Siempre he tenido la teoría de que se puede conocer a quien no conoces y querer a quien no quieres. Supongo que una afirmación tan absurda sólo podría tener sentido en el mundo delirante y al mismo tiempo hiperrealista de Sergio Algora y, muy especialmente, El Niño Gusano. Doce años después de su muerte sigo pensando que conozco y quiero a Sergio Algora, pese a no haberlo hecho jamás. También le echo de menos. Y también me entristece recordarle. Lo cual es muy injusto: no creo que Sergio Algora admitiera que no celebrara su muerte.

Algora: nuestro amigo invisible

Recuerdo con insultante claridad el momento en que conocía la muerte de Algora. Era una terrible tarde de verano conquense y yo lidiaba con una noticia seguramente irrelevante en un periódico de la ciudad. Entré a la web de El País y leí la noticia. Era la quinta más leída. “Es la quinta más leída”, me contestó una voz al otro lado del teléfono. Era mi colega, Eduardo, familiar cercano de Algora. Lo primero que hizo fue llamarme. Y parecía triste y orgulloso, en una extraña conjunción emocional. Yo también lo estaba, especialmente por él, porque jamás habría llegado a El Niño Gusano sin él.

Y como yo otros tantos, supongo. En Zaragoza deberías terminar llegando a El Niño Gusano sí o sí. Aquí Sergio Algora es un tótem underground. Si te acercas al pulso cultural de la ciudad no conocerás a nadie que no le conozca. O que no fuera su amigo. Y da igual que en realidad no tuvieran contacto con él en vida, porque todos llegamos a su personalidad, a su carisma, a su mundo, mediante El Niño Gusano. Sus letras son tan generacionales, tan personales, que es imposible no ser amigo de Sergio Algora. Y menos en Zaragoza, donde su fantasma aún recorre cada esquina.

Durante varios años pervivió una pintada frente al que era el bar de Algora, el Bacharach, en pleno casco viejo. “Un jardín en cada poro”. Luego algún desalmado decidió borrarla. Las calles de Zaragoza están inundadas del surrealismo cotidiano de Algora. Es inevitable. En aquella se encontró con aquel vagabundo que decía muy seriamente ser miembro de los mosqueteros. Desde esta ventana tiró todos sus vinilos a la calle, harto de quién sabrá qué. En este garito nos sirve su novia los tequilas con los que brindamos en su honor.

Aquí un rincón, aquí un amigo invisible que te hará ver la vida de otra manera. Hola, Niño Gusano.

¡Champán para todos!

Algora es la clase de personalidad que te permite querer a quien no has conocido en tu vida. Y de emborracharte a su salud, brindando champán, en esa frase tan característica suya que se ha ido legando de boca en boca. De algún modo, todo el mundo que haya conectado con su universo se debe sentir culpable hoy por llorar su temprano fallecimiento. Él como pocos era capaz de restar importancia a la muerte y convertirlo en algo natural, feliz y hasta deseable.

Pero no de un modo tétrico y funesto, sino psicodélico y repleto de color. Es maravilloso repasar hoy las letras de Algora en El Niño Gusano, su banda, la que fue suya, la más genial y la más inolvidable. He pensado en muchas estrofas para titular este artículo, mitad diatriba personal mitad homenaje a Algora, pero todas no me cabían.

Muñecos de nieve vienen a verme, me dan su frío, se ríen y gritan, es el final del cuento.

Aún me estremezco cuando escucho ‘El Rey ha muerto’. Es pop y es profundamente triste. Para llorar. Hoy más que nunca. El más triste final, el más triste final de un cuento. Hay quien acusa a Algora de perderse en el surrealismo. Nunca he estado más en desacuerdo. No hay nada de abstracto en El Niño Gusano. Al contrario, es un grupo hiperrealista. Yo encuentro rincones de mi vida en cada una de sus canciones. Espejos que me reflejan. Historias que son mías.

Y ninguna de ellas como mi canción, mía y de nadie más porque yo sí he hundido mi tenedor en tu pelo por casualidad, como ‘Y lo que digo cinco veces es verdad’. Si hay surrealismo ahí es porque no tenéis corazón y no habéis amado. “Es que tiene frases lapidarias”, me aseguró muy emocionado una vez Eduardo, mientras conducía y escuchábamos ‘Pon tu mente al sol’.

Yo no sé contar lo que pasa en la realidad.

“Y no oiga, es que es verdad, es que no sé contar lo que pasa en la realidad”, me insistía Eduardo entre risas, con ese humor tan surrealista y franco que tenemos todos en esta tierra. Pienso en Algora y repaso momentos porque no me sale otra cosa. No voy a analizar su carrera desde un punto de vista formal. No me sale. No hoy. No quiero. Su música no es formal. No para mí. Su música es mi vida y la de tantos otros. Por eso hay que amar a Sergio Algora.

PD: No hay mejor ni más sentido homenaje que el que Bigott le dedicó en su día, en aquel maravilloso e indispensable Fin. Play one more hit and dance with me on Pilar Square, Sergio.

Imagen | Filtrando la realidad

Más en Hipersónica | Ha muerto Sergio Algora | Especial Sergio Algora: Déjese querer por una loca | Especial Sergio Algora: La Costa Brava — Se hacen los interesantes | Especial Sergio Algora: Llamadas Perdidas | Especial Sergio Algora: La Costa Brava — Los Días Más Largos | Especial Sergio Algora: La Costa Brava — Costabravísimo | Especial Sergio Algora: La Costa Brava — Velocidad de crucero | Especial Sergio Algora: El Niño Gusano — Circo Luso | Especial Sergio Algora: El Niño Gusano — El Efecto Lupa | Especial Sergio Algora: El Niño Gusano — El Escarabajo Más Grande de Europa

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments