Un día para el techno, la experimentación y los sets sibaritas


Tras dos largas jornadas de contrastes, la del sábado fue una jornada bastante completa, con interesantísimas actuaciones durante la mañana (algunas demasiado pronto como ya comentamos ayer) con nombres propios españoles y con sets muy buenos durante la noche. De lavadoras a clásicos de la electrónica contemporánea pasando por el funk, el jazz y un apartado visual muy poderoso.

Sónar Día

Pauk demostró la calidad de sus producciones, algo que ya se vio en su disco del año pasado, Melancholic Anger (Discontinu Records, 2016), y así se transmitió en el Village a mediodía. Una hora de calidad IDM, de pasos por melodías eléctricas, de intensidad en la percusión como manda el género y cómo no, de bellas atmósferas que eran bastante estimulantes. Máxime para disfrutar sentados en el césped. Una gran actuación que bien hubiera merecido un Sónar Hall y una hora más tardía para que lo disfrutara más gente, pues después de un primer Sónar Noche, las horas de entrada son las que son. Algo parecido pasó poco después con el dúo Huma, otro proyecto patrio de bastante calidad que empezó su actuación al mediodía en un Dôme semi vacío.

Y la suya era una clara actuación también para un Hall tardío, con su ambient que progresivamente iba transformándose en tormentas noise que caían a final de las canciones; temas bastante agresivos y con un desarrollo repleto de matices. Un ejemplo de la calidad que se pierde al actuar a estas horas, una verdadera lástima porque fue una actuación bastante intensa, en lo sonoro y en lo cualitativo. Y también intensa, aunque a su modo, fue también la actuación de Matmos, de quienes comentábamos entre coñas si traerían la lavadora. Y QUÉ PREGUNTA. Claro que la trajeron. Con algún artículo de ropa que les dio algún valiente del público, empezaron a ejercer de técnicos de Bosch y a meterle detergente mágico para hacerla sonar.

Mientras que en los primeros instantes reinaban las caras WTF sin entender nada, muchos atónitos porque no se imaginaban esto (esas cosas que sólo se ven en el Sónar), la cosa fue evolucionando poco a poco. Mientras que el teclado metía algo de ritmo, los señores vestidos de mormones/funcionarios aburridos/técnicos de Calgonit empezaban a darle golpes cada vez a más ritmo. Finalmente cogieron unas baquetas y con la lavadora como percusión y el teclado, se ofreció un curioso ritmo de tech house bastante resultón que finalmente sí fue bueno. La primera mitad se la toleramos por ser capaces de llevar una lavadora, el clásico instrumento para un festival.

Después de lavar la ropa, llegó el turno de Veronica Vasicka con su sobrio set, esta vez no tan contundente como otras veces, quizá lógico porque eran las 16:00, y se dedicó a ir poniendo un techno que iba evolucionando poco a poco, sin mucho matiz. Aunque en momentos puntuales y sobre todo de cara al final sí que empezó a poner algo más de ritmo, con vocales incluso algún deje ochentero, lo que animó más el set, que había empezado normalito. Sensación agridulce acostumbrados a despiadados sets suyos en la madrugada. Mejor sabor de boca el que llegó después con Nosaj Thing + Daito Mannabe.


Acostumbrados al glitch hop tranquilón del primero, quizá los visuales del segundo hizo que se revolucionase; subió el pistón y nos ofreció una versión más frenética, entendiendo el momento de la tarde y la gran asistencia de público. Hubo pasajes propios suyos, claro, pero también cambios de ritmo, más bass y más ritmos rotos de los esperados, así que bastante bien su actuación, envolvente y bailable en algunos casos. Donde sí hubo mucho más flow y adrenalina fue en Thundercat, claro. Bruner mostró su virtuosismo con el bajo eléctrico, marcándose escalas a tempo endemoniado, jugando con el magnetismo que ofrecía su cacharro, mientras el batería también nos daba lo nuestro. Otra muestra, junto a Brandt, de la importancia de la batería en estas derivaciones jazzísticas desde la electrónica.

Aunque es cierto que al final la actuación se hizo algo larga porque la sensación era de que los temas eran muy similares entre sí, la exhibición que dio junto a sus compañeros fue total. Todo el flow en nuestra cara.

Sónar Noche

Llegaba el momento de pasar a la Noche, aunque esta vez llegando más pronto que nunca, así que había que aprovechar para ver una parte del mítico Fran Lenaers, pionero de la otra Ruta del Bakalao, la de los 80s y parte de los 90s de la que él fue pilar clave por su forma de mezclar y su selección musical. Sin embargo, Lenaers tuvo algunos problemas técnicos con los platos (cosas de ser de los pocos que se dignó a pinchar en modo analógico con vinilo), lo que se tradujo en problemas para cuadrar los temas y en algunos descuadres importantes. Paradógicamente, cayó con algo por lo que se hizo una figura referente en nuestro país. Eso sí, su selección fue la esperada, de su formación Megabeat a Grauzone, pasando por otros temas ochenteros y oscuros como los que pinchaba en su época en Chocolate.

Pasamos después a Overmono y su techno de matices con el que empezaron bastante fuerte, tirando precisamente de temas de calidad como los de su EP del año pasado, pero la sesión fue de más a menos, pasando de ese techno sibarita a uno más normalito simplemente tirando de músculo. Otra historia fue lo de Carl Craig, con su propuesta Versus Synthesizer Ensemble, en la que junto a varios compañeros subió armado de sintetizadores, pianos y demás cacharros. Con ellos ofreció una actuación de maestría, y más que de maestría, de clase, con unos sonidos más alejados del techno espacial y potente de Detroit, centrándose en una parte más housera. Apostó por capas más suaves y de vez en cuando metía el músculo para que nos viniéramos arriba, reinterpretando temas clave del género como ‘At Les’. Si hubiéramos llevado sombrero como el que él llevaba, nos lo hubiésemos quitado.


Y dando un paseo al final acabamos una vez más en el Sónar Club, esta vez para ver a Justice, que tiraron de musculazo y bases machaconas para warpear y meterse rápidamente al público en el bolsillo. Tiraron de algún tema de su nuevo disco pero sobre todo cuando más jolgorio ofrecieron fue cuando empezaron a sonar los ‘Stress’, ‘D.A.N.C.E.’ o la gran ‘Phantom’. Si bien es cierto que las combinaron con otros cortes, fue una actuación resultona, aunque lineal, vertiendo sus clásicos y canciones nuevas sobre esa caja de ritmos efectista. Pero para llenar un poco de adrenalina al público y calentar la noche fue suficiente. La buena azotada fue la que nos propinaron Avalon Emerson & Courtesy, con un techno de aristas, oscuro y contundente cuando era necesario, y más dinámico y con estructura tech house cuando querían.

En su set hubo momentos para sonidos luminosos, para melodías agudas, para sonidos techno añejos y para estructuras más actuales. La suya fue una sesión en mayúsculas, riquísima, versátil y con mucho gusto. Chapó. Otro que no se andó con chiquitas fue Vitalic, que a esas horas sabe que la gente quiere mandanga. Y por eso se dejó ese amago dubstep que protagonizó en el disco anterior y apeló a tirar de lo seguro; de lo que había ido el personal a escuchar. Ahí quedan ‘No Fun’, ‘Second Lives’ por ejemplo, fundidas en esa base de electroclash resisitiéndose a morir sobre el que iba plantando los temas. Sonidos eléctricos, luces llamativas con el nuevo espectáculo y garrotes como ‘La Rock’ para destruir el Sónar. Y luego para cerrar, como estaba previsto, ese hit inmortal que es ‘My Friend Dario’.


Y para culminar un Sónar gigantesco este año, la sesión de Daphni y Hunee, que no fue de lo más espectacular pero sí de lo más fresquito y diferente para cerrar el festival, tirando de tech house resultón, de funk y de vozarrones negros para despedir el festival de día y con el buen rollo encima para ir a morir y verse el año que viene.

Fotos | Ariel Martini

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