Una edición tremenda a nivel musical

Powell, sin su gabardina de Inspector Gadget, a punto de empezar sus espasmos

Una vez más, tras la grata visita del año pasado, hemos vuelto al Mira Festival. En su edición de este año, además, se hacía una cita prácticamente ineludible. De nuevo apostando por artistas que otros festivales de mayor envergadura de la ciudad habían omitido, y que combinado junto a grandes nombres que levantaban gigantescas expectativas, dieron como resultado una edición espléndida a nivel musical. Algún pinchazo, como siempre, pero con un resultado buenísimo. Con otro gran sábado para recordar.

Viernes

Empezamos la ruta con Skygaze, que sacó a relucir los sonidos elocuentes que marcan su glitch hop, aunque tuvo problemas con su puesta en escena, con cinco minutos en los que parecía agobiado porque no sabía qué fallaba, si su portátil y algún MPC, o control de sonido. Algo que paró bastante el ritmo de su sesión, y aunque parecía que iba a abandonar, finalmente pudo rescatar el directo, aunque eso sí, se nota que aún tiene que pulirlo puesto que sonó muy lineal.

Aunque para lineal, porque es lo que ofrece el drone, lo que ofrecieron The Bug y Dylan Carlson de Earth, cuyo principal atracción era el conjunto que hacían entre acordes dilatados en el espacio con la percusión dura de The Bug. Sobre todo muy disfrutado por quienes sentían ese poderío sonoro en el pecho, una propuesta por la que alguien me preguntó que dónde estaba lo interesante del asunto (era su primer festi electrónico). En su caso, y como en otros, en la fuerza está el gusto. Aunque acabó siendo una iniciativa plana.

Y con gusto recibimos a Ash Koosha. El joven productor iraní no decepcionó. Tras su más que interesante debut del año pasado, jugó con esos otros sonidos orientales, acordes a la tradición musical de su país, que le permitieron darle a la IDM un cariz más exótico y alejado de las coordenadas sonoras canónicas del estilo. Esos detalles, sumados a las voces que transmitían cierto dramatismo, ahogados en eso sí, percusiones erráticas que cambiaban de patrón constantemente, hicieron de la suya una buena actuación, la última antes de uno de los momentos esperados de la noche.

Holden y los amigos de la lisergia

Sin duda, uno de los momentos más esperados del festival. La sola puesta en escena ya prometía, porque James Holden vino a hacer un directo, acompañado de batería, saxo, trompeta, un señor con instrumentos tribales y él con su cacharrería analógica. Un directo con todas las de la ley que empezó como su nuevo álbum, con los dos primeros cortes, un inicio, como el del LP, apasionante y evocador. Y tras esa introducción lisérgica pasó ya a ‘Renata’, que ‘sufrió’, entre comillas, lo que acarrea que sea un directo: se escuchaban más el resto de instrumentos que las secuencias que emitía Holden, que no sonaban tan diáfanas.

Sin embargo, eso no evitó que siguiera con un repertorio excelente, repasando los mejores temas de su nuevo disco como ‘Each Moment Like The First’, intercalados con The Inheritors, el otro protagonista de su actuación. De allí sonaron temas como ‘Blackpool Late Eighties’ o la tremenda ‘Gone Feral’, que recordaban una vez más la maestría de aquél trabajo, aunque el principal protagonista era el nuevo, con sus momentos lisérgicos que llegaban con ‘The Neverending’ o las secciones más progresivas del disco. Tuvo un final apoteósico que culminó con ‘The Caterpillar’s Intervention’, que fue la guinda a una buena actuación, aunque no espectacular porque lo suyo fue un directo. Sin comodidades software. Y en los directos se pierden matices, uno de los problemas que arrastró durante su concierto.

El que no se andó con muchos matices fue Powell, que ya desde el principio empezó con su caña en diferentes direcciones, expulsada violentamente desde su altar, en el que estaba ataviado con una gabardina cual Inspector Gadget. Y como siempre, disfrutando el primero con sus temas, mientras proyectaba en la pantalla de su mesa algunos referentes como Slint, mensajes propios de él como Sunday Valium o coñas (o quién sabe) como reivindicar a Meat Loaf. Su cruce electro con la ingeniería noise reportaron a los presentes un baile espasmódico, potente y divertido. Como se le exigía.

Coincidió en parte con Vril, cuya sesión fue de menos a más, eso sí, con techno de tomo y lomo desde el principio. Claro que a diferencia de Powell, lo suyo es más lineal y menos variado, bombos variados, bpms acelerados por momentos y música para horas de madrugada. Sin embargo, conforme fue llegando al final de su set, sacó la caballería y empezó a jugar más con las texturas y los detalles de las segundas capas, jalonando su techno uniforme con esos añadidos de calidad que adornan y ofrecen melodías pegadizas que pueden ser pura belleza. Así que una sesión bastante cumplidora.

Como cumplidora fue también la del malayo Tzusing, una buena elección para cerrar, ya que este es otro que no se anda con chiquitas a la hora de sacar el sonido que le ha traído hasta aquí. Jugó con la contundencia y la barbaridad de algunos temas que le definen, pero sobre todo ganó cuando optó por sonidos más orientales, porque no se puede obviar su procedencia, y en su caso fue un claro punto a favor. Como lo fueron también los visuales de Onionlab.

Sábado

Essaie Pas, jóvenes repartiendo estopa

Empezamos el sábado con la parte final de William Basinski, que al más puro estilo Sónar, tenía al público sentado en el suelo, intentando viajar con las evocaciones sonoras del productor norteamericano. Sin embargo, el suyo era un ambient de poca profundidad, sin matices y con poco que rascar, al menos la parte que vimos. Todo lo contrario que Essaie Pas (Marie Davidson y Pierre Guerineau), que demostraron su trabajo del año pasado tiene mucho que ofrecer. Aunque no todo fue synth pop de personalidad, en bastantes momentos se salieron del renglón para ofrecer unos postulados más technoides.

Y se agradeció, porque iban asomando la patita durante el directo, pero hacia el final sus descargas fueron mucho más poderosas y empezaron a hacer bailar al público, mostrando un gran sentido de la melodía, con bases pegadizas y potentes. Sin duda, una gran actuación. Y tras Essaie Pas llegaba el momento de Kelly Lee Owens, pero al parecer perdió su equipo y no pudo ofrecer el live, así que directos a Visionist, que era uno de los solapes jodidos.

Vino a presentar su precioso Value (Big Dada, 2017), lo que supuso a su vez un precioso directo. Su UK Bass mejorado, ahora con más profundidad, aristas sonoras y cuidada textura, ofreció un directo sorprendente, plagado de emoción, delicadeza y cierto aura de dramatismo, el mismo que rezuma su nuevo álbum. Y tras él llegó otro de los momentos esperados, el del grandísimo Voiski, que vino básicamente a demostrar por qué es uno de los mejores productores de techno actuales. Presentó su nuevo álbum y precisamente ofreció eso, un directo y no un set.

https://hipersonica.com/voiski-a-la-cabeza-del-techno-internacional-84939ebe7cfc

Empezó lentamente, sin mucho cuerpo, como su disco, más centrado en los sonidos, y poco a poco fue elevando la temperatura del asunto, empezando a hilar los temas que tenían más percusión y graves de músculo. Y acabó siendo uno de los grandes vencedores del día, porque lo suyo fue una exhibición. No el clásico de menos a más, sino que jugó con el personal, con ese inicio tranquilón, calentando la maquinaria, para acabar sacando la bestia que lleva dentro. Divertidísimo, potentísimo y bailongo. Un obligatorio hoy día.

µ-ZIQ perforando cerebros gustosamente

Y menuda programación el sábado, del technazo de Voiski a otro de los nombres indispensables, µ-ZIQ, que vino a presentar su nuevo álbum en primicia y a demostrar que es uno de los totems de la IDM. Lo suyo fue una barbaridad, lo mejor de todo el festival. Su machaque con el drill ’n’ bass, sus sampleos a Public Enemy, pinchar temas tan fabulosos como ‘Weakling Paradinas’ o los breaks que cada vez eran más vigorosos, hicieron que bailaras con una sonrisa de oreja a oreja y ese “qué cabrón” que te decías para tus adentros. Supo leer perfectamente la hora y el momento del festival.

Eso, junto a que vino para ir al grano, dando lo mejor de sí, hicieron que lo suyo fuese una actuación memorable. No es para menos siendo Paradinas. Tras el subidón del capo de Planet Mu llegó el momento de desinhibición y macarrismo con Paranoid London, que siempre son un acierto en directo. Aunque de directo tiene poco si al frontman le quitan el micro, como pasó, y sigue sonando su voz. Un pequeño detalle a tener en cuenta y que hace reflexionar sobre el porcentaje de ‘realidad’ de los shows electrónicos.

Pero sin duda, no se puede obviar lo divertido y guarro que tiene siempre su actuación. El ácido en vena junto al alud vocal mezclado con las bases que suelen ofrecer, convierten sus shows en momentos de hedonismo puro y duro. El acidorro explícito y en bucle siempre cumple. Como también cumplió, como estaba previsto, el clásico I-F en formato dj set, que volvió a mostrar el buen gusto que tiene, intercalando grandes clásicos con techno actual y soltando sin ningún tipo de rubor el ‘Spacelab’ de Kraftwerk. Puedes hacerlo cuando vas sobrado y manejas tan bien los tiempos de la sesión. Y como colofón, como era obvio y no por ello menos esperado, su gran ‘Space Invaders Are Smoking Grass’.

Y después de que sonara aquello, todos a la calle más felices que una pandereta, ya hacia diferentes destinos: algún antro, la cama o al Moog. Donde fuere, porque otra ventaja del Mira es el horario que tiene. Aunque eso son cosas secundarias, lo que cuenta es el potencial del festival, que este año ha conseguido una edición a nivel musical impecable.

Deseando que llegue 2018.

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