¿Puede una franquicia sobre unos juguetes que cobran vida convertirse en una de las mejores reflexiones humanistas y sobre el significado de la vida? ¿Puede una saga de animación de público principalmente infantil lograr cotas cinematográficas superiores a las de El Padrino? La respuesta a todo eso, como ha demostrado Pixar, es afirmativa.

De la idea de tratar de explicar qué convertía a Mad Max en una saga perfecta nació la cuestión de qué otras sagas podrían presumir, a su manera, de ser intachables. De que cada película sea esencial para hacer más brillante a la saga, y cada una responda a una pregunta diferente para hacerla más interesante. Por eso, hoy nos metemos de lleno en la franquicia de Toy Story.

Los orígenes

Hay que remontarse a 1982, cuando se estrena una película que tuvo poco éxito pero alcanzó pronto un culto importante: Tron. Sus revolucionarios efectos especiales por ordenador fueron reveladores para un importante número de jóvenes, en especial para un joven John Lasseter, que por aquel entonces se encontraba trabajando para Disney como animador. De dicha experiencia sacó el deseo por hacer algún día una película completamente animada por ordenador.

Lasseter propuso la idea a Disney de hacer La tostadora valiente una película completamente animada con esta tecnología, pero instantáneamente rechazaron la idea y poco después le mostraron la puerta de salida del estudio. El cineasta pasaría después a trabajar para Lucasfilms, aunque sus revolucionarias ideas pronto captarían la atención de un ambicioso emprendedor, llamado Steve Jobs, con el que un par de años después fundaría Pixar.

Con recursos para poder llevar a cabo su sueño, en 1988 se creó el primer corto del estudio completamente creado por ordenador: Tin Toy, contada desde la perspectiva de un juguete recién comprado. La película ganó un Premio Oscar en la categoría de Mejor Corto Animado y fue la primera película de este estilo en conseguir tal hazaña. La atención generada por Tin Toy hizo que Disney volviera a poner sus ojos en Lasseter.

No obstante, el cineasta se mostraba receloso de volver y ser un director más en el estudio, pudiendo seguir haciendo historia con su joven y refrescante compañía. Entonces es cuando Michael Eisner y Jeffrey Katzenberg deciden que la mejor decisión es llegar a un acuerdo con Pixar para poder producir una película. Sin embargo, inspirados tras un acuerdo por el que Tim Burton pudo producir Pesadilla antes de Navidad como película de Disney pero fuera del estudio, Lasseter y el equipo demandó condiciones similares para poder garantizar cierta libertad creativa. Tras varios tiras y aflojas entre Eisner y Jobs para llegar a un acuerdo satisfactorio en cuanto a derechos y la producción de películas, ambos cerraron su asociación en mayo de 1991.

Parte 1: No eres el centro del mundo

Así, Lasseter, junto a varios pesos pesados del equipo creativo de Pixar como Andrew Stanton, Pete Docter y Joe Ranft, comenzaron a trabajar en un largometraje sobre juguetes partiendo de la idea de Tin Toy. A lo largo del tiempo se fueron trayendo diferentes guionistas para terminar de dar con la historia qué contar, y buscando inspiración en diferentes tipos de películas para añadir profundidad y mejorar la construcción del mundo de la película.

Se decidió por centrarse en esta buddy movie entre los dos personajes principales, uno un vaquero (representante del género western) y el otro un astronauta (por la ciencia ficción), y el equipo creativo tomó inspiración de ver películas como La extraña pareja, Fugitivos, Límite: 48 horas y Huida a medianoche. Disney además sumó a unos cuantos guionistas para ayudar a dar forma a la historia: Joel Cohen, Alec Sokolow y, más tarde, Joss Whedon, que incluiría detalles como el personaje del Dinosaurio Rex o la idea de que Buzz Lightyear no se diera cuenta de que era un juguete.

Para convencer a los actores para tomar el riesgo de dar voz a voz a unos personajes animados para una película que era toda una incógnita, el equipo daba a forma a secuencias donde los personajes recreaban escenas donde los actores recitaban un monólogo, para ayudar a dar una idea visual de lo que se buscaba. Con Tom Hanks, primera opción de Lasseter para Woody, se le mostró un clip con su voz en Socios y sabuesos. Aparte de Hanks, se consideró a Paul Newman, mientras que para Buzz se buscó conseguir a Billy Cristal, Bill Murray, Chevy Chase y Jim Carrey. Finalmente, tras varias negativas, se optó por un hombre de la casa Disney: Tim Allen, que protagonizaba Un chapuzas en casa.

No obstante, fue complicado el avance tras varias de las sugerencias creativas de Katzenberg, que quería darle un toque más cínico y oscuro a la película y los personajes para que contrastase con otras películas de Disney. Tras ceder ante sus demandas, se llegó a editar una secuencia previa que se mostró a los ejecutivos de Disney. Dicha secuencia mostraba a Woody más como un villano, que trata de matar a Buzz y trata con tiranía al resto de juguetes. Mientras grababa la voz para esta secuencia, Hanks incidió el que personaje era bastante “capullo”. Algo con lo que coincidieron los ejecutivos de Disney, que vieron aquella escena y quedaron espantados con el resultado. La conclusión era que había que cancelar aquel proyecto. 

Katzenberg no comprendía cómo había podido suceder y su compañero Thomas Schumacher le respondió lo siguiente: “Porque ya no era su película. No es la película que John vino a hacer”. Lasseter y su equipo recibieron una segunda oportunidad, e hicieron un trabajo express para poder salvar la película, reescribiendo con Whedon y animando bocetos sin descanso. Con un resultado más cercano a lo que querían conseguir, lograron calmar los ánimos y recibieron luz verde para seguir adelante. Conforme avanzaban con la producción, y aun habiendo dudas sobre cómo iba a reaccionar el público a la película, los más escépticos en Disney se mostraban cada vez más complacidos con el resultado.

Y es que el resultado, a día de hoy, sigue siendo una auténtica maravilla. El carácter de buddy movie funciona a la perfección, y en tan sólo 85 minutos te logra solidificar los arcos emocionales de ambos personajes. El viaje de Buzz para darse cuenta de lo que en realidad es, y del potencial que realmente hay en ello, es impecable, pero el arco más interesante (como siempre en esta saga) es el de Woody. Acostumbrado a una realidad donde era el rey del cotarro por su condición de favorito de Andy (la figura divina). Tras perder ese estatus, su envidia termina siendo su perdición y la película le lleva por un camino de redención, encontrando una valiosa amistad en lo que antes consideraba su mayor enemigo y recordando que el valor de un juguete no está en la jerarquía que ocupa, sino en ser capaz de cumplir su función casi paternal con su niño.

El público abrazó todo eso. La crítica se rindió ante ella. Superó a taquillazos como Batman Forever, Apollo 13 o GoldenEye y fue la película más exitosa en taquilla en 1995. Logró unos 350 millones de dólares en todo el mundo y luego haría historia en los Premios Oscar, no sólo siendo la primera película animada en lograr una nominación a Mejor Guion y Randy Newman se llevó dos nominaciones por su banda sonora y por su canción ‘You’ve Got a Friend in Me’. Aunque no logró ninguno de esos, sí que recibió un galardón por su Logro Excepcional en el mundo de la animación. Pixar había logrado triunfar.

Parte 2: Hay más mundo del que conoces

No pasó ni un mes del estreno de Toy Story y las dos partes involucradas tenían claro que una secuela estaba en sus planes de futuro. Joe Roth, sucesor de Katzenberg como jefe de los Estudios Disney, planteó a los gerifaltes de Pixar seguir la misma estrategia que iba a seguir Disney con algunas de su producciones como Aladdin o El Rey León, cuyas secuelas fueron directas a vídeo doméstico. Algo a lo que se accedió, permitiendo a Lasseter delegar funciones de director mientras él se centraba en co-dirigir Bichos: Una aventura en miniatura con Andrew Stanton y Pete Docter trabajaba en lo que más tarde se convertiría en Monstruos S.A.

A Lasseter se le comenzó a ocurrir la idea para la secuela al ver a un niño en el aeropuerto llevando con gozo su muñeco de Woody, lo cuál le hizo ver que Woody ya era algo más que su creación. Con un nuevo equipo creativo a bordo, se fue trabajando en la historia a base de algunos descartes de la primera película (como la secuencia inicial del videojuego de Buzz Lightyear o la pesadilla de Woody siendo tirado al cubo de basura) e incorporando ideas como el coleccionista de juguetes Al, que estaba muy inspirado en John Lasseter (y, de manera muy perturbada, se nota).

La producción fue bastante atropellada. El trabajo no se avanzaba al ritmo suficiente y lo que se mostraba no terminaba de convencer a Disney, por lo que se pidió a Lasseter que tomará las riendas una vez terminase con Bichos. El cineasta accedió, ascendiendo en el proceso a Lee Unkrich, que había ejercido como montador en la primera película y también en Bichos, como co-director. Y como parte del equipo de animación estaba centrada en la otra película, Steve Jobs cogió al equipo de animadores e ingenieros que había trabajado en los dos juegos de ordernador de la franquicia, cerró la división de juegos, y los puso a trabajar en Toy Story 2.

El trabajo en animación, que buscaba las maneras de mejorar lo mostrado en la primera película, estaba resultando satisfactorio y en tiempo récord. Roth y Peter Schneider, de Disney, veían asombrados los resultados y decidieron que lo mejor era lanzar esta película directamente en cines, lo que además ayudaría a cubrir la elevación en los sueldos para poder realizar la producción. Aun así, hubo incidentes como la vez que uno de los animadores introdujo por error un comando que borró el 90% de los dos años de trabajo realizados. El pánico fue devastador, al no encontrar la manera de recuperar los archivos del sistema. Por suerte, Galyn Susman, una de las directoras técnicas, tenía copias de todos los archivos en su ordenador, al llevárselos en casa para poder trabajar desde allí mientras cuidaba de su bebé recien nacido.

Para poder acelerar el proceso y terminar de pulir los flecos a la historia, Lasseter trajo a su equipo creativo de referencia, con Stanton, Docter y Ranft, y así poder evitar tener que rehacer toda la película, a pesar de sugerir a Disney que esa podría ser la solución. El proceso fue ardio y agotador para todos los involucrados en el proceso, pero pudieron terminar de hacer toda la película en un plazo de 9 meses.

Y aunque uno podría cuestionar la necesidad de una secuela, Pixar demostró con creces que podían seguir contando más cosas a través de este mundo de juguetes y con estos personajes, especialmente con el de Woody. La película toma la inteligente decisión que luego se convertiría en la gran constante de esta saga: hacer a Woody cuestionarse su rol y todo el sistema de creencias que hasta ahora mantenía. Su arco le lleva a plantearse por primera vez su “mortalidad” (los juguetes son más bien seres inmortales, pero su mortalidad va más en relación a su función para con los niños) y también el universo que hasta ahora conocía. Observar toda la parafernalia de los juguetes del Vaquero Woody y las promesas de un futuro como objeto de adoración le llevan a plantearse la posibilidad de un destino diferente. Finalmente, opta por aceptar su “mortalidad”, rechazar quedarse atrapado en una vitrina, y apreciar la vida que hasta ahora se le había proporcionado.

Otra vez, el resultado fue otra obra maestra que volvió a ganarse el cariño de crítica y público. Los primeros plantearon incluso que esta secuela era superior a la original y los segundos acudieron en masa a verla en cines, consiguiendo unos increíbles 497,4 millones en todo el mundo y 245,9 millones tan solo en Norteamerica. Numeros que superaban con creces los dos previos trabajos de Pixar y se quedaron por detrás de la cinta de animación más exitosa por aquel entonces: El Rey León. Los Oscar sólo la reconocieron en la categoría de Mejor Canción (la categoría de Mejor Película Animada no llegaría hasta 2001), pero fue galardonada con un Globo de Oro a Mejor Película Musical (?) o de Comedia (¿supongo?), algo que las películas animadas rara vez obtenían y sólo le precedían La bella y la bestia y El Rey León.

Parte 3: Dónde está tu Dios ahora

En el nuevo acuerdo realizado por Disney y Pixar para poder hacer Toy Story 2 se estableció un compromiso de realizar 5 películas originales (las secuelas no estaban incluidas, tampoco Toy Story 2). Disney tenía los derechos de los personajes creados para poder utilizarlos en sus parques temáticos y también para hacer secuelas ante las cuales Pixar tenía derecho a rechazar. En 2004 Michael Eisner creó el estudio Circle 7 Animation para poder realizar secuelas de Monstruos S.A., Buscando a Nemo y, también, Toy Story.

Se buscaron diferentes guionistas que proponían ideas para una tercera película. Entre las premisas se encontraban una visita a la abuela de Andy, donde los juguetes harían una investigación sobre la desaparición de otros juguetes nuevos en un estilo de misterio y asesinato whodunit, y otra donde Buzz empezaba a mostrar defectos de fábrica y era mandado a Taiwan para reparación, con los juguetes viajando hasta allí para rescatarlo ante la posibilidad de ser destruido por la fábrica.

Pero con la llegada de Bob Iger como jefe de Disney en 2006 se cambió de dirección, se compró finalmente Pixar, se cerró Circle 7 Animation, y se puso a John Lasseter de jefe de animación de Disney junto a Edwin Catmull. Iger decidió pasar la producción de secuelas directamente a Pixar, y entonces el núcleo duro habitual (Lasseter, Stanton, Docter y también Unkrich) comenzó a elaborar la historia para Toy Story 3. Con su nueva responsabilidad en la empresa (además de su afán por hacer, por algún motivo, Cars 2), Lasseter delegó la función de director principal a Lee Unkrich, con la idea de tomar de nuevo la franquicia para una cuarta película. Ni se llegaron a leer las propuestas realizadas durante la etapa de Circle 7, buscando llegar a ideas frescas, y entonces se llegó a la idea de llevar a los juguetes a una guardería y que Andy estuviera a punto de marcharse a la universidad.

Unkrich declaró que se llegaron a ver todas las películas de prisión para coger ideas con las que crear la guardería, convirtiendo lo que parece un lugar idílico en una pesadilla. Y probablemente verían unas cuantas pelis de atracos, ya que se nota una elaboración de plan muy al estilo de dichas pelis, además de la ejecución del mismo mediante el montaje rememora dicho estilo. Para la aclamación universal recibida hasta el punto de denominarla la mejor de la saga, resulta sorprendente que parezca la película más de género de las cuatro.

También es, sorprendentemente, la más religiosa de la franquicia. Aunque esta sea una película con Woody menos en el centro, el conflicto con el villano principal muestra un interesante choque sobre las diferentes filosofías y religiones establecidas por los diferentes grupos de juguetes. Los de Andy, viéndose abandonados por Su Dios (el dueño), que se marcha a la universidad, se encuentran desamparados y en busqueda de un nuevo propósito, con Woody siendo el más terco a la hora de renunciar a dicha religión. Los juguetes de la guardería, ya acostumbrados a ese abandonados, deciden montar su propia comuna o secta, con el oso Lotso ejerciendo un rol autoritario que no se puede cuestionar y no tarda en mostrar su fea cara oculta.

El grupo de juguetes tiene que reflexionar con su recién encontrada “mortalidad” y su recordado (y celebrado y llorado) clímax con los personajes acercándose al incinerador les empuja a la aceptación de que, al final, se tienen el uno al otro, y no necesitan de la figura divina o un reemplazo en forma de secta para encontrarse a sí mismos. Su despedida final de Andy, con nuevo destino en casa de Bonnie, suena un poco a reemplazo de Dios, pero la actitud de los personajes ya resulta diferente con respecto a la que comenzaron.

Como he dicho, la película fue aclamadísima, con mucha gente considerándola la mejor de la saga. El entusiasmo fue tal que se convirtió en la primera película animada en recaudar en taquilla los 1.000 millones de dólares en todo el mundo, superando con creces a sus dos precedesoras juntas. Los Oscar tampoco se pudieron resistir a ella, y además de darle el merecido galardón a Mejor Película Animada y otorgarle uno a Randy Newman en Mejor Canción, también se logró colar entre las nominadas a Mejor Película. Y aunque parecía el cierre perfecto, en el seno interno estaba claro que aún había más historia que contar.

Parte 4: Matar a Dios, buscarte a ti mismo

Poco después del lanzamiento de la última película, Pixar comenzó a trabajar en una cuarta cinta, pero con los labios sellados al respecto y todas sus cartas pegadas al pecho. No fue hasta 2014 cuando se anunció que se iba a desarrollar Toy Story 4, con John Lasseter de nuevo como director a partir de una idea nacida otra vez del núcleo duro y con Rashida Jones y Will McCormack sumándose como guionistas, pero el proceso había comenzado mucho antes del anuncio.

Lasseter quería que la película fuera una dedicatoria a su mujer y el amor que le profesa, haciendo esta cuarta película más cercana a una comedia romántica. El largo proceso hizo dar varios giros a la historia, especialmente con la incorporación de Josh Cooley como co-director. Más tarde, la llegada del movimiento Me-Too destapó el historial de acoso sexual y comportamiento inapropiado con empleadas de Lasseter, al que “se le dejó marchar” en 2017. Cooley cogió las riendas del proyecto, con nuevos guionistas reescribiendo el material de Jones y McCormack, entre ellos Stephany Folsom, que había trabajado con Andrew Stanton en sus dos primeros films. Este nuevo enfoque de la historia se centró en el regreso de Bo Peep y su choque filosófico con Woody sobre el concepto del “juguete perdido”, algo temido y muy cercano a la comentada “mortalidad” de los juguetes (actividad/olvido/abandono).

Recuperando el espíritu de Toy Story 2, donde se cuestiona más profundamente las ideas de Woody sobre el mundo y le lleva a mirar a un destino personal mayor alejado de la idea de Dios (el dueño), la película es otro pequeño gran triunfo por parte de Pixar. El equipo creativo de la compañía siempre se muestra acertado al centrar la historia en él, en cómo empieza la película equivocado sobre la vida, y como la historia le lleva a un crecimiento personal que le lleva a renunciar un poco de lo que consideraba inamovible. En este caso, aparte de la figura divina que no necesita para cumplir su propósito (hacer feliz a un niño), se ve en posición de dejar atrás a su grupo de amigos para poder encontrar la realización personal. Y algo especialmente inteligente por parte de la película es no tratar esta separación como tragedia, sino como una aceptación necesaria y afectuosa. A veces el camino te obliga a separarte de la gente que quieres pero eso no tiene por qué significar el final o el abandono. 

Y esto sin entrar en el propio personaje de Forky, que abre muchas posibilidades sobre los conceptos de existencia, ser y consciencia en el mundo de los juguetes. Su crisis de identidad que tiene que superar a lo largo de la película es uno de los desafíos conceptuales más interesantes de la saga, y además se enfoca desde la comedia absurda y muchas veces desde el excentricismo del cartoon, mostrando también lo perfectas que son estas películas a la hora de manejar tonos dentro de las mismas.

Sin hacer demasiado ruido, y a pesar de ser recibida con mucho excepticismo, la película volvió a ser otro triunfo, con una recaudación ligeramente superior a su precesora superando, nuevamente, los mil millones en todo el mundo, y logrando otro galardón a Mejor Película Animada en los Oscar. Entiendo que mucha gente se mantenga en su excepticismo y mantenga, incluso con vehemencia, que es la película más floja de las cuatro, pero a veces pequeñas obras maestras como esta requieren de un tiempo para ser apreciadas. A mí ya me está pasando con Onward. Todo llegará.

El futuro: Quién sabe

Sin duda aún es pronto para saber si esta saga aún tiene más que contar. Hasta ahora los cineastas han mostrado que siempre han respondido el reto de expandir conceptos en la historia, así como de seguir revolucionando la animación con cada película. Es posible que una Toy Story 5 esté ahora mismo ideándose, aunque la idea del estudio es centrarse durante un tiempo en producción original más que en secuelas. Si ellos mismos ven que hay potencial para otra historia más, creo que se han ganado nuestra confianza ciega en que lograrán aterrizar de pie, ya que toda su historia han demostrado que con pocas cosas tienen más cariño dentro de la compañía que con Toy Story. 

Y ese cariño es el secreto de por qué es una saga perfecta.

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