Una maestra del preciosismo visual y emocional o una perfecta arquitecta de la nadería cuqui. En ocasiones Sofia Coppola ha caído en ambos extremos, haciendo de su filmografía algo muy complicado de valorar en conjunto. Pero no cabe duda de que ha logrado una trayectoria propia y diferente de su archiconocido padre en el mejor sentido. Una que se puede discutir en sus propios términos y película a película.

Las vírgenes suicidas (1999)

Puntuación: 4 de 5.

Su primera película ya tiene bastante de proyecto soñado. Tras enamorarse de la novela de Jeffrey Eugenides, Coppola sintió el impulso de convertir esta historia en un guion de cine y comprendió que su destino era ser cineasta detrás de las cámaras en lugar de delante (como por desgracia tuvimos que comprobar en El Padrino. Parte III). 

Siendo su primera película, resulta fascinante como muestra ya una cierta confianza en su dirección. El tono, que oscila entre el fervor del coming of age, la hechizante textura casi similar a la del sueño más placentero, la comedia negra y el drama más trágico, logra un perfecto equilibrio en unos bien medios 97 minutos de metraje. Consigue ese extraño efecto de una película que simultáneamente te hace sentir feliz y triste, plasmando al grupo de hermanas con empatía y haciéndolas fascinantes, como ángeles inalcanzables que lo son porque si los tocas podrían romperse en pedazos.

Lost In Traslation (2003)

Puntuación: 4.5 de 5.

Lo más cerca que Coppola ha estado de lograr cierta trascendencia, consiguiendo una de esas obras que ya se consideran absolutamente representativas de ese extraño periodo que eran los comienzos de la década de los 2000. Curiosamente la idea de partida no podía ser más pequeña y aparentemente intrascendente como construir una historia de “romance melancólico” a partir de experiencias y crisis de identidad de la propia directora durante su propio periodo viviendo en Japón.

Quizá por ello esa constante sensación de estar sumergidos en un sueño elusivo que parece que está escapándose de entre los dedos cuando intentamos agarrarlo. Esa intimidad mágica, conseguida abandonando cualquier atisbo de narración tradicional, evitando cualquier cosa que se parezca a una trama, y trazando siempre momentos significativos para el viaje de los personajes, marcan un punto álgido para Coppola que logra uno de esos pequeños milagros que parecen irrepetibles. Irrepetible bien porque es complicado ver a alguien que pueda manejar así de bien la diferencia de edad entre los personajes, por su especificidad en una distancia cultural en un mundo cada vez más globalizado o por tener a la gente adecuada en el momento adecuado. Pero hay algo en esa melancolía de estar atrapado en un entorno desconocido y hasta hostil que se mantiene conmovedora aún hoy (o quizá hoy más que nunca).

María Antonieta (2006)

Puntuación: 2 de 5.

Tras el éxito anterior, a Sofia Coppola le llegó la oportunidad de cobrarse un cheque en blanco (relativo, ya que el presupuesto no superó los 40 millones, pero todo lo que destila el proyecto suena a libertad absoluta). Se lo cobró haciendo un drama de época personalísimo e irreverente ante nada. Denominarlo un biopic sería faltar tanto a la definición del término como al acercamiento que la directora quiere hacer de la monarca francesa, menos interesado en una precisión histórica o incluso en los eventos de su vida y más en la soledad femenina con la que claramente conecta.

Por eso tenemos todas esas escenas anacrónicas de Maria Antonieta probándose unas converse o viviendo en palacio mientras suenan The Strokes. Lejos de ser un defecto, ese enfoque es justo lo que da más personalidad a una película que siempre siento que nunca va tan lejos como mucha gente trata de vender. Si acaso, es menos punk de lo que ella misma se cree, menos incisiva en el retrato social que busca conseguir y menos divertida de lo que parece pensar que es. El problema viene, aparte del hecho de que la peli es más estilo que sustancia (una crítica habitual en su cine, pero es que aquí la sustancia se termina antes de llegar a la primera hora), por la obstinación de Coppola de tener el giro modernete y también la atmósfera más clásica de su clase favorita de drama de época, sobre todo de Barry Lyndon, la película más aburrida de Stanley Kubrick.

Somewhere (2010)

Puntuación: 1 de 5.

Tras las críticas de haber hecho una cosa pretenciosa y vacía muy recargada, Coppola retornó a la austeridad y la intimidad con intención de hacer una película a prueba de críticas: Nadie podía acusarla de hacer una película monótona y vacía si la idea detrás de la misma es que el protagonista tiene una vida monótona y vacía.

Quizá habría que poner muy entre comillas lo de “a prueba de críticas”, porque incluso aunque el propósito esté claro no significa que la película se sostenga. Somewhere hace muy poco porque nos interese el personaje de Stephen Dorff, con múltiples momentos que sólo logran redundar en el hastío existencial que tiene sin verdaderamente nada que podamos extrapolar a nosotros mismos. Sí, la vida puede llegar a hacerse aburrida y carente de emoción, pero es más fácil darse sobrellevarla cuando vives en el Chateau Marmont en Sunset Boulevard. Y que el crecimiento personal le llegue por el hecho de tener que hacer de padre es algo que han abordado películas más comerciales que esta y se les ha criticado justo por eso. Podría tener un pase si Coppola se diera cuenta de la ironía de todo esto.

The Bling Ring (2013)

Puntuación: 1 de 5.

Por supuesto, la versión Sofia Coppola de un thriller criminal tiene pijos ricos robando a pijos un poco más ricos, mucho brilli brilli, glamour vacío y escenas de bailoteo en discotecas que no aportan demasiado pero que ¿bonitas? quedan. No se nos brindó Spring Breakers para luego tirar su legado tan rápido con una cosa vaga e intrascendente.

La seducción (2017)

Puntuación: 3 de 5.

Coppola asegura que se metió en este proyecto para hacer una película más optimista en contraste con la anterior película. No sé qué es más interesante, que considere la nadería brilli-brilli como su película oscura o que su idea de una película optimista sea un gótico sureño que readapta una novela previamente llevada a la pantalla por Don Siegel y Clint Eastwood en 1971.

Se agradece, eso sí, que vuelva a hacer películas donde pasan cosas. Aunque se pueda considerar desigual su intento de hacer un relato de tentación y seducción mientras opta por un tono distante y hasta frío, logra que gane enteros generando una tensión claustrofóbica llegado a cierto punto crucial del relato. Con su trabajo de actores y su paulatino ritmo, la dirección de Coppola se muestra tan sólida como hacía tiempo que no mostraba.

On the Rocks (2020)

Puntuación: 2 de 5.

Es posible que Sofia Coppola haciendo una comedia romántica un tanto sosa y entre poco y nada divertida podría dar para una menor calificación, pero cuando uno ya viene con la mentalidad de que esto era el resultado más probable, es imposible sentirse decepcionado. Además, es imposible enfadarse con la nada. La nada es la nada.

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Spvtkink
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1 month ago

Me ha gustado todo menos ese comentario sobre Barry Lyndon. Puede que sea la película más lenta de Kubrick pero no la más aburrida (Lolita podría matarte de inanición si no fuera por las esporádicas apariciones de Peter Sellers). Y dejando de lado la maestría técnica, Barry Lyndon podría ser fácilmente la película más perfecta de la historia del cine, jamás he visto una película con un guión tan redondo, probablemente el mejor que Kubrick ha tenido en sus manos.