El racaraca del Casiotone no se oxida y siempre deja momentos


Ya sea por el extravagente postureo de tener algo así en el iTunes o por un genuino interés por aquello que allí llaman Dabke y que a nosotros no suena a algo que puedes pedir en el Kebab de la esquina, Omar Souleyman es un artista que no puede faltar en ningún hogar. La rave del casiotone, el subiduki del pirubiru, el flow del mundo árabe. El puto amo, sin duda.

Ante la crisis en Siria, bajo el terror del terrorismo y las bombas, Omar nos invita a abrazar el amor y darnos al baile. To Syria, With Love (Mad Decent, 2017) supone el enésimo trabajo del músico sirio que conquistó las gasolineras de medio continente con sus inagotables cassettes. También es el tercer trabajo publicado desde que medio mundo se empezó a dar cuenta de la existencia de este genio con gafas de sol.

Todos los medios siguieron (seguimos) el juego al fenómeno con Wenu Wenu (Ribbon, 2013) que nos dejó aquella maravillosa ‘Warni Warni’ que aún nos dura a algunos, pero la mayoría pasó al olvido tras un par de semanas. Luego llegó Bahdeni Nami (Monekytown, 2015), “el regreso de Souleyman” que sonó casi a oportunidad perdida, a otra ocasión donde el álbum se queda corto para llegar a la leyenda. Tras ello, se acabó el bombo y llegó el inside joke.

En comparación con hace unos años, la repercusión del nuevo trabajo de Souleyman ha sido bastante escasa. Sin embargo, ver su disco aparecer en tu feed de filtraciones de confianza no puede sino hacerte mostrar una sonrisilla ante tu pantalla, proceder a mandarlo al grupo de colegas casi tan zumbados como tú y soltar un “¿Os acordáis de este?”. Tras esto, ya sólo queda abrir el iTunes y a ver que se cuenta el bueno de Omar.

¿Y qué se va a contar? Pues lo mismo de siempre, por qué iba a romperse la cabeza a estas alturas. Souleyman ya tiene construido el mito, sólo necesita dejar pinceladas de su maestría para ponernos a bailar con sus “pirubirus”. El álbum seguirá quedándose corto para alcanzar a la leyenda. A las dos semanas volveremos al olvido.

Pero siempre nos quedará ‘Ya Boul Habar’, con el technazo corriendo por su sangre, el casiotone soltando llamas y Omar como verso libre soltando todo el swag que desprenden sus gafas de sol. Pinceladas de maestro, una vez más. No necesitamos más, con que nos lleguen perlas así cada dos años nos sentimos afortunados. Larga vida a Omar Souleyman, su leyenda perdurará entre los pirados del mestizaje.


https://hipersonica.com/omar-souleyman-la-rave-del-casiotone-82aeefe196d0

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