black Emperor, cuyo disco más fantástico consiste en apenas cuatro canciones que, de media, duran veinte minutos cada una. De hecho tres de las cuatro canciones más largas de mi iTunes les pertenecen. La otra es de una cosa rara: un grupo japonés de rock progresivo llamado Asturias. No me preguntéis como he llegado a poseer eso.

De entre todas las canciones de larga duración que amo hay cinco capitales en mi vida. Me he educado emocionalmente con ellas. No son las mejores, ni pretendo que lo sean. No pertenecen a los mejores grupos, ni creo que sea necesario. Son mis canciones: las que han estado ahí cuando las he necesitado, las que me han servido de refugio o de plataforma para extender mi euforia, con las que he querido y he odiado, de las que conozco todas sus esquinas, todos sus ángulos. En el camino se han quedado muchas, pero estas cinco son mi educación emocional en alrededor de sesenta minutos.

Los Planetas – La caja del diablo

Cuando Los Planetas publicaron su ya legendario disco debut, Super 8, yo apenas tenía 4 años. No fue mi momento. Pese a ello, Super 8 también fue mi disco generacional. Llegué una década más tarde, pero llegué. Y desde entonces conozco cada rincón de Super 8 y de su cierre, ‘La caja del diablo’, que supone el inicio a una trilogía estupenda de tres canciones de nueve minutos: luego vinieron ‘DB’ (Pop) y ‘La Copa de Europa’ (Una semana en el motor de un autobús). ‘La caja del diablo’ fue la primera y será la última. Más o menos como Super 8. Por la distorsión, por la incapacidad de J de hacerse entender, por cómo eleva el tono nasal en la segunda estrofa, por la épica derrotista, por el homenaje constante a Spaceman 3, por sus coros finales.

Ideal para: te sientes adolescente, tu chica te ha dejado, te sientes destrozado pero sabes que en el fondo de tu amargura se esconde un pilar para edificar de nuevo tu orgullo. Ese pilar es ‘La caja del diablo’. El himno para desgraciados sentimentales. La canción por la que sentirte tan grande en tu derrota.

Television – Marquee Moon

Tom Verlaine me enseñó a amar la música. Marquee Moon despertó mi voracidad y educación musical: soy hijo de sus acordes, de su post-punk pre-punk, de su virtuosidad intimista. Con este disco y con ‘Marquee Moon’ comprendí que la música también podía ser arte y que yo quería conocer todas las formas ese maravilloso arte que era estético, técnico y emocional a un mismo tiempo. No es tanto por su interminable progresión final: también son las estrofas. Escuchar a Verlaine aullar “I remember how the darkness doubled” aún me provoca palpitaciones. No sólo es nostalgia, porque la emoción perdura para siempre, condensada en el crescendo brutal, histórico, antagónico, reliquia del siglo XX, de Verlaine y Lloyd, lo más parecido a un orgasmo que ningún músico pop haya creado jamás.

Ideal para: tu chica te ha dejado, pero tú ya desprecias las emociones. Has decidido que estás por encima de eso y ‘Marquee Moon’ te ayuda a superarlo. Te escondes en ella extasiado por la creación artística, obsesionado no tanto por las emociones como por la belleza pura y el mensaje que transmite. Estás solo, conduces solo, duermes solo. Sólo te acompaña Television.

Titus Andronicus – The Battle of Hampton Roads

¿Os acordáis de ellos? Este año sacan disco, pero no he venido a hablaros de ello, sino de la batalla de Hampton Roads. Cuando The Monitor llegó a mis oídos lo hizo para quedarse. De entre todas las gigantescas y excesivas canciones de Titus Andronicus, ‘The Battle of Hampton Roads’ es la más derrotista, la más borrachuza, la más exagerada y la más emocionalmente indispensable. Aún se me hace corta, pero en realidad es casi un cuarto de hora. Y tiene mérito hacerlo cuando se toca una suerte de punk tabernario. Las gaitas, Patrick Stickles vomitando toda su frustración sobre el micrófono, Nueva Jersey, la Guerra Civil como excusa para hablar de nuestra derrota y el fuzz, ese rasgueo que se estrella compulsivamente, al final de la canción, una y otra vez contra la misma piedra.

Ideal para: tu chica te ha dejado y quieres volcar y exprimir toda tu frustración, pero no sabes como. Te sientes el más desgraciado del lugar y quieres regodearte en tu lamentable estado emocional. Necesitas que alguien te comprenda y te cante que eres uno más de ese selecto club de perdedores que ahogan sus penas en alcohol. Patrick te comprende. Ve con él.

Mogwai – Mogwai Fear Satan

Mogwai son la calma y la tempestad al mismo tiempo. Sube, baja, sube baja. Es un esquema repetitivo, pero funciona. Más aún en ‘Mogwai Fear Satan’. Dieciséis minutos de redención. Por extraño que parezca en un disco tan abrasivo y oscuro como Young Team, ‘Mogwai Fear Satan’ son más luces que sombras. Es una tormenta de luz blanca. En su extraña y arrebatadora melancolía melodramática encuentro más motivos para ser feliz que para estar deprimido. La maraña de ruido, aderezada de instrumentos de viento, bastante poco habituales en la carrera de un grupo poco dado a la delicadeza, se prolonga en el infinito. Cuando parece que va a acabar siempre vuelve. Es una canción sin fin, maravillosa y embriagadora.

Ideal para: tu chica te ha dejado y tu no quieres caer en la dolorosa autocomplacencia. Quieres viajar más allá, conocer un lugar inolvidable en el que sobrevivir el resto de tus días. Tan idílico, tan perfecto, tan imaginario. En tu arcadia ideal no hay sitio para nadie más que para ti. Vives pensando en tu sueño, en tu imaginación, vives ignorando pero vives, al fin y al cabo.

Yo La Tengo – More Stars Than There Are In Heaven / The Fireside / And The Glitter Is Gone

Está bien: es trampa. Pero me da igual. Son mis canciones y hago con ellas lo que quiero. De entre las muchas y muy buenas canciones de larga duración que ha creado Yo La Tengo debo quedarme con esta, que no es una, sino tres, pero que en realidad sigue siendo una. Reíos del misterio de la santísima trinidad. Popular Songs es un disco resultón que termina siendo brillante en su recta final. Tres alegatos indispensables cargados de densidad emocional. El shoegaze soñador y apagado de ‘More Stars Than There Are In Heaven’, que siempre duele en un lugar del cuerpo que todavía no conocías. La lisérgica noche estrellada de ‘The Fireside’. La distorsión obsesiva y nihilista de ‘And The Glitter Is Gone’. Yo La Tengo os resumen los pasos para superar una ruptura.

Ideal para: tu chica te ha dejado y todo lo demás. Para sentirte vacío, desgraciado, melancólico, depresivo, imponente, psicodélico, poderoso, altivo, inestable, contradictorio, delirante, grandioso, aprensivo y, finalmente, resucitado. Nueve, once y quince minutos. Si tenéis tiempo, y para algo tan grande deberíais tenerlo, no sé por qué aún no habéis vuelto a ella(s).

Estas son mis cinco. Me da igual que sean obvias. Me da igual lo que penséis de ellas. Son mías y no necesito nada más de ellas. Ahora os toca. ¿Cuáles son vuestras canciones de larga duración favoritas?

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