Es conocida nuestra admiración por Tom Cruise por esta redacción (no por nada pusimos tres películas suyas entre lo mejor de la pasada década), pero ésta está lejos de ser irónica. Cruise se ganó nuestro cariño y respeto hace tiempo, sobre todo, por su trabajo al frente de la franquicia de Misión Imposible, la colección de blockbusters que se encuentran en lo mejor del género de acción de estos últimos 25 años, o incluso de todos los tiempos.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Cruise es gran culpable de esto, no sólo poniendo en riesgo su condición física en una serie de locas secuencias de acción delante de la cámara, sino que desde la producción se ha ido encargando de incorporar voces que redefinieran en cada película qué componía una película de Misión Imposible. Por eso hemos visto una increíble gala de directores pasando por la franquicia y por eso hemos visto en la música nombres que han ido desde Metallica y Limp Bizkit hasta Kanye West. Hoy es una nueva ocasión para rendir tributo a las locas aventuras de Ethan Hunt.

Los orígenes

Cuando Tom Cruise todavía era un niño de cuatro años, en los televisores de Estados Unidos se empezaba a ver por la CBS un programa de acción y espionaje llamado Misión Imposible. Bruce Geller creó una serie que detallaba a un grupo de agentes de organización secreta del Gobierno de Estados Unidos conocida como la Fuerza Misión Imposible. Tras un periplo inicial con Steven Hill como actor que interpretaba al líder de la unidad, la serie acabó siendo reconocida por la presencia de actores como Peter Graves o Greg Morris, que estuvieron durante las siete temporadas que duró la serie, y por el paso de gente como Martin Landau, Leonard Nimoy, Sam Elliott o Lynda Day George.

Años después, en 1988 se intentó una nueva serie de Misión Imposible que continuase a la anterior, con Peter Graves retomando su papel Jim Phelps, pero el retorno fue un desastre que veía decrecer sus audiencias con cada episodio de sus dos temporadas. La franquicia parecía acabadísima, pero Paramount aún veía posibilidades para la misma en la gran pantalla. Sólo les faltaba encontrar a alguien lo suficientemente apasionado por la propiedad intelectual para intentar renovar su enfoque para los nuevos tiempos. Por suerte para ellos, apareció Tom Cruise.

Parte 1: Sólo ante el peligro

Cruise fue fan durante su infancia de la serie original, y junto a su compañera de productora Paula Wagner empezaron a trabajar durante los noventa en una historia que funcionase para la adaptación cinematográfica. Al principio se contrató a Sydney Pollack, con quien Cruise había trabajado anteriormente en La tapadera, pero el actor y productor seguía en su etapa de coleccionar colaboraciones con grandes directores y atajó a Brian De Palma para el proyecto. 

La línea básica del argumento se tenía, pero con De Palma se descartaron dos enfoques que había pensados para la historia, y se trajo a diferentes guionistas para trabajarla: Steve Zaillian (La lista de Schindler), David Koepp (Parque Jurásico, La muerte os sienta tan bien) y, por último, Robert Towne (Chinatown). No obstante, la película entró en la pre-producción de la película sin tener todavía un guion terminado, con De Palma diseñando las secuencias de acción sin que Koepp o Towne estuvieran satisfechos con la historia sobre la que se estaba construyendo todo. Una práctica que se volvería habitual en esta saga: Ir pensando los grandes momentos de acción e ir encontrando poco a poco la historia que los articule.

De Palma convenció a Cruise de ir a rodar a diferentes localizaciones, como Praga, y desarrollar las secuencias de acción in situ. El estudio se mostraba contrario a esta medida, ya que querían reducir el presupuesto a unos cómodos 40 millones de dólares. Cruise peleó por la postura del cineasta, asegurando que la película terminaría siendo tan impactante y lujosa que justificaría su inflado precio por la recaudación en taquilla. Rodar en diferentes localizaciones en todo el mundo y hacerlas que luzcan en pantalla se volvería otra constante de esta saga.

La producción fue a buen ritmo y Koepp y Towne fueron capaces de dar consistencia a una historia que pondría al personaje de Cruise contra la cuerdas: Solo, con todo su equipo asesinado y tratando de destapar una conspiración que había llevado al fracaso de la Fuerza Misión Imposible. La producción logró terminar a tiempo y por debajo del presupuesto, algo raro en Hollywood pero que fue posible tras uno de los momentos cruciales en la película: La escena en el restaurante de Praga, que finaliza con Ethan Hunt escapando a través de los cristales tras una explosión en una de las peceras con langostas. 

El actor tuvo la idea para esa escena, pero resultaba complicado hacerla con un especialista de acción ya que no resultaba convincente y era complicado disimular los diferentes actores. De Palma, a pesar del riesgo, preguntó a Cruise si era posible que lo hiciera él mismo, y él accedió, logrando en el proceso una de las mejores secuencias de la película. Desde entonces, también sería tónica habitual la insistencia del actor por hacer él mismo las secuencias peligrosas, y terminó haciendo muchas de las que hay en esta película.

Con esos elementos aparentemente simples, consigue un estilizado y espectacular thriller de espinaje, donde Cruise comanda con presencia, fervor y reacciones necesarias para cada situación. Son impagables los planos de su cara cuando ve que la situación de la película se torna en su contra, o cuando está al filo de la navaja (o a dos centímetros del suelo). Las secuencias son fastuosas y al mismo tiempo elegantemente sencillas. De Palma es capaz de hacer florecer las sensaciones del guion (aunque el argumento es de hecho bastante complicado de descifrar), narra con un ritmo infatigable de inicio a fin y se pone morado de planos holandeses. Y kudos por cómo hacer funcionar las máscaras.

A pesar de las críticas de los actores de la serie original (comprensibles, al final estamos hablando de convertir al personaje principal en el villano), la película fue muy bien recibida y casi ha borrado el rastro anterior de la serie. La crítica reaccionó positivamente, pero el público directamente la abrazó con unos 56 millones en su estreno el fin de semana del Día de los Caídos (un fin de semana de 4 días). La película consiguió unos 180,9 millones de dólares sólo en Norteamerica, 100 millones por encima de su presupuesto, y globalmente logró unos impresionantes 457 millones. A Cruise le salió bien la apuesta de su primera franquicia (y de reducir su sueldo a cambio de un porcentaje de las ganancias).

Parte 2: Volad, palomas

Por supuesto, Cruise ya tenía claro que había que hacer Misión Imposible 2, y que esta podía ser su primera franquicia consistente. Su primer instinto fue repetir con De Palma, pero este manifestó su desinterés en hacer secuelas. La estrella entonces decidió tirar de viejos conocidos y llamó a Oliver Stone, con el que había trabajado en Nacido el cuatro de julio.

No obstante, a pesar del interés de Cruise, la secuela llevó mucho tiempo en desarrollo. Su agenda se vió fagocitada por la demencial producción de Eyes Wide Shut con Stanley Kubrick, que le llevó 15 meses de rodaje. Stone se terminó cayendo del proyecto ante la demora, y Cruise pasó a fijarse en un talento emergente en Hollywood: John Woo.

El director hongkonés se había convertido en referencia del cine de acción con pepinazos como The Killer o Hard Boiled, y dió el salto a los Estados Unidos de la mano de Jean-Claude Van Damme en Blanco humano. Sus siguientes esfuerzos incluyeron Broken Arrow: alarma nuclear y el monumental éxito de Cara a cara, que llevó a Cruise a fijarse en él para la película. Él y Wagner querían darle un giro a la franquicia incluyendo más acción, que fue más disimulada en la primera. Woo, con su particular sentido para la misma, parecía el indicado.

Juntos trabajaron en el diseño de espectaculares escenas de acción mucho antes siguiera de tener un guion que las uniera juntas. Antes de que Robert Towne subiera a bordo para dicho rol, la película ya tenía varias escenas planificadas, tenían intención de rodarla en España y en Australia y tenían a Thandie Newton como interés romántico. Para intentar dar cierta consistencia a todos los elementos (la demencial acción, el triángulo amoroso, el espinage), el guion tomó mucha “inspiración” de Encadenados, la película de Alfred Hitchcock.

La producción llegó a ser tan complicada como antes de comenzarla. Diversos problemas, como una tormenta sin precedentes en Australia, alargó el rodaje 40 días más de lo esperado, lo que llevó a que Newton se saliera de la adaptación cinematográfica de Los Ángeles de Charlie y que Dougray Scott, que interpretaba al villano, tuviera que renunciar a ser Lobezno en la película de X-Men que iba a comenzar a rodar poco después de esta.

Y la cosa no terminó ahí. La post-producción también trajo numorosos dolores de cabeza para Woo, que tras un primer corte de tres horas y media recibió numerosas quejas del estudio, reclamando que la duración se situase por debajo de las dos horas y que eliminase la violencia y dureza para que la película fuera apta para mayores de 13 años. Cruise terminó tomando las riendas durante el montaje de la película, dejando al director mayormente fuera del proceso, intentando armar algo consistente que satisfaciera las demandas del estudio.

Quizá por eso mismo la historia resulta de las más inconexas de la saga, además de tener un tramo medio especialmente pesado y carente de ritmo que hace el visionado aburrido, algo casi imperdonable en una película de Misión Imposible y en una de John Woo. Aun así, los tramos donde la película se despereza es cuando se vuelve un estimulante trabajo de acción exagerada y divertida, y parecen realmente una película de Woo. Los primeros 15 minutos son un cañón, gracias a la espectacular secuencia de escalada que Cruise insistió en hacer él mismo (para desgracia del director, cuyo temor a las alturas le dio no pocos ataques de pánico al temor de acabar matando a Cruise en uno de los saltos), y luego el cruce de caminos en España es un torbellino emocional y demencial que parece casi un sueño febril, y se le perdona hasta que acabasen haciendo unas FALLAS EN SEVILLA.

¿Y los 30 minutos finales? Puro espectáculo. Cruise permite a Woo que se venga arriba y mete todos los sellos característicos de su cine: cámara lenta, secuencias con dos pistolas, escenas cuerpo a cuerpo dominadas por patadas (como homenaje a Bruce Lee, por el que Cruise y Woo compartían pasión), una persecución magistralmente planificada y montada y una escena con PALOMAS. Ah, y la maravillosa pelea final con Dougray Scott, con el brillante momento de la pistola de arena para el recuerdo. Es tan vibrante todo que te lleva a olvidarte la casi una hora de tedio, falta de tensión sexual e incomprensión que le ha precedido.

Y el efecto olvido dio su fruto, ya que la película se volvió un éxito inapelabe y superior a su predecesor. Fue la segunda película más popular en Estados Unidos aquel año sólo detrás de El Grinch y por encima de Gladiator, la sensación de aquel año, con 215 millones de dólares recaudados. En el resto del mundo también superó a su predecesora, consiguiendo en todo el mundo 546 millones de dólares. Y eso que las críticas no fueron especialmente agradables, y a día de hoy está considerada (justamente, por otro lado), la peor de la franquicia. Y, aun siendo la peor, ofrece una experiencia y una clarividencia en la acción que la inmensa mayoría de blockbusters son incapaces de igualar.

Parte 3: Alias

Misión Imposible III era poco más que una realidad a falta de ser materializada. A John Woo no se le ofreció volver, siendo el único director al que no se le ofreció esta segunda oportunidad en toda la franquicia, y el trabajo rápidamente pasó a manos de David Fincher. A pesar de una idea muy sólida, con Sylvester Stallone como posible villano, Fincher rápidamente se bajó del proyecto por diferencias creativas y pasó a intentar dirigir Los amos de Dogtown, de la que también se acabó marchando.

Cruise volvió a encender su radar en búsqueda de nuevos talentos y puso su mirada en Joe Carnahan, que acababa de hacer la sensación indie Narc. Carnahan pasó 15 meses desarrollando el proyecto, pero sus múltiples choques creativos con el estudio le llevaron a marcharse de una forma que consideró que iba a ser su fin en el sistema de estudios de Hollywood (por suerte para él, pudo continuar trabajando haciendo películas como Ases calientes, El Equipo A o Infierno Blanco).

Una vez más en la estancada, Cruise lidió con la nueva decepción mirando en su pila de screeners, parando su atención en unos DVDs que contenían la primera temporada de una serie de espias: Alias. El actor quedó tan impresionado que se pegó un atracón con la temporada e investigó quién estaba detrás de aquella serie. El nombre era J. J. Abrams, un joven productor y director de televisión que antes había creado la serie Felicity y estaba preparando otra más ambiciosa llamada Perdidos, pero no había dirigido nunca una película. Cruise no sólo le dió el trabajo, sino que con le consiguió un presupuesto de 150 millones, que en su momento fue la mayor cifra que un cineasta había recibido nunca por su primera película.

No obstante, el proyecto tuvo que hacer un parón importante, ya que Cruise tuvo que sumarse a La Guerra de los Mundos de Steven Spielberg que acaba de recibir luz verde. Eso dio la oportunidad a Abrams y su equipo creativo de rediseñar toda la película y darle una vuelta a todo lo que había pensado para que Carnahan dirigiera. La primera gran decisión fue retomar la idea de Misión Imposible como una fuerza de espionaje en equipo, en lugar de la guerra personal de Ethan Hunt, así se introducen nuevos rostros como Jonathan Rhys Meyers, Maggie Q o Keri Russell (con la que Abrams trabajó en Felicity y le lanzó este guante para mostrar al mundo que valía para estrella de acción), aunque el que al final perdura es un Simon Pegg que había comenzado a destacar gracias a su trabajo con Edgar Wright.

Se introducen también dos elementos diferentes para intentar sacudir la idea principal que compone una película de Misión Imposible. Por un lado esta la insistencia en el mcguffin (una de las señas de Abrams como cineasta), la “pata de conejo” mencionada constantemente pero nunca se desvela de qué se trata, mostrando por un lado lo irrelevantes que son en realidad las amenazas mundiales en esta clase de película (aunque dudo que Abrams tuviera esa intención) y al mismo tiempo marca un objetivo claro que todas las partes en conflicto de esta película buscan.

El segundo es profundizar en la parte humana y emocional del personaje de Ethan Hunt, haciendo que tenga algo importante que perder con la figura de su mujer, interpretada por Michelle Monaghan. Aunque el personaje podría estar mejor escrito, ayuda totalmente a darle otro poso y otra energía a la película, haciendo que cuando vemos a Cruise corriendo (corriendo MUCHO y MUY FUERTE) por las calles de Xitang sea mucho más urgente y emocionante para el espectador y para el personaje.

También está uno de los aspectos más discutidos de la película, pero creo que funciona totalmente en su beneficio: el comienzo in media res, mostrando a Cruise en una situación ya crítica y poniendo énfasis en los dos elementos mencionados antes (la pata de conejo y el personaje de Monaghan) para que focalicemos allí la atención. Y también permite establecer de antemano la amenaza real que supone el personaje de Philip Seymour Hoffman, a todas luces el mejor villano de la saga, y cada vez que lo vemos en la película sabemos el peligro real que supone. También ayuda el propio Hoffman, que hace una interpretación brillante y muy poco habitual en películas de esta clase: No sólo sabe transmitir lo amenazante del personaje, sino que sabe canalizar su energía para que sea opuesta a la energía estelar que desprende Cruise, y también tiene otro momento para brillar en la escena de la suplantación de máscaras donde hace una sutil interpretación del Hunt de Cruise caracterizado como el villano. Todo oro.

Es por ello que siempre he sentido que esta es la entrega más infravalorada de la franquicia, especialmente porque la recepción en taquilla se recibió como una ligera decepción. Cruise volvió a anotarse un tanto con su octava película consecutiva que supera los 100 millones de recaudación, pero la debacle que supuso su aparición en el programa de Oprah Winfrey (saltando histérico en el sofá y gritando su amor por Katie Holmes) había dañado su percepción pública y la taquilla se vió claramente mermada: 134 millones en Estados Unidos, muy por debajo de sus dos predecesoras, y globalmente se quedó por debajo de los 400 millones. Y eso que las críticas fueron bastante positivas en general, pero no cambiaba el parecer de Sumner Redstone y de Paramount, que buscaban la manera de continuar Misión Imposible sin su estrella.

Parte 4: Escala por tu vida

En consecuencia, Paramount terminó su acuerdo con Cruise/Wagner Productions, uno de los motivos por los que Paula Wagner dejó de figurar como productora en las siguientes secuelas. Su siguiente medida fue intentar buscar enfoques para una nueva etapa de Misión Imposible sin Cruise, que afrontaba una de las peores rachas de su carrera: Leones por corderos fue uno de sus peores estrenos en taquilla, Valkiria funcionó mejor pero fue un intento vano de volver al cine de prestigio y de Oscar, y por último llegó una de sus peores películas, Noche y día.

Desde Paramount estudiaron diferentes posibilidades, incluyendo un reboot total con un equipo de espías jóvenes liderados por Brad Pitt desde la distancia. Finalmente se optó por una elegante “entrega del testigo” con Tom Cruise haciendo una última película que introdujese a su relevo. Para este rol se consideraron a diversos actores, de Anthony Mackie a Tom Hardy, e incluso Chris Pine, pero el trabajo fue a manos de un Jeremy Renner que estaba en proceso de despegue desde su revelación en En tierra hostil. En este mismo perido, Renner había firmado para cuatro franquicias en las que iba a tener un rol importante, pero al final ya tal: Misión Imposible, Los Vengadores de Marvel, la saga Bourne y Hansel y Gretel: cazadores de brujas (LOL).

Recuperando la tradición de cortesía, se le ofreció a J. J. Abrams la posibilidad de volver como director, pero este terminó descartándolo para poder hacer Super 8. Entre los considerados figuraron nombres como Ruben Fleischer (Zombieland) y Edgar Wright (sobra las presentaciones), pero el trabajo acabó siendo para Brad Bird, que iba a hacer su debut en el cine de acción real tras pasar casi toda su carrera centrado en el cine de animación, especialmente como uno de los hombres de confianza en Pixar con Los Increíbles y Ratatouille. Todo estaba preparado para hacer la transición pacífica.

Pero subestimaron la determinación de Cruise por evitar que la franquicia que le había costado tanto edificar fuera a parar fuera de sus manos. Rápidamente convenció a Bird para su bando, motivando su creatividad a la hora de elaborar secuencias tanto de acción como de espionaje que luego él haría en realidad, sin dobles. Introdujo también en el proyecto a Christopher McQuarrie, guionista que destacó pronto con Sospechosos habituales y coincidió con el actor en Valkiria. Desde esa experiencia, el guionista se ha convertido en uno de los cineastas predilectos para Cruise, formando parte en la inmensa mayoría de sus proyectos durante la pasada década, comenzando con Misión Imposible: Protocolo fantasma.

El combo de los tres resulta perfecto, porque ayudan a poner de nuevo la importancia en Ethan Hunt como héroe de acción sin renunciar al jugoso toque de equipo que había recuperado Abrams en la anterior entrega. Simon Pegg vuelve para ser el alivio cómico, Renner cambia su rol a un analista menor que pasa a ser uno más del equipo y se pone la guinda con Paula Patton. Pero la clave vuelve a ser reenfatizar a Hunt como un héroe que hace lo debido incluso de forma suicida, ya que lleva arrastrando todavía el trauma de la primera película de haber perdido a todo su equipo.

De ahí que la primera escena donde lo vemos en acción evita la salida fácil y atraviesa un mar de puños y patadas con el objetivo de “no dejar a nadie atrás” y rescatar a uno de sus mayores aliados durante su estancia en prisión. Este espíritu kamikaze se extiende a lo largo de una fastuosa película donde la intriga está perfectamente calibrada, cada escena esta trabajada al milímetro (no es una sorpresa que estas películas están en constante reescritura incluso mientras están rodando) y dejan numerosos momentos para el recuerdo, como la infiltración en el Kremlin o el ballet de coches de lujo en la pelea final.

Pero la palma se la lleva todo el tramo que tiene lugar en Dubai, que ejemplifica todo lo bueno que es capaz de hacer Misión Imposible: tras una explicación detallada del plan, para dejarnos claro que está en riesgo y cómo se desarrollaría si todo sale como lo previsto (spoiler: rara vez lo hace), se nos lleva al edificio más alto del planeta, el Burj Khalifa. Y, por supuesto, el plan implica que Tom Cruise escale el rascacielos por fuera (y, recordemos, que esto lo hace sin dobles para que le puedan rodar y se vea que él esta haciendo la secuencia). Tras dejarnos sin aliento, llega la fase del plan del juego de engaños, donde la intriga hace que la tensión se corte con un cuchillo. El juego de espías nos vuelve a dejar mordiéndonos las uñas hasta que llega el momento donde el villano sale en su huída, por lo que toca perseguirlo. Y es entonces donde empieza una fabulosa secuencia de persecución con Tom Cruise corriendo (corriendo MUCHO) que nos vuelve a dejar al borde del asiento con todos sus giros y ejecución de lujo. Una delicatessen.

Incluso aunque tras el despliegue de Dubai la película pierda un poco el ritmo, Protocolo fantasma es otra maravilla de la franquicia que volvió a ganarse el cariño de público y crítica, y resucitó definitivamente a Cruise como superestrella. Sólo en Estados Unidos consiguió unos increíbles 209 millones de dólares, e incluyendo la recaudación en el resto del mundo la cifra se va a 694 millones, convirtiéndose en su momento en la película más taquillera de la franquicia y en la más exitosa de Cruise, superando a La guerra de los mundos. Ya era inapelable.

Parte 5: Doble o nada

Brad Bird volvió a recibir la oferta para dirigir una quinta Misión Imposible, como manda la tradición, pero el director lo rechazó al igual que rechazó la posibilidad de dirigir el episodio VII de Star Wars para poder centrarse en su proyecto soñado: Tomorrowland, el día del mañana. Cruise entonces decidió que la mejor decisión era darle las riendas al que se había convertido en su mayor escudero, Christopher McQuarrie. Antes de recibir el encargo, McQuarrie había hecho con Cruise su segunda película como director, Jack Reacher, y había colaborado en el guion de Al filo del mañana, también protagonizada por Cruise.

Sin embargo, el guion no recayó inicialmente en él, sino que se partió con una idea base del guionista Drew Pearce. Posteriormente, Pearce fue reemplazado por Will Staples, y este fue relegado por McQuarrie, que entró a la producción de la película sin un guion propiamente dicho, descartando todo lo que habían ofrecido sus predecesores. Lo que sí había era ideado y diseñado con Cruise las secuencias de acción principales de la película, buscando la historia a contar un poco sobre la marcha (un modus operandi habitual en la casa).

Había dos secuencias totalmente ideadas antes de tener nada más, que muestran la apuesta a todo o nada que Cruise quería hacer y McQuarrie aceptó un poco sin terminar de creérselo. La principal fue una secuencia bajo el agua donde el actor iba a tener que aguantar la respiración durante seis minutos. Los detalles como lo que tenía que robar (o reemplazar), la complicación de los brazos giratorios o cómo iba a salir del tanque estaban por pulir, pero estaba claro que 1) la secuencia tenía que ser bajo el agua y 2) se iba a mantener la intriga con la pista visual de un medidor de oxígeno y la previa explicación de un plan que luego se va a torcer. Esta segunda clave es la que marca a McQuarrie como un espléndido narrador de acción, manejando el suspense de cómo se va a desarrollar la acción pero sin dejar al espectador perdido o sin referencias visuales o narrativas.

La otra escena clave es la escena donde se pone el dinero: El Ethan Hunt de Cruise agarrándose al lado de un avión en pleno despegue y manteniéndose hasta que el hacker de Simon Pegg le abra la puerta para infiltrarse. La suicida determinación de Cruise de hacer él mismo la escena en un avión que despega de verdad deja a la audiencia atonita al ver en todo momento al actor en medio de una descabellada secuencia en la que puede salir gravemente herido en el mejor de los casos. Es tan efectiva la escena que fue mejor herramienta promocional que cualquiera de los trailers que sacaron posteriormente. Y es la primera secuencia de la película.

No es que falten secuencias a lo largo de una intrincada, en ocasiones confusa, trama de espionaje que nos lleva de la ópera en Viena (ganando a la franquicia Bond en su propio juego: la elegancia) hasta una estimulante persecución por Casablanca que implica varias fases y vehículos. Pero el trabajo en todas estas escenas no es el único triunfo de la película y del tándem Cruise/McQuarrie, y la Ilsa Faust de Rebecca Ferguson se antoja como el mayor hallazgo de la película: tiene sus propias escenas de lucimiento en la acción (siendo el cenit claro la secuencia en la ópera), un arco emocional bastante consistente que la pone bastante pareja al protagonista y la (fabulosa) interpretación de Ferguson ayuda a mantener la incógnita hasta el final sobre en qué bando se colocará al final.

Todas estas grandes apuestas resultaron positivamente. Tras adelantar el estreno al verano para no competir con Star Wars y la última de Bond, Spectre, la película se volvió uno de los mayores éxitos de la etapa estival. La crítica y público volvió a rendirse a Cruise y la franquicia, dejando a Misión Imposible: Nación secreta sólo ligeramente por debajo de Protocolo fantasma en cuanto a números: 195 millones en Estados Unidos y a nivel global unos 682 millones que la colocaron en su momento como la segunda más exitosa de la saga. Hasta que el dúo maravilla decidió romper la banca a lo grande.

Parte 6: Pasado y futuro

McQuarrie también recibió la oferta de repetir como director, y a estas alturas se ha formado un vínculo tan fuerte con Cruise que no tenía sentido separar caminos, así que hizo historia volviéndose el primer director en dirigir más de una película de Misión Imposible. Incluso aunque el proceso le dejara tan agotado que no viera posible la manera de continuar la historia, aceptó el reto de volver a superarse.

Su regreso a las tareas de director y escritor, además de los retornos de Rebecca Ferguson, Sean Harris o Alec Baldwin, invitaban a pensar en un más de lo mismo, pero McQuarrie se cuidó de dicha posibilidad. Cambió buena parte de su equipo creativo, desde el director de fotografía Rob Hardy hasta el cambio de su compositor habitual Joe Kraemer por Lorne Balfe, por mencionar algunos de los principales. Aunque el mantuviera el espíritu de la saga, incluso recuperando algunos hilos y referencias del pasado, su intención no era de hacer otra película más. Incluso su ambición era que la gente viera los primeros minutos de la película y pensaran que se había cargado la saga.

Estuvo cerca de cargarse otras cosas, eso sí. Por un lado el tobillo de Tom Cruise, que se rompió en una de las escenas de acción sobre los tejados de Londres (y cuyo instante de rotura se puede ver incluso en la película), aunque poco importó porque el actor se incorporó antes de lo previsto para no retrasar en demasía la producción (¿recordáis la escena de Hunt corriendo a toda pastilla sobre un techo? Sí, tenía el tobillo roto entonces y aun así corre más rápido que tú). También estuvo cerca de romper para siempre el Universo de DC con la exigencia a Henry Cavill de no afeitarse el bigote que había dejado crecer para interpretar su papel en la película, teniendo que hacer los reshoots de La liga de la justicia con el bigote teniendo que ser eliminado digitalmente con desastrosos resultados. Las cosas como son, es un buen bigote.

Pero el resultado habla por sí solo. McQuarrie logra un perfecto tono que mantiene el disparatado divertimento con un toque sombrío y crepuscular que pone más en jaque a Ethan Hunt y su propósito de salvar a todo el mundo aun a costa de sí mismo. Recuperando elementos de su pasado, y con una calibrada narración con actos en lugar de palabras que expongan con letras de neón las motivaciones del personaje, vemos a Hunt más empeñado que nunca en no dejar a nadie atrás, en pelear hasta el último segundo por salvar el mundo porque el mundo merece ser salvado y siendo perseguido por los fantasmas de la gente que no pudo salvar o a la que tuvo que renunciar.

La película mantiene la energía en todo momento de sus dos horas y media que nunca se hacen tan largas gracias al planteamiento de base que Cruise y McQuarrie se impusieron: ¿Y si todas las escenas fueran la mejor escena de la película? Es complicado quedarse con sólo una de las increíbles secuencias que despliega con una elegancia y pulso supremos, ya que todas tienen buenos argumentos: la secuencia de intriga pre-créditos, el salto HALO (mis más sinceros halagos al operador de cámara que hizo el salto junto a Cruise y al que los grabó para el making of), la pelea en el baño de la discoteca donde Cavill recarga sus puños como si fueran escopetas (de verdad), la secuencia de huída en París, Cruise corriendo por los techos de Londres o el monumental clímax que combina desactivación de bombas, peleas físicas con Rebecca Ferguson y una persecución de helicópteros.

McQuarrie da una magnífica lección de planificación de las escenas y de rodarlas con una combinación de elegancia y brutalidad. La acción más pura es espectacular en todos los sentidos, las interacciones entre personajes son puro fuego y las secuencias de intriga tienen una perfecta precisión propia tanto de Alfred Hitchcock como del mejor cine de atracos. Suficientes argumentos para considerarlo el mejor director de acción ahora mismo en Hollywood.

Pero si queréis más, veamos los números, donde Misión Imposible: Fallout barrió con rotundidad convirtiéndose en el mayor éxito de la franquicia. 220 millones de dólares sólo en Estados Unidos, lo que sumando los 570 millones del mercado internacional hacen unos impresionantes 791 millones de dólares. Otro triunfo absoluto para un Tom Cruise que ya ha despejado las dudas sobre su cualidad como estrella de cine absoluta.

El futuro: Avanzando a toda costa

Tras otro monumental éxito, McQuarrie volvió a tener dudas sobre si iba a seguir teniendo ideas para avanzar la franquicia tras haber echado el resto en sus dos últimas entregas. Pero ante la tentadora oferta de hacer dos entregas más de manera consecutiva, haciendo de esta franquicia algo prácticamente tan suyo como de Cruise, es difícil resistirse. Además de los rostros habituales, veremos regresos prometedores como el de Henry Czerny o Vanessa Kirby e interesantes incorporaciones como las de Hayley Atwell, Pom Klementieff, Shea Whigham o Esai Morales.

Aunque nada se puede dar por sentado, dado el habitual espíritu de improvisación y cambio que domina cada producción de Misión Imposible, además del añadido problema de la pandemia global que obliga a modificar todos los planes en función de la disponibilidad y las posibilidades de cada país. Si un país te da permiso para volar uno de sus puentes, allí que vas. Aunque haya más incertidumbre que nunca al respecto, podemos confiar en que Cruise responderá al reto con creces.

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Gustavo Woltmann
Gustavo Woltmann
12 days ago

Una de las mejores sagas de películas que ha existido, y muy buena reseña!! -Gustavo Woltmann.