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Selected Ambient Works 85–92: la construcción del nuevo ambient

25 años del primer y seminal disco de Aphex Twin


El 12 de febrero de 1992. Esa fue la fecha en que Selected Ambient Works 85–92 (Apollo/R&S, 1992) fue publicado. La fecha en la que un jovenzuelo llamado Richard D. James empezó a construir su legado, un legado que aún hoy sigue dejando una huella clara en cantidad de artistas del mundo (no sólo) de la electrónica. Y lo seguirá haciendo, porque este supuso el principio de una carrera que ha revolucionado la música electrónica de las últimas tres décadas. Aphex Twin había llegado para cambiar las normas.

Aunque es cierto que el primer lanzamiento fue un año antes con Analogue Bubblebath (TVT, 1991) (joder cómo sigue sonando), este fue el primero de sus tomos bíblicos, de una serie de álbumes que sentarían las bases para una nueva interpretación del ambient, del uso de los armónicos, de la convergencia de estos con el techno y, principalmente, de la IDM, quizá el estilo en el que más huella ha dejado. Aunque es sólo una apreciación personal, pues en su mano también están también algunas de las producciones ambientales más relevantes de las últimas décadas.

Un álbum y un productor que vinieron a cambiarlo todo

En cuanto a Selected Ambient Works 85–92, del que siempre sobrevolará el mito o el trolleo — sabiendo de quien hablamos — de los primeros temas datan de esa primera fecha, siendo un chaval, es un álbum con un mal acabado. Los cortes están grabados en diferente volumen y la producción no es tan exquisita como la que encontramos en su ulterior trayectoria. Sin embargo, qué importa(ba) eso. Una de las claves del trabajo es que tenía un enfoque (seguramente involuntario) de romper con lo masivo de aquellos días, una época en la que aún flotaba el ácido en The Haçienda. Pero la explosión rave también había generado el auge del ambient, la chavalería necesitaba descansar entre tantas horas, así que llegaron las salas chill out para ello.

Durante los años previos al lanzamiento del álbum, gente como The Orb, 808 State, Biosphere o The KLF habían sido quienes empezaban a inflar esa burbuja ambiental en la que había chill out pero también cruces con el acid, el house y progresiones cósmicas que cada vez evolucionaban hacia productos de corte menos raver. Sin embargo, fue el joven Richard, una vez más, quien acabó de romper los esquemas; un tipo medio desconocido de Cornwall y docto en el arte de producir bajo mil alias que vino para pasarse por el forro el ambient más monolítico y para a partir de referencias como Brian Eno, Erik Satie o Terry Riley, redefinir por completo un estilo. Con un disco.

Por esos precedentes, no era pues el único que estaba experimentando con el género, pero sí fue quien desvirtuó los cánones establecidos para crear unos nuevos y fundirlos con el aún joven techno, el acid o el house. Un disco en el que encontrar cortes prototipo del ambient como ‘I’ — eso sí, con su sensibilidad distintiva — , que por otra parte serían premonitorios de su obra cumbre, Selected Ambient Works II (Warp, 1994) y otros que aún seguían la órbita del acid hedonista de sus tiempos como ‘Ptolemy’.

Un LP fantástico a pesar de sus flaquezas

Aunque Selected Ambient Works 85–92 es un trabajo seminal, no sólo tiene esos fallos de producción, también tiene varios temas de un perfil más bajo, y son obviamente otros los que abren y determinan las nuevas reglas. Por ejemplo ‘Xtal’ y su melodía onírica, con esas vocales barbitúricas y esa atmósfera que acompañará al álbum en otros de los cortes de cabecera (‘Tha’, ‘We Are The Music Makers’…).

El totum revolutum del disco, propio de diferentes épocas de producción del irlandés, incluía también esos pasajes más machacones y guarros que también le caracterizan como ‘Hedphelym’ y su incursión techno. Pero sin duda si hay un corte más sorprendente, que trae al Aphex Twin más inspirador, con esa capacidad de componer genialidades, es ‘Heliosphan’. Sus armónicos, la combinación de los sonidos agudos con esa sencilla percusión y la posterior capa de de ambient que lo cubre todo son suficientes para entender por qué este disco fue un punto de inflexión sin precedentes. Por no hablar de los samples que oculta, con maravillas como Willy Wonka en We Are the Music Makers o escenas de Robocop en ‘Green Calx’.

En definitiva, son varios aspectos los que hacen grandes a este disco: principalmente esa línea divisoria (algo difusa) que separa la electrónica de pista para llevarla a una dimensión ambiental, a una dimensión más cerebral y centrada en las texturas; más inteligente. Pero también la profundidad emocional que transmitía y hoy sigue transmitiendo. La IDM ya tenía a uno de sus pilares fundamentales y Warp supo explotar esos términos que sonaban tan elitistas para publicar poco más tarde ese año el imprescindible Artificial Intelligence. Capítulos fundamentales en la historia de la música electrónica.

Una influencia seminal para artistas de todo el mundo

¿Hasta dónde llegan los tentáculos de Richard D. James en la música de hoy? Francamente es algo difícil de abarcar. Sus alias principales en los 90s moldearon el ambient, la IDM, y gran parte de la música de breaks y derivados de estos estilos. Lo que es innegable es cómo lo ha hecho en artistas coetáneos de entonces, influyendo en el momento, puesto que estaba todo en desarrollo (y es en parte lo más interesante de aquellos años), empezando por amigos como µ-Ziq, Luke Vibert, y llegando hasta nuestros días, con gente tan dispar como Zomby, Datach’i o el sello madrileño Analogical Force. Por nombrar sólo unos pocos de quienes se ven las referencias o que reconocen la influencia.

Algunos de los cortes del disco no han envejecido bien y desde la retrospectiva de 2017 se ve lo primigenio de algunos de los sonidos, pero en aquellos cortes que vertebran el álbum y que se salen de estructuras más clubberas de entonces sigue habiendo muchos minutos de gozo. Ese arranque con sonidos orgánicos, las capas superpuestas de todo el disco y sus evocaciones y las puertas abiertas que deja para el ambient techno, el acid y la IDM siguen sorprendiendo hoy. Y por eso lo seguimos contemplando como lo que es, una obra maestra.

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