No, no ESE Steve McQueen. El otro Steve McQueen, el que sin hacer (relativamente) demasiado ruido se ha marcado una de las filmografías más guays de la última década. Su nuevo y aventurado proyecto, Small Axe, ha pasado de miniserie a antología de cinco películas que han cosechado buena recepción y que, sin duda, tienen nuestra atención. Excusa suficiente para entrar al trapo de sus otras obras, imprescindibles todas.

Hunger (2008)

Puntuación: 4 de 5.

Su primer largometraje era carne de Criterion Collection desde su primera proyección. McQueen pone el foco en una cárcel de máxima seguridad de Irlanda del Norte, siguiendo la huelga de hambre del IRA, liderada por Bobby Sands (Michael Fassbender), motivada por las inhumanas condiciones a las que son puestos por el Gobierno Británico. La motivación política es evidente, aunque el cineasta sabe extraer del caso concreto una demoledora universalidad sobre las condiciones terribles y los pisoteos de derechos humanos en cárceles de este tipo.

Y aparte de ello, encuentra maravillas a través de su economía narrativa, forzada probablemente por tener que sortear un presupuesto exiguo. Desde su primera obra grande, McQueen muestra cómo poner la cámara, cómo administrar la información y cómo hacer que su estilo no se interponga en la historia. Su momento más celebrado es, mismamente, un plano sin cortes de 17 minutos con Fassbender y Liam Cunningham conversando cara a cara sin pausa. No sólo es una remarcable floritura, sino que deja latir ahí el mismo corazón de una película fascinante.

Shame (2011)

Puntuación: 4 de 5.

Con Fassbender de nuevo como pilar sobre el que construir la película, McQueen hace una película más fina y aparentemente fría, algo irónico tratando algo como la adicción al sexo. Pero ahí está precisamente la clave. La existencia del protagonista es un hastío frío y lejano incluso estando rodeado de estímulos, su desconexión emocional con todo convierte en rutina uno de los actos de pasión más evidentes.

McQueen no necesita subrayar aspectos que quedan claros gracias a su narrativa visual, de ir dejando esas pequeñas miguitas para que el espectador complete el puzzle él mismo, y confiando en los actores para que sean capaces de transmitirlo sin decirlo con explícitos diálogos. El histrionismo del personaje de Carey Mulligan puede ser la única nota discordante que pueda provocar rechazo en una película tan fina, pero refuerza el retrato que se hace del personaje de Fassbender. Esta es, también, una de esas clases de maravillas que no recomiendas fácilmente. No porque no sea maravillosa, que lo es, sino porque lo mismo le jodes la tarde al otro.

12 años de esclavitud (2013)

Puntuación: 4 de 5.

Su película más cercana a ser menor precisamente por su aparente carácter de encargo de drama de prestigio nacido y desarrollado para ser anzuelo en premios como los Oscar. Es difícil no parecer eso siendo un drama sobre la esclavitud, y en ciertos aspectos cae en lo fácil, pero McQueen es capaz de darle cierta trascendencia a lo que cuenta de forma que no se sienta artificial.

Ayuda un atinado guion de John Ridley, que no sólo reduce el dolor de la esclavitud a la crueldad extrema en forma de clichés andantes, sino que lo expone también en los pequeños actos de omisión y de mirar para otro lado. El viaje de Solomon Northup es doloroso de por sí, pero McQueen no se contiene para hacer que cada escena duela y, sin embargo, la película no sea una experiencia deprimente. La narración es fluida y sus dos horas pasan realmente bien, muestra de su buen manejo del ritmo que aún tenía que subir otro nivel.

Viudas (2018)

Puntuación: 4.5 de 5.

Manteniendo su espíritu impredecible y negado al encasillamiento, McQueen pasó a hacer un thriller muy único. Clásico a la par que refrescante. Muy desperdigado, pero muy mordaz en cada una de sus tramas. Muy género pero también muy estilizado y con un poso muy de prestigio, haciendo que la película caiga en una zona inclasificable que la hace única, y no indefinida como muchos podrían acusarle.

Pero aparte de virtudes técnicas innegables, sustentadas en el increíble ojo visual del director, un guion de hierro de Gyllian Flynn y un reparto de ensueño donde todos están increíbles y en su perfecta medida, Viudas es la clase de cine adulto cada vez más escaso y necesario. Sus ambiciones y sus ganas de señalar aspectos fundamentales de nuestra sociedad no chocan con su ánimo de entretener con una historia oscura pero realmente divertida de seguir. Necesitamos más cosas como Viudas, y qué fracaso que no se lo reconociéramos más en su momento.

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