PJ Harvey — Rid of Me (1993): latigazo lleno de actitud

PJ Harvey Rid of Me

Era complicado, pero PJ Harvey había logrado entrar por la puerta grande en su primera experiencia como líder total y reconocible de un proyecto. Tras su experiencia con Automatic Dlamini, formó su trío junto a Rob Ellis y Steve Vaughan, se ampararon bajo su nombre -cosa lógica, el trío nacía, vivía y moría en ella- y deslumbraron con su debut Dry (Too Pure, 1992), a pesar del poco apoyo y promoción por parte de su disquera. Parecía casi idílico desde fuera, pero con la potente irrupción llegaban de la mano una serie de eventos que venían a romper la estabilidad de la artista. Aunque lejos de debilitarla, le sirvieron para continuar adelante con su objetivo, para seguir opositando a ese hueco en el olimpo del rock que parecía destinado para ella.

PJ y su banda realizaron una extensa e intensa gira para presentar su primer trabajo. Una gira que, sumado a una pobre alimentación y a una ruptura sentimental, llevaron al límite a Harvey y esta acabó sufriendo una crisis nerviosa. Para más inri, más tarde la escuela de arte de Central Saint Martins le comunicó que no iba a seguir reservando su plaza, lo que provocó la marcha de la artista de su apartamento de Londres para regresar a su Dorset. Tras este cúmulo de desagradables experiencias, Harvey acabaría escribiendo las canciones que conformarían su próximo trabajo, Rid of Me (Island, 1993).

PJ Harvey, condenada a cruzarse con Albini

En esta ocasión el trío viajaría hacia Estados Unidos, concretamente hacia Cannon Falls, Minnesota, para la grabación de su nuevo álbum, el primero con su nuevo sello. A pesar de las reticencias de Harvey por firmar con un sello grande, causadas por su temor a perder el control artístico de su obra, terminaría firmando con Island tras su pobre experiencia con Too Pure. Eso le facilitaría poder contar con Steve Albini para producir su disco, un Albini al que la propia artista admiraba por el sonido que logró sacar en sus grabaciones junto a los Pixies, Slint o The Jesus Lizard.

La contratación de Albini, por tanto, no era ni mucho menos casual. De hecho, se podría decir que la carrera de Harvey estaba destinada a cruzarse en algún momento con el antiguo líder de Big Black. No hay más que ver el resultado. A nivel de sonido, Rid of Me es mucho más crudo y más afilado que su predecesor, la guitarra de Harvey suena mucho más certera y feroz, la batería de Rob Ellis retumba de manera estremecedora en nuestros oídos. Es un disco que en cuanto a sonido capta bastante bien lo que ofrece Albini como productor. Tanto que el susodicho le envió una copia del disco a Nirvana antes de ponerse a grabar In Utero (DGC, 1993), para que pudieran hacerse una idea de cómo podrían llegar a sonar.

No obstante, aunque el toque de la producción supone un buen aporte al resultado final, no debemos olvidar que los méritos principales que hacen de Rid of Me un disco tan brillante son de su autora. Harvey escribió de manera individual casi la totalidad de las canciones del disco, siendo la punzante versión del ‘Highway 61 Revisited’ de Bob Dylan -grabada como sugerencia de sus propios padres, muy fans de Dylan- la única excepción. Un detalle aparentemente anecdótico y casi banal -el proyecto lleva su nombre, es lógico que ella escriba las canciones- supone, en realidad, la culminación del proceso de reafirmación de PJ como escritora. Pasar de tener dudas sobre las canciones que escribía en la época de Automatic Dlamini a tener seguridad plena y total en sus cualidades compositivas, y eso termina reflejando en un cancionero potente e impresionante.

Harvey rinde con muy buena nota en casi todos los aspectos posibles del álbum. Desde unas letras muy viscerales y bastante personales, pasando por un desarrollo de las piezas más libre y menos arquetípico y acabando en una ejecución llena de actitud, dejando los ojos como platos tanto con su voz como con su manera de tocar la guitarra. Una guitarra que acaba llevando el gran peso de estas canciones y marca por completo el sonido, un fantástico cruce de caminos entre el indie rock, el blues y un grunge que vivía un momento cumbre por entonces.

Pero merece la pena detenerse en los elementos fundamentales del álbum: sus canciones. Harvey entrega aquí un cancionero espectacular, lleno de gemas que marcarían por completo esta etapa de su carrera y que pueden optar a la categoría de himnos como esa ‘Rid of Me’ (mejor incluso cuando la toca en vivo), ‘Rub ’Til It Bleeds’ o ‘Yuri-G’. Es capaz de dejarte piezas lentas e hipnóticas como ‘Missed’ o dejar poderosos zarpazos como ’50 ft Queenie’ o ‘Me-Jane’. Capaz de retorcer y recrudecer el ambiente con ‘Man-Size Sextet’ o de hacer estallar la habitación con ‘Man-Size’ o ‘Snake’.

Otro paso adelante para PJ Harvey en forma de latigazo lleno de actitud. Un disco, sin duda, necesario para el desarrollo de su carrera y para su confirmación como artista muy a tener en cuenta. Cuesta ya pensar que a estas alturas Polly Jean vuelva a sorprendernos con un ejercicio cuyo sonido se asemeje al de Rid of Me, mucho ha llovido desde entonces. Sin embargo, no veo del todo mal que esta PJ Harvey se quede en aquel momento temporal. Los siguientes movimientos terminarían de dar forma a lo que hoy conocemos: la leyenda, la artista esencial y una de las músicas que mejor ha sabido sobrevivir a lo largo de estas décadas.

8.1/10

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PJ Harvey - Rid of Me
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