No podemos negar que el valenciano Paco Plaza nos resulta uno de los cineastas más atractivos y eficaces del cine de género fantástico que se hace en nuestro país. Sobra decirlo, es uno de los principales artífices de uno de los mayores pepinos de género que hemos visto en este siglo, pero desde entonces ha seguido explorando nuevos miedos e incluso los ha explorado saliéndose del género.

Quizá por esa manera de moverse entre estilos, sin perder su personalidad distintiva, es lo que lo hace uno de los directores más en forma del momento. Y para entender cómo ha llegado a ese estatus, repasamos la parte principal de su filmografía, dejando al margen otros trabajos que igualmente merecen mención por haber permitido luego su posterior carrera: Cuento de Navidad, del serial de Películas para no dormir de Chicho Ibánez Serrador, y OT: La película, junto a Jaume Balagueró que permitió empezar a meter el morro en la industria.

El segundo nombre (2002)

Puntuación: 3 de 5.

Unos años antes, su compañero habitual Jaume Balagueró adaptó Los sin nombre a partir de la novela de Ramsey Campbell, y no es complicado imaginar que él mismo le animase a adaptar otra de sus novelas, Pact of the Fathers. Aún no tenía desarrollado su particular toque narrativo, pero ya se puede apreciar aquí cierta eficacia al respecto, con una parsimonia muy cronenbergriana en su ritmo y en su forma de usar la música de Mikel Salas (aunque quizá sólo quiero verlo así por las batas de color rojo intenso y los procedimientos médicos), aunque también hay algo del sereno vistazo al corazón de la oscuridad que hace Jonathan Demme en El silencio de los corderos.

Quizá sea esta eficacia y buen pulso directorial lo que realza una historia más irregular e intrincada de más, con una protagonista de desigual interés. Nada terrible, aun así. De hecho el conjunto ofrece un visionado más que estimable y con más intenciones que la inmensa mayoría de thrillers cargados de algoritmo que nos puebla hoy día.

Romasanta, la caza de la bestia (2004)

Puntuación: 2.5 de 5.

Suena a giro brusco de guion pasar de un thriller de sectas a un drama gótico sobre hombres lobos, pero Plaza logra hacer una transición fácil empleando los elementos del thriller de investigación que ya tenían presencia en su anterior film. Por desgracia, aquí la película se sostiene menos, con una historia irregular y un ritmo un poco más denso, pero no faltan puntos de interés, desde plantear un drama sobrenatural desde lo más terrenal, al inspirarse en una historia real, hasta una lograda y memorable secuencia de transformación, pero esta vez de lobo a humano, bastante estremecedora.

[•REC] (2007)

Puntuación: 4.5 de 5.

Aún resulta increíble, casi quince años después, que Plaza y Balagueró se sacasen de la manga lo que hoy día parece un pequeño milagro. Además de un impecable trabajo de found footage y de falso documental, un potente cañonazo dentro de la variante de «zombies rápidos» y un magnífico relato costumbrista.

Como si El proyecto de la Bruja de Blair se encontrase con Aquí no hay quien viva: los funcionarios y cuerpos de seguridad dejados a su suerte por la autoridad superior, los periodistas con necesidad imperiosa de grabar todo lo que sucede hasta las últimas consecuencias, el grupo de vecinos que van desde la pareja de jubilados que se aguantan porque ya no queda otra hasta la familia de extranjeros que, por supuesto, son los primeros en ser señalados en cuanto se percibe el problema, pasando por la madre experta en echar mierda del resto para que luego sea la primera en liarla. Todos ejemplos reconocibles, todos perfectamente encontrables en ese particular ecosistema que es un bloque de pisos y que se notan perfectamente inspirados en la realidad (Plaza asegura que la idea de los vecinos asiáticos que nunca cierran la puerta vino de unos vecinos suyos de China que hacían lo mismo).

Pero además de crear un grupo de personajes perfectamente identificables con los que conectamos -incluso aunque con algunos sea por odiarlos- y conforme van cayendo uno a uno nos resulta significativo, y también establecer con pinceladas una interesante mitología propia (llevada al máximo con la introducción de la Niña Medeiros), tiene una acertada reflexión sobre el ansia comunicativo, la necesidad de documentarlo todo que hoy es más palpable que nunca (la propia cámara resulta un personaje en sí mismo), y también una increíble habilidad para generar sustos. Casi todos funcionan, cuando no dejan momentos realmente escalofriantes e icónicos como el punto donde pasa la cámara a visión nocturna. Es un absoluto tesoro de película, de lo mejor que se ha producido en nuestro país y una cima total del género de metraje encontrado.

[•REC]² (2009)

Puntuación: 3.5 de 5.

El dúo de directores regresó para afrontar el reto de hacer una continuación a un éxito tan rotundo como inesperado. Y su manera fue intentar replantear toda la esencia de la primera película, llevándola por completo al terreno sobrenatural y al género de posesiones para expandir la mitología, e introduciendo ideas e imágenes propias de un shooter en primera persona, dándole un carácter totalmente de videojuego de terror y supervivencia de los primeros dosmiles que sienta de maravilla.

No todo funciona a la perfección en esta secuela, ya que no tiene los mismos personajes conseguidos de la primera entrega y el apartado más de posesiones no integra del todo con lo establecido anteriormente, pero sigue siendo una cinta de terror estupenda, digna de más reconocimiento del que se le dio en su momento. Plaza y Balagueró muestran de nuevo un increíble manejo de la tensión, son más abiertos con sus influencias y hasta dejan momentos de humor muy macabro que funcionan estupendamente (para aplaudir ese momento de cargarse un infectado con cohetes de todo a cien).

[•REC]³: Génesis (2012)

Puntuación: 4 de 5.

Con la pareja de directores ya separada para explorar sus propios caminos, Plaza tuvo una parada más por el universo de infectados que habían creado. Lo hace rompiendo el formato, jugando con el metraje encontrado al principio para luego romper con él hacia una realización más «profesional», y rompiendo más con el tono, aunque la mayor parte lo que hace es amplificar cosas que ya estaban ahí.

Esta precuela/spin-off/whatever retoza en una comedia más cabrona y retorcida, que comienza haciendo sangre con esa parodia de los vídeos de boda con fotos de niños de los novios y continúa por gloriosos momentos como el fotógrafo obsesionado con el «cinema verité», la infiltración de los caballeros de «gloriosa» armadura o el ataque con motosierra de Leticia Dolera al ritmo de la ‘Eloise‘ de Tino Casal (Plaza, un maestro metiendo canciones en el momento justo, pero ya hablaremos de ello). Pero lo más refrescante en esta tercera película es su lanzamiento a tumba abierta hacia la película romántica, culminada con uno de los planos finales más bonitos de la filmografía del director. Génesis es pura diversión desenfrenada, pero también una de las películas más emocionalmente honestas que ha dado el cine español la pasada década. Doble triunfo.

Verónica (2017)

Puntuación: 4 de 5.

Podríamos hablar de su Expediente Warren particular, por su inmersión total en el género de posesiones demoníacas tomando de partida un caso real, pero faltaríamos a la verdad porque Verónica tiene menos espíritu tren de la bruja -no busca un sólo susto. Bueno, en realidad uno- y más de película sobre los Héroes del Silencio, el verdadero leitmotiv de la cinta.

Pero hay mucho más. Plaza hace un apropiado retrato del tener que crecer demasiado y demasiado pronto, de tener que hacerlo sin padre y con una madre hasta arriba para poder alimentar a sus cachorros, de no tener ni cinco minutos para poder ser una niña y que tus propias amigas te den de lado. Todo haciendo además un adecuado retrato de esa España de barrio de los noventa, donde las soluciones a tu posesión demoníaca no las encuentras en la biblioteca sino que tienes que ir al quiosco a comprarlas por fascículos. Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.

Quien a hierro mata (2019)

Puntuación: 4 de 5.

Pasar de poner en tu banda sonora a Héroes de Silencio a poner a Yung Beef  puede parecer un movimiento carente de coherencia estilística, pero sólo un maestro puede hacer que dicho movimiento funcione y tenga  sentido dentro de su libro de estilo. O hacer coincidir al mencionado  Yung Beef con Julio Iglesias en el mismo film. Nunca  se siente un cambio forzado, sino una evolución natural del mismo modo  que pasar del terror sobrenatural al thriller costumbrista y negro.

Las comparaciones con James Wan en la anterior película tenían sentido. Ambos directores son capaces de transicionar entre géneros sin perder personalidad ni pulso, empleando todas las herramientas a su disposición para tener al espectador totalmente participe del viaje o del relato en cuestión. Quien a hierro mata luce en todas sus vertientes, del thriller narcogallego al amargo relato de venganza. Y, de nuevo, Plaza deja uno de esos planos finales para el recuerdo, esta vez uno de los más negros de toda su carrera.

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1 Comentario

  1. Quien a Hierro mata hace coincidir a Young Beef con Julio Iglesias y….con Los Suaves.
    Escuchar No me Mires en los créditos finales es una elección acertadísima, al dejarte solo en la oscuridad tan solo acompañado de esa canción de tristes acordes y un amargo sabor a muerte en la boca.

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