Sleater-Kinney, disco a disco: 24 años queriendo ser tu Joey Ramone, tu Thurston Moore

Nueve discos y 24 años después de su debut, Sleater-Kinney siguen teniendo algo que contarnos. Y aunque puede que The Center Won’t Hold no haya sido exactamente lo que esperábamos, hemos querido echar la vista atrás e ir caminando disco a disco.

Sea vuestra primera vez o sea un recordatorio de las veces que habéis estado en cada disco, os aseguramos que el camino va a merecer la pena.

Sleater-Kinney (1995)

Sleater-Kinney (1995)

22 minutos y las cosas absolutamente clarísimas desde el principio. Corin Tucker y Carrie Brownstein comienzan su andadura con un disco en el que todo está en su sitio y aventura cómo va a ser el grupo en los años siguientes. Un debut contagioso, rabioso, angustiado y catártico. Las riot grrls, los 90 que anticipaban el futuro, el punk-rock pasado por el tamiz de las afinaciones de Sonic Youth y la angustia hardcore.

Aún con Lora MacFarlane a la batería (y es indiscutible que Janet Weiss les hizo mejores como grupo), y con Tim Green de The Nation of Ulysses coacreditado como productor, Sleater-Kinney no bajan el pistón en un sólo momento. Ni siquiera ‘Slow Song‘, de título certero, lo puedes considerar un descanso. La carrerita final de ‘How To Play Dead‘ es premonitaria de los juegos más cercanos al pop que se traerán en discos siguientes, la guitarra emocionante del tramo medio de ‘Be Yr Mama‘ certifica que habrá más así y cuando se ponen grunges, que son varias veces, se cepillan a Babes in Toyland.

Es un disco de un grupo sin bajo (que no lo tendrá nunca) y que se grabó en una sola noche en Australia. Como para ponerle pegas. Si acaso, que ‘The Last Song‘ pronosticaban un grupo amarrado al posthardcore que nunca llegó. A cambio, lo que vino fue impresionante.

Call The Doctor (1996)

Sleater-Kinney - Call The Doctor (1996)

Aún se mantiene la formación del debut y el impulso de la concisión. 12 canciones en menos de 30 minutos y, si el debut es bueno, la cosa mejora muchísimo: Carrie Brownstein (Carrie Kinney en estos créditos) y Corin Tucker engarzan sus voces como nunca (o, mejor, como siempre lo harán a la perfección a partir de ahora) y de su choque surge la dinámica que convierte a Sleater-Kinney en uno del que siempre quieres corear todo. ‘Stay Where You Are‘, BUM, vaya jitazo.

Call The Doctor es intenso desde el primer tema, homónimo, y la cosa no deja de irse de madre de la manera más gloriosa: el punk-pop aún escondido, los gritos, la energía crudísima de las guitarras, el parón tan bien ejecutado (‘Good Things‘, de ritmo marcial y colocada justo en la mitad).

«Quiero ser tu Joey Ramone«, cantan, y, joder, aún se me ponen los pelos de punta. 1996, vaya año para vivirlo: no pasó nada, salvo en mi vida. Pildorazos de energía ansiosa y con un punto melódico que acabará explotando.

A partir de ahí la cosa es menos rotunda y en ‘Taste Test‘ incluso son prescindibles. Pero, ah, cierran con ‘Heart Attack‘: de nuevo, una canción final enseñando el posible camino a seguir que no transitarán. Aquí el emo-pop.

Dig Me Out (1997)

Sleater-Kinney - Dig Me Out (1997)

El primer gran salto, y la solidificación definitiva del estilo Sleater-Kinney. Llega Janet Weiss desde Quasi y fichan con Kill Rock Stars. La segunda noticia se notó pero menos que la primera: Weiss es una batería alucinante, tan colorista como rotunda (‘One More Hour‘, vaya canción TAN buena gracias a ella).

¿Es su primer disco imprescindible? Para algunos es incluso el mejor de toda su carrera. Dig Me Out es un album muchísimo menos simple que los anteriores, pero, a priori, mantiene un aspecto similar. Sólo a medida que vas dejando que las canciones calen, afloran cada vez más a menudo las estructuras cortadas, el choque entre el punk y el pop, los contrastes impuestos entre la capa más dulzona y la ferocidad vocal (aquí aún más afilada, sí, porque nada tiene que ver el tocino con la velocidad).

Todo en Dig Me Out es muy poco «ortodoxo» y, lo principal, sobradísimo de esa chispa que te va enganchando por aquí y por allá: que si las palmas de ‘Turn It On’; que si el estribillo estelar de ‘Little Babies’; que si las guitarras y el sofoco vocal en ‘Not What You Want’; el parón tensísimo de ‘Buy Her Candy’… Su primera cumbre inapelable.

The Hot Rock (1999)

En la portada, piden un taxi. En el interior, te arrollan. Corin Tucker y Carrie Brownstein llegan a una madurez vocal impresionante. Las guitarras suenan angulosas pero imaginativas, punk pero coloristas. Y, por primera vez, abren las ventanas y deciden experimentar. Echan el freno cuando lo necesitan, escriben canciones con menos urgencia, bajan la voz y suben la melodía. Hasta graban su primer video y se cuelan por primera vez en el Billboard (bien abajo, en el 181, PERO).

Suenan más introspectivas, suenan fieras si lo necesitan (y ‘The End of You‘ lo necesita por más que su puente sea puro caramelo pop), suenan más lentas, si quieren suenan más disonantes (‘One Song for You‘). Son, indudablemente, mucho mejores.

Y así es como, redefiniéndose, se definen por completo y se alejan del resto del mundo. A la altura de ‘The Hot Rock’, no hay grupo como Sleater-Kinney: no puedes buscar nada parecido en el indie-rock, no puedes buscarlo en el punk, de las riot grrrls sólo queda el impacto ya y en el post-core tampoco las vas a meter.

Todo lo buenísimo que vendrá después, ya estuvo en The Hot Rock. Y también ‘Get Up‘, ‘Start Together‘, ‘Don’t Talk Like‘ o ‘Living in Exile‘, claro.

¿Su última canción? Su primera incursión indie-pop: ‘A Quarter To Three‘. Sólo que aquí sí que decidirían probar ese camino un poco más.

All Hands on The Bad One (2000)

Sleater-Kinney se hicieron adultas y empezaron a sonar también así. Y el camino de los arreglos de cuerdas, de la melodía emocional y de la lentitud poppie también nos demostraron que eran un gran grupo.

All Hands On The Bad One parece, lo hizo ya en su día, el disco en el que más trabajó el trío las composiciones. Está pulido, es radio-friendly, y eso no implica que se anulen de inmediato todas las virtudes más fieras del grupo.

Además, no les gusta engañar: ‘Ballad of a Ladyman‘ marca una línea y, si entras, el disco te encajará. ‘Leave You Behind‘ o ‘The Swimmer‘ se colocan de inmediato entre las favoritas, Corin Tucker quizás tenga en este disco algunas de sus mejores voces, y hay ganchos a tutiplén.

Entonces… ¿Está entre su Top 3? Para mí no; casi, pero era el paso lógico y, además…

One Beat (2002)

… Además, One Beat es mejor en demostrar que Sleater-Kinney podrían ser el mejor grupo de indie-rock de su año. One Beat es una golosina inacabable, un disco juguetón, poppie, que no renuncia nunca a la fiereza. Si All The Hands sí que parecía querer demostrar que se podía no ser tan salvajes, es One Beat el que consigue encajar las dos caras del grupo y, en 43 minutos, destilar la fórmula perfecta de melodía pizpireta y tensión.

La canción titular lo deja claro en 3 minutos y 8 segundos, justo en el inicio del disco. No sé, nunca lo tengo claro, si es su mejor canción… pero si algún día alguien te pregunta a qué suenan Sleater-Kinney… ¿existe mejor respuesta?

Donde All The Hands era más pop, One Beat es más rock (sin roll). Y es tan sólido en todo su recorrido que, aunque puede que en un combate entre los singles de sus discos caiga derrotado ante las grandes canciones de otros, One Beat me parece el recorrido mejor trenzado por todas las caras del grupo.

Ah, hostia, y cómo suena Janet Weiss todo-el-puto-rato. Oh, oh, oh, oh, oh, oh…

Fantástico.

The Woods (2005)

¿Cómo superarte si, como grupo, llevas ya tres/cuatro discos en una cima que amenaza con convertirse en meseta? Pues la receta de Sleater-Kinney es simple: parafraseando a Spinal Tap, subiendo el volumen al once.

The Woods es su disco de hard-rock. Y ellas, que ya eran fieras en el punk, en este disco de riffs rotundos, guitarras pesadas y voces al límite, demuestran que eran/fueron/son si aún ponemos los discos adecuados, el mejor grupo de rock posible.

Uno que, además, tiene el don de necesitar sólo una canción para que te enteres: aquí, ‘The Fox‘, arrolladora en todo pero especialmente en el plano vocal.

Y, además del sonido, que es brutal, están las canciones: en el tramo central de The Woods quizás estén dos de las tres mejores que hayan hecho jamás, tres de las tres si eres de los que piensan que ‘Modern Girl’ merece tantas loas. Yo no, pero sí que me rindo ante la disonante, abrasiva, espectacular ‘Jumpers‘ y ante el esputo insolente y contagioso que es ‘Entertain«. Si vas a ser como los viejos, al menos haz que importe, hostia.

Mirad, os lo pongo en una imagen capturada en Rate Your Music, y escrita antes de que te cancelasen por escribir cosas así:

Puede que, cuando las intelectualizo, One Beat destile mucho mejor la fórmula que eran como grupo. O que The Hot Rock sea el que tenga, canción a canción, las mejores. Pero cuando me pongo The Woods, cuando me meto en su turbina, nunca tengo manera de negar que este es su mejor disco

No Cities To Love (2015)

La vida nos pasó por encima y está bien que así fuera. Justo cuando Sleater-Kinney ya no podían ser mejores (igual sí podían, quizás en otra línea temporal del multiverso lo hayan comprobado), deciden dejarlo. El cansancio físico, emocional, la familia… insisto, la vida.

Diez años de parón, y la cosa parecía definitiva, pero cuando nos llegó el anuncio de su vuelta, nadie la puso en entredicho. Quizás porque muchos nos habíamos quedado con las ganas de verlas en vivo; seguro que también porque si te dejan cuando mejor va la cosa, te sientes como un gilipollas al no haberte enterado de que no era oro todo lo que relucía.

Eres un gilipollas, de hecho.

Así que Sleater-Kinney volvieron y, entre las sonrisas que pudimos lucir, nos dejaron un disco que no podía soportar ser el sucesor de The Woods. No Cities To Love no es malo, pero nadie soporta estar ahí, detrás de una obra maestra inabarcable y que pasa por encima a los oyentes.

(Sólo los soportan los supuestos discos menores de Neil Young de los 70, pero eso es otra historia).

Aunque no se le recibió mal del todo (sí aquí, especialmente en privado, porque ya sabéis cómo somos), a medida que ha ido pasando el tiempo, todos le hemos visto más las costuras a No Cities To Love. Sigue siendo un disco de ellas, que no han hecho uno malo, pero es el eslabón débil de esta cadena hasta entonces imposible de mellar.

The Center Won’t Hold (2019)

Sleater-Kinney - The Center Won't Hold (2019)

Si es pronto o no para juzgarlo del todo, seguramente lo dirá el tiempo, pero para ser una reinvención con St. Vincent a la producción, les ha quedado un disco muy de ellas en lo bueno (‘Hurry On Home’) y muy poco de ellas en lo malo (cuando parecen un grupo de post-punk con mirada en la pista de baile más).

En Slate, en una crítica larguísima y trabajadísima, deciden salvarlo del todo y colocar la culpa en las expectativas de los demás. Pero a nosotros, ahora mismo, nos cuesta creer que el mundo sea el problema de Sleater-Kinney, cuando escuchamos del tirón tantas canciones en las que, precisamente, el mundo era su motor creativo.

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