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Stoner Rock (II): redefiniendo el Stoner

De un legado hacia otros.

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Nos alejamos de los primeros años setenta y el camino empieza a hacerse menos evidente y mucho más sinuoso. La dirección a seguir se torna confusa, San Francisco sigue siendo la referencia pero aparecen focos un poco más al sur o a miles de kilómetros con oceános mediante. La sombra de Black Sabbath se alarga mientras que sus seguidores la reinterpetan de mil formas distintas, cadencias más o menos lentas, riffs más o menos gruesos pero con la psicodelia como leitmotif continuo. La ciudad de la bahía va quedando atrás, pero su influjo continúa siendo evidente en la distancia.

A llegada la década de los ochenta, el legado de Black Sabbath se encontraba a las puertas de volver a ser reinterpretado varias veces más, todas con riffs gruesos como constante, pero con cadencias y presencias de la psicodelia de forma bastante diferente. El culpable, en la mayoría de los casos, fue el Punk.

Redefiniendo el Stoner Rock (I): el Thrash como rescatador del riff

La primera de las interpretaciones de la obra de Black Sabbath tendría su eje en San Francisco, cómo no. Algunos podéis tacharla como circunstancial, pero la revolución que significaría el Thrash Metal tendría una fuerte influencia en el desarrollo de ese universo que conocemos como Stoner y en otra de sus aristas. Vendría desligado del componente psicodélico pero la presencia del Punk ocuparía su lugar volviéndose en un compañero imprescindible para el futuro del género. La marihuana y el espíritu contracultural seguían estando presentes, pero el Flower Power se vería sustituído por chalecos y chupas de cuero, por parches coronados por nombres escritos con letras angulosas y por melenas aparentemente desaliñadas y zapatillas J. Hayber.

Esta posible circunstancionalidad no solamente se diluye ante la importancia que supuso el rescatar al riff en un momento en el que punteos y guitarras dobladas dominaban el Metal, sino que volvía a colocar a San Francisco como eje de nuevo de una nueva revolución musical, una revolución que se extendería en el tiempo y que, conviviendo con los movimientos que paso a exponeros, tendría fuerte influencia en las obras cumbres del actual Stoner Rock.

Podría elegir cualquier momento de la obra de Metallica, Anthrax o Megadeth en la década de los ochenta, pero no hay ninguna duda de que Slayer crearon algunos de los riffs más memorables de la década, fundamentales para entender a los posteriores Sludge o Doom y para redefinir al actual Stoner Rock.

Redefiniendo el Stoner Rock (II): el Doom como reinterpretación de la psicodelia

Evidentemente hablar de Doom nos puede llevar a lugares dispares en el espacio y lejanos en el tiempo, por lo que puede resultar complicado condensar los algo más de veinte años que van desde el debut de Black Sabbath hasta el estallido comandado por Paradise Lost, Anathema y My Dying Bride. Además el Doom ha aparecido en multitud de formas en todo este tiempo, por lo que puede llevar a engaño. Pentagram, Candlemass o Cathedral definirían en tiempo y en espacio qué es el Doom, pero sería Wino Weindrich y sus Saint Vitus quienes establecerían con claridad ese eslabón que lo unen al Stoner actual.

Otra vez en California, pero esta vez en Los Ángeles, el Stoner daba pasos en la dirección que actualmente le presuponemos de la mano del alemán de nacimiento Wino, quien se convertiría en tangencial no solo por lo mostrado en los mil y un proyectos de Doom Metal en los que ha participado y participó, destacando Saint Vitus, sino que su obra en solitario, la pasada y la actual, constituyen un decálogo de los pilares que definen al género fumeta por antonomasia.

Importante por su pericia a la guitarra creando riffs icónicos, y por un hambre compositiva que le ha llevado por terrenos como el Rock acústico, el Folk y, por supuesto, todo aquello relacionado con el Stoner, Wino es un nombre mucho más importante que conocido, mucho más valorado por músicos que por el público, cuestión que entristece por incomprensión y por la pereza del oyente medio.

Redefiniendo el Stoner Rock (III): el Sludge como mirada al sur y al desierto

Inseparable del Stoner más metalizado en la actualidad, el Sludge surge como ramificación del Thrash Metal y su componente Punk pero respetando el componente atmosférico y lírico del Doom menos barroco y más primario. Convertido en un universo en sí mismo gracias a grandes estiletes como Neurosis con la llegada del nuevo milenio, en los noventa apareció pero mostrando dos caras bastante diferentes pero complementarias como el tiempo ha acabado demostrando, eso sí, ambas bajo el influjo del Stoner.

Heredando la visceralidad de los gruesos riffs con los que Saint Vitus o Cathedral definieron el Doom, sería la ruda presencia de interpretaciones vocales cercanas al Hardcore en combinación con atmósferas opresivas el denominador común al que las bandas integradas dentro de la etiqueta Sludge acudieron en un primer momento. Ésta vía es la que escogieron Melvins, tomando a los imprescindibles Black Flag como el necesario nexo al Hardcore. No solamente ejercerían influencia sobre el Sludge posterior ya que, como todos sabemos, fueron unos de los padrinos de la corriente Grunge que nacería de su mano en su ciudad, Seattle.

La otra cara del Sludge proviene de otro género rudimentario como es el Blues, eso sí, teniendo a New Orleans como eje y alejándose tanto de San Francisco como de California. Desarrollado por bandas como Acid Bath y Down (sin olvidarnos de Pantera), sería el groove en los riffs heredados del Blues, el Southern y el Country Rock el factor definitorio, respetando las cadencias cercanas al Doom impuestas por Saint Vitus pero alejándose, en inicio, del Hardcore de la otra ala del Sludge. Y digo en inicio porque la aspereza vocal del Blues aquí presente convergería, finalmente, con la otra corriente coronando en aquello que ahora muchos llaman Stoner/Doom/Sludge. Sí, con esas tres etiquetas.

Esto último sucedería al mismo tiempo que se desarrollaría el Desert Rock con Palm Desert como punto de partida, de nuevo en California. Kyuss serían el icono y la raíz de la que surgirían los vástagos que ya todos conocemos. Ellos añadirían el último matiz al universo Stoner Rock, de cuyos 10 mejores discos os hablaré en dos próximas entregas: la primera dedicada a lo mejor que surgió en dicho universo en los años 90, y la segunda con lo más destacado que ha surgido en los últimos tres años, que no han sido poca cosa.

Muchos de los caminos que comienzan en San Francisco cruzan el desierto