El alfa y el omega del noisepop. My Bloody Valentine necesitaron sólo un disco y medio y dos EPS para encumbrarse como el grupo más influyente del noise-pop, el germen de tantos grupos que vinieron dos décadas después de ellos a revisitar sonidos de guitarras licuadas, tristeza infinita y ruido blanco.

Hace cosa de una década, su relevancia era diaria, su influencia infinita. Tanto como, para que, al final, lograsen regresar del agujero negro en el que habían caído. Hoy, cuando ya no se puede ni escuchar sus discos en streaming, lo que vuelve seguramente a colocarles en tierra de nadie, en grupo de culto a punto de ser minoritario de nuevo, hoy es más necesario que nunca repasar la trayectoria de My Bloody Valentine disco a disco.

This Is Your Bloody Valentine (1985)

Puntuación: 0.5 de 5.

Horroroso. Una banda primeriza que en 1985 aún seguía intentando sacar partido al post-punk cuando ya estaba claro que los vientos empezaban a girar en otras direcciones. Se les perdona por todo lo que hicieron después, pero precisamente sus discos posteriores son los que anulan cualquier mirada de condescendencia hacia un disco aburrido del que no hay manera de rascar ninguna señal de que el grupo pudiese ser tan grande como posteriormente lo fue.

Entre que Kevin era jovenzuelo y que aún no se había agenciado a los músicos definitivos, This Is Your Bloody Valentine es tan olvidable que sólo debéis escucharlo si os interesa la prehistoria de la banda. Porque, de hecho, se puede decir que no son ni el mismo grupo: este amago aburrido de Birthday Party no se parece en nada a lo que vendrá después.

The New Record By & Sunny Sundae Smile (1986/1987)

Puntuación: 1.5 de 5.

Los siguientes pasos de la banda empiezan a ser más digeribles incluso desde la perspectiva del mito ruidoso en que My Bloody Valentine se convirtieron pero, siendo sinceros, tampoco hay demasiado donde rascar. Se dejan escuchar, sí, pero con The Jesus & Mary Chain en su mejor época (el ruido de Psychocandy, la suavidad agreste de Darklands) a Kevin Shields aún se le nota demasiado pegado a su entorno.

Pese a que ‘Sunny Sundae Smile’ tenga a ratos la belleza del indie pop canónico, My Bloody Valentine aún no saben ser ellos mismos, así que se conforman con ser un grupo más, de manera que estos dos EPs pasan del aprobado, pero tampoco aportan nada nuevo a quien vaya en busca de canciones donde se pueda intuir la explosión creativa de apenas un par de años después.

Ecstasy & Wine (1987)

Puntuación: 2.5 de 5.

Porque eso llega en su siguiente tanda de eps, recogidos después en un recopilatorio, donde ya sí empiezan a despuntar algunas de las características de los mejores My Bloody Valentine. Será coincidencia o no (SPOILER: NO), pero Bilinda Butcher llega a la banda y todo se empieza a disolver: las canciones de My Bloody Valentine se vuelven más etéreas, aunque aún no hayan despegado del todo del suelo.

Lo mejor es ‘Strawberry Wine‘, quizás por ser también el inmediato antecedente de Isn’t Anything y donde se ve más claramente el talento raruno con el que después conseguirán que su sonido sea exclusivamente suyo. No es imprescindible, pero sí disfrutable.

Feed Me With Your Kiss / You Made Me Realise (1988)

Puntuación: 4 de 5.

El primer golpe de genio real de la banda y un par de EPs que acaban resultando mejores que el disco que les acompañaba (Isn’t Anything)2. La banda ya está madura y comienza a malear su sonido hasta hacerlo completamente personal. A partir de la recepción de estos eps, su reputación se dispara y, lo que es más importante, su influencia en bandas de su tiempo también.

En canciones como ‘Slow‘ se gesta el shoegaze: las guitarras reverberando y con eco, los ambiente etéreos, el sonido licuado. Aún no han sepultado las voces, no han aprendido a usar también el estudio de grabación, pero ya son únicos.

La electricidad se apodera por completo de su propuesta, especialmente en directo, donde canciones como ‘You Made Me Realise‘ se convierten en tormentas de ruido blanco.

Dos EPs gemelos llenos de talento y que no han acusado nada los más de 20 años que han pasado desde que se editaran por primera vez. Si alguien os pregunta que eso eso del noise-pop, ponérselos será una magnífica y precisa respuesta

En la segunda parte de nuestro repaso, retomamos el camino justo en la publicación de Isn’t Anything (ya con el grupo en su alineación clásica) y seguimos hasta 1991, el momento en que My Bloody Valentine alcanzaron su cénit y casi callaron para siempre.

My Bloody Valentine – Isn’t Anything (1989)

Puntuación: 3.5 de 5.

Después del golpe de genio de los dos eps que acompañaron a este disco, Isn’t Anything es la primera obra larga realmente imprescindible de My Bloody Valentine. Las guitarras ya aparecen totalmente deformadas, con un sonido peculiarísimo como el que no tarda en escucharse en la canción inicial ‘Soft as Snow‘.

Ahora son un grupo mucho más consciente de sus posibilidades, por lo que empiezan a probar sus límites. La preciosa ‘Lose My Breath‘ muestra su capacidad para mostrarse sensibles a la vez que tenebrosos, con la voz de Bilinda Butcher sobre una capa de guitarras acústicas. En ‘Cupid Come‘, la influencia de Jesus & Mary Chain es transformada en la canción sobre la que se cimentará todo el shoegaze.

En ‘You’re Still In a Dream‘ o ‘Nothing More To Lose‘ , la electricidad comienza a saturarse tanto que la única salida posible es la que desarrollarán en Loveless. Y en ‘No More Sorry‘ el ruido blanco continuo acribilla desde el fondo la hipnótica melodía.

Isn’t Anything es un disco de os que crean escenas y con el que dan ganas de comprarse una guitarra y probar lo mismo que se hace. Es, en primera instancia, un disco mucho más asequible para el oído que Loveless. Exige menos, pero, a cambio, también da menos.

My Bloody Valentine – Glider EP (1990)

Puntuación: 4.5 de 5.

Glider EP lo es todo. O si no, al menos es un aviso serio de lo que Loveless iba a dar. Como muchos lo escuchamos por primera vez después del disco que encumbró a Kevin Shields y los suyos, el impacto de la perfecta canción de baile que es ‘Soon‘ no es tanto como debió de serlo para quienes lo escucharon cuando se editó. Pero, sin embargo, el resto de canciones revelan a un grupo superdotado y guiado por las musas.

La locura de las capas de ruido hacen de ‘Glider’ una experiencia fascinante. La música tiene, a veces, estas cosas: que por mucho que te conozcas una canción te sigue llegando como el primer día. Para mí, el tema titular de este EP es uno de los que nunca fallan: tiene una belleza difícil de explicar en sus tres minutos de capas de guitarras disonantes que inundan el espacio. En una habitación a volumen alto es como experimentar una marea sonora que te barre y desaparece dejándote hecho un guiñapo, pero más contento que unas pascuas.

Las otras dos canciones del EP no son anecdóticas, pero aparecen desubicadas en el camino que my Bloody Valentine habían emprendido: en comparación a lo que la banda estaba preparando suenan casi desnudas. Ahora, que cualquier grupo shoegaze (de entonces y ahora) hubiera pagado millones por tener la inspiración de un himno de pop ensoñador como ‘Off Your Face‘.

My Bloody Valentine – Tremolo EP (1991)

Puntuación: 5 de 5.

Uno no puede estar enamorado de Loveless y pasar del Tremolo EP, complemento indispensable (como Glider, pero aún mejor) para entender a My Bloody Valentine. En sí, el ep no necesita nada más que a sí mismo para convencer a cualquiera, pero puesto al lado del disco (se editaron ambos con escaso margen de diferencia), asombra más todavía.

Los arabescos de ‘Swallow‘, que al principio echan para atrás pero enseguida cautivan, la potencia noise de ‘Honey Power‘ o esa sensación etérea, de estar flotando en el espacio, que transmite ‘Moon Song‘ podrían haber haber entrado en un disco que, por sí solo, parece la cuadratura del círculo.

¿Os imagináis que se descubrieran nuevas tablas para ‘El Jardín de las Delicias’, de El Bosco, y que no sólo no arruinasen la obra, sino que pudieran verse como si siempre hubieran estado allí? Eso es Tremolo.

My Bloody Valentine – Loveless (1991)

Puntuación: 5 de 5.

Como te pille en el momento adecuado, Loveless te cambia la vida. Pero incluso mirado fríamente, sin pasión, es difícil negar que éste es un disco con sonido único. My Bloody Valentine se embarcaron en un temerario proceso en el estudio: llevar sus canciones más allá de dónde habían imaginado, rellenar todos los huecos posibles con guitarras eléctricas tratadas hasta la extenuación, montar capas y capas y capas de ruido para alcanzar nuevas fronteras.

Loveless es el disco del reverb, el delay, el feedback y otros muchos trucos para hacer sonar a las guitarras diferentes. Pero si sólo fuera eso, podía haberse quedado en lo exhibicionista, en el trabajo exhaustivo dentro del estudio sin alma. Sin embargo, éste es un album en el que, pese a que parezca lo contrario, el sonido se ajusta a las canciones. Hay mucha diferencia entre la abrumadora ‘Only Shallow‘, la feérica ‘To Here Knows When‘ o la melancólica ‘Sometimes‘.

Decir que es un clásico seguramente no haga justicia a un disco que, después de cientos de escuchas, aún me sigue proporcionando detalles que nunca había visto. En cierto de modo, es como mirar las nubes: parece que no cambian y, sin embargo, cada segundo que pasa aparecen nuevas formas.

Supongo que, como en el test de Rorschach, al final en las canciones de Loveless cada uno ve lo que quiere. My Bloody Valentine pintaron las manchas y 19 años después nadie ha sabido explicarlas del todo.

My Bloody Valentine – m b v (2013)

Puntuación: 3.5 de 5.
My Bloody Valentine - m b v (2013)

En Hipersónica, el día en que salió, nos imaginamos a Kevin Shields como Phil, de ‘Atrapado en el tiempo’, en un día de la marmota interminable en busca de esa canción que imaginaba, que tenía en su cabeza pero no lograba sacar.

Así había sido la preparación de m b v, un disco esperado durante 22 años. Se dice pronto, pero ahora, alejados del momento en que se publicó, aún sigue pareciendo un milagro que finalmente saliese. Kevin Shields, eterno inconformista, perfeccionista hasta la médula, se pasó dos décadas trabajando estas canciones. O dejándolas a un lado y volviendo de nuevo a ellas.

¿Mereció la pena? Lo hizo. Más cerca de ser un retorno a lo Portishead que uno a lo Pixies, el disco final de My Bloody Valentine recupera dulzura, ruido planeador, calma y tempestad. Sí, es continuista, a ratos simplemente anecdótico, como hablábamos en su día en nuestro repaso canción a canción, pero también dejaba cierta esperanza para un futuro muy diferente, uno en el que confiar en algo como ‘Nothing Is’ + ‘Wonder 2’, lejos del noise dulzón y entregado a la furia.

Si algún día vuelven, que sea desde ahí.

Apoya Hipersónica

Si te ha gustado este artículo y quieres contribuir a mantener la sordera de Hipersónica y que sigamos haciendo repasos discográficos y cinematográficos, puedes apoyarnos por muy poco. Si no te ha gustado, también puedes pagar; por nosotros guay.

1.99 €

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments