Al igual que los peores artistas de nuestro tiempo, hay quienes hemos difuminado las fronteras de la persona y el personaje, la ficción. A mitad de camino entre la una y el otro llegué a afirmar que Sharon Van Etten, en palabras finas, era un artisto plomizo. Allí me debía hallar yo, dado que el axioma se nubla en mi memoria, ufano ante tan magno ejercicio de odio gratuito. Otra muesca en el revólver, ah, los podios intelectuales, se edifican con tanta facilidad como ligereza. Y cuando caen es maravilloso, de un estrépito bellísimo. Ahí, en la caída, en la vida de verdad, tan de verdad como su último disco, es donde gana Sharon Van Etten y donde pierde mi personaje. En una canción: ‘Tarifa’.

Entre la afectación contenida, el estribillo arrebatado y los arreglos de viento se despliega ‘Tarifa’ a contraluz, llevando la contraria a todas las listas de canciones para disfrutar el verano y reivindicando la figura de la tristeza, de la melancolía, acaso la alegría más dulce que podemos permitirnos de tanto en cuanto. Escuchad a Sharon Van Etten porque en Are We Here (2014, Jagjaguwar) no hay canciones para un verano convencional sino para el que podría haceros llorar entre carcajadas, aquel que se sufre, aquel que se disfruta todos los días hasta las siete de la madrugada.

Are We Here es también el disco que podríais llevaros a todos los lugares que se crucen en vuestro camino hasta que septiembre llegue y estropee todo lo que creíais sólido. Su propia portada invita a ello: a bajar las ventanillas del coche y a lanzarse preguntas sobre lo divino y lo humano, especialmente lo segundo, mientras el paisaje y la carretera se despliegan de forma interminable. Olvidarse de todos los demás, de ello habla ‘Tarifa’, de ahí parece nacer Are We Here, hasta ahí se dirige Sharon Van Etten logrando que el clásico disco de autor, Folk convencional, se convierta en un delicioso ejercicio de estilo. Intachable.

Todos los significantes de los que se rodea Van Etten son demasiado familiares. Toda la iconología que baña su portada y su música también: vivir sobre el asfalto, la tipografía manuscrita, el blanco y negro. El género. Ella misma. Su pasmosa simpatía y naturalidad. ‘Tarifa’ ha sido el argumento más convincente contra mis propios prejucios, si es que lo eran tales y no mera impostación, contra aquel concierto en el último Primavera Sound en la que ella estuvo lo mejor que pudo estar y que sin embargo no podía destacar por nada. Ni siquiera por malo. Va a ser la canción de mi verano, así lo he querido, así me lo he autoimpuesto. Agosto no entiende de personajes. Sólo de canciones.

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