Un año más, después de un curso casi apocalíptico en lo no musical, y muy brillante en lo musical, algo a lo que nos hemos acostumbrado en los últimos tiempos en la electrónica, derivado del amplio abanico de cada vez más estilos y la democratización de sus herramientas, hacemos un repaso a lo que ha dado el ejercicio. Después de los turrones, los vinos y las no fiestas restrictivas. Un año de introspección en muchos sentidos por el confinamiento, con más ambient del habitual, o al menos con un mayor foco mediático, y con cantidad de temas para romper la pista en un año en el que nos hemos tenido que aguantar. Veremos 2021, porque en 2020 la cosecha ha sido brutal, y para ello un ejemplo del nivel de los que hemos seleccionado como mejores del año en electrónica. De momento, aquí va lo que ha dado de sí el año internacional en la electrónica. Como siempre, con un poco de todo, aunque se ve cuál es el estilo que más ha sonado este pasado año, no faltan los pilares del techno, perlitas de house y los ruidos y las cacofonías de la IDM. Y todos esos trabajos que se cruzan con tantos subestilos que es casi fútil intentar categorizarlos.

Lo del ambient

Sin duda, el ambient se trata de un género que lleva en alza en los últimos años, desde aquellos trabajos fabulosos de los Tim Hecker u Oneohtrix Point Never en simbiosis con otros estilos, hasta otros productores que llevan años picando piedra y parece que es ahora cuando han dado el salto a un amplio reconocimiento internacional ya definitivo, como Alessandro Cortini. Él, al igual que otros tantos, como por ejemplo John Beltran y su amplia paleta que va desde el ambient hasta el techno, pasando por las querencias detroitianas por el house, han aprovechado el confinamiento para producir compulsivamente. Ha sido también el caso de Daniel Avery, quien en cierta forma ha ‘explotado’ este pasado 2020, al menos en lo ambiental.

Aunque ya llevaba una línea muy interesante, cada vez más con los lanzamientos posteriores a su debut, alejándose de las tendencias electro, el pasado ejercicio fue su año de confirmación. Además de ese notable disco con el propio Cortini, se sacó de la chistera un completo y elocuente doble álbum, más centrado en el ambient, pero rescatando sus aristas anteriores. También, aunque más cerca de la neoclásica por su construcción íntegra de piano, la colaboración entre Roger y Brian Eno, al albor de la pandemia; uno de esos discos como válvula de escape. Y punto aparte, cómo no, para Kistvaen (Subtext, 2020), la esperada vuelta de Roly Porter, probablemente con su mejor disco hasta la fecha, teniendo en cuenta el alto nivel y su progresión. Aunque no es, ni mucho menos el único de los referentes del género que han publicado este año, ahí está el gran álbum de Rafael Anton Irisarri, puede que también el mejor hasta la fecha.

Más allá de esto, que algunos de los muchos sospechosos habituales, lo que da un mayor empaque a un año por género es toda esa capa media que sigue elaborando trabajos muy interesantes y de gran calidad en general. Desde el único tema de Klara Lewis en Ingrid hasta lo nuevo de Teleplasmiste y sus grandes detalles, pasando por todas las aristas que saborear en álbumes como los de Loke Rahbek & Frederik Valentin, el giro ambiental y vigoroso de Rødhåd, el cariz agresivo de Siavash Amini, la nueva edición de Xerrox del siempre cumplidor Alva Noto —aunque sea un volumen menor—, discos tapados francamente buenos como Elephant de Loke Rahbek & Frederik Valentin, los nada más y nada menos cuatro largos de bvdub, de los que quien más se erige es 101 Rooms, yendo también a la percusión para romper el ritmo más allá de su clásica evolución de cuarto de hora.

También ha estado muy presente el incombustible John Beltran en distintos formatos, que ha vuelto a mostrar su ambient de bella factura y en connivencia con la IDM o el techno en The Season Series. Discos que podrían haber entrado en cualquier lista electrónica del año como Anna Von Hausswolff y su órgano, aunque técnicamente no es electrónica. Pero como si lo fuese, tremendo álbum. Es el caso también de la épica de Giulio Aldinucci; Solo o con Enrico Coniglio. Y luego hemos tenido habituales que no han faltado a la cita Fernow como Vatican Shadow, sea en solitario (como siempre, con sus cosas geopolíticas y militares) o con Salford Electronics en Temple Gas Mask. O la gran cantidad de lanzamientos de Alessandro Cortini en su bandcamp al que merece dedicarle un tiempo porque hay cosas notables.

En el apartado de debuts en largo de Vril & Rødhåd, ambos siguiendo una línea y parece que marcada influencia del ambient techno de su compatriota, el debut poderosísimo de Aho Ssan, cómo no en Subtext, los puntos medios con derivaciones en otros estilos como lo de Farwarmth con el drone o la cirugía precisa de Nicolas Jaar en Cenizas, las evoluciones secuenciales de Merrin Karras… También hemos tenido regresos más discretos como el de Ian William Craig con Red Sun Through Smoke o el cruce entre ambient y house de Shinichi Atobe en Yes. Más introspectivo y menos sutil. Y luego la larga lista de cumplidores como las tenues pulsaciones de Christian Löffler con Lys, las preciosistas líneas de Yagya con Old Dreams and Memories, la texturas de Blinkar från Norr a lo Teleplasmiste, un casi olvidado Stumbleine con sus suaves composiciones, escapistas como las de Dj Lostboi en The Flash, el disco regular de siempre de Rival Consoles con Articulation, Sebastian Mullaert con Tonhalle Orchester Zürich, al igual que Gidge con New Light. Artistas regulares. Én un ámbito más clásico, hay que apuntar la la banda sonora de Erik K Skodvin de Anbessa —ha habido otras bandas sonoras a destacar como la del fallecido Jóhann Jóhannsson—, lo nuevo de Vieo Abiungo y su alias William Ryan Fritch, y el tremendo año de KMRU y su ambient directo desde Nairobi, Kenia, con hasta cuatro trabajos: desde raigambre más erosiva como la de Peel hasta otros de atmósferas más livianas como Jar.

En el lado de la electrónica progresiva están los dos buenos largos de Craven Faults, el muy satisfactorio trabajo de Shackleton con Waclaw Zimpel y su embrujo secuencial o lo nuevo de Less Bells. En el lado drone destaca también lo último de Mondkopf con The Day He Lost It, y gente de la que espera más en este apartado, como el polivalente Oliver Coates. Después de su gran Shegrell On Zen-la, skins n slime se acerca a la electroacústica y la música concreta. No es mal disco y responde a su vocación de búsqueda de nuevos horizonte, con algún tema muy bueno, pero lo anterior dejó demasiado buen sabor de boca. Con nuevos horizontes, o más profundos, es por donde se ha metido Varg2™ con Norrskensflamman, aunque más interesante Body of Lila con Croatian Amor. Y no podemos dejar de hablar de ambient sin mencionar lo de Dj Python con ese ambient house hipnótico, con pequeños cambios en las progresiones pero suficiente para acampar en tu hipotálamo. Eso sí, la que sí que no vimos venir, y con esto cerramos el añazo (AÑAZO) ambient, lo último de The Trascendence Orquestra con Feeling Spirit. O lo que es lo mismo, Surgeon y Dan Bean. Ahí queda eso.

Rupturas: IDM, UK Bass y familia de los breaks

En lo referente a la IDM y todos esos derivados de ritmos rotos, en vertiente breakbeat o UK Bass, quizá uno de los discos más destacables del año ha sido el debut del italiano Andrea, Ritorno, cómo no, en uno de los sellos del momento Ilian Tape. Un cruce de adrenalina y breaks jalonados de mucha textura. Aunque para hablar de texturas, en IDM con sus derivados techno y sonidos elocuentes, como era de esperar, uno de los discos destacados ha sido el retorno de Nathan Fake con Blizzards, que siendo un disco notable, no acaba de ser ese trabajo superior que siempre parece que está por llegar. Pero sin duda un trabajo notable. Su excompañero en Border Community, Luke Abbott, ha hecho algo similar con Translate, otro álbum de lisergia y psicodelia con pasajes brillantes y algún pepinazo, aunque sin llegar al LP de inflexión. En general, no ha sido un año muy destacable en lo referido a la IDM. Sí de buenos discos, porque siempre los hay en todos los géneros, pero más discreto que otros cursos. Por ejemplo uno de los fijos, Patricia, ha tenido un regreso discreto con Maxyboy. Buen trabajo, pero falto de creatividad e inspiración si se compara con su anterior largo, la maravilla de Several Shades of the Same Color. Había expectativas altas.

Más interesantes se han presentado por ejemplo este año lo nuevo de Upsammy con Zoom, con muchas capas en cada tema, nuevos aspetos que ir descubriendo. En el otro lado, regresos como el de Rone, con un Room with a View de contrastes, muy luminoso por momentos pero también oscuro. Una ambivalencia que también se ha visto en lo nuevo de Patten, con mucho sonido digital, ritmo roto y coordenadas de tendencia más urbana. Como lo nuevo de Rian Treanor, cuya polirritmia prometía mucho con el adelanto ‘Orders From The Pausing‘, aunque su UK Bass se ha vuelto a quedar corto en la composición final, salvo algún caso puntual, con temas deconstruidos pero a menudo planos a pesar del dinamismo de su sonido. Algo que sí ha conseguido de nuevo Lorenzo Senni. Sus devaneos entre la electrónica progresiva y sus rupturas rítmicas, tan difíciles de catalogar, pero también con un sonido muy reconocible, han hecho de Scacco Matto un buen regreso seis años después. Un trabajo en corto y al pie.

Quien ha sorprendido gratamente, mostrando que se le da bien esto, es John Frusciante, utilizando su nombre de pila para seguir con la electrónica, en este caso entre el breakbeat y casi el drill ‘n’ bass con Maya. Y también hay que rescatar nombres como el del iraní Ash Koosha de nuevo, con discos tempraneros del año como BLUUD, deconstructed club de experimentaciones y ambientes intensos. Discos guays como lo nuevo de Sophia Loizou con su puntito ambiental, como también el que hay en los distintos puntos comunes del trabajo de Aquarian, al que sería injusto etiquetar en un solo género. Quien no ha fallado y ha publicado un trabajo muy colorido y eufórico ha sido Machinedrum con A View of U, muy guay. Para el bucle a falta del mejor FlyLo.

Y por último, cómo no, uno de los nórdicos preferidos por excelencia, el gran Aleksi Perälä, un Legowelt de la IDM: cada año saca demasiadas referencias, difíciles de seguir, pero a pesar de que sus producciones se basen en trabajar un patrón e ir desarrollándolo, de forma que es conceptual en cierta forma, a pesar de tenerle bien calado, siempre cumple. Raro es el disco en el que no vas a encontrar vario temas de los de dejar en bucle. Inconmensurable, como siempre, aunque como es obvio, no siempre rayando al máximo nivel. En un 2020 complicado, el finlandés se ha cascado una decena de discos y un EP. Por lo menos. Ahí es nada. Ayudando a hacer más llevable el confinamiento común. Colectivizando el espíritu. En cualquier caso, y dejando al amigo nórdico, sobre todo en IDM ha habido referencias muy interesantes en formato EP, con zonas de confort pero muy efectivas con gente como el amigo James Shinra.

La pulsión techno

Si hablamos de techno, obviamente trabajos como los de Zavoloka y su pulsión, para nosotros el segundo mejor disco internacional del año y el mejor de electrónica, y otros como el debut de His Master’s Voice, que conjuga magistralmente el dub con otros cánones más añejos, han sido de lo más destacable. Aunque si hay que resaltar algo es desde luego el regreso muchos años después de otro compañero nórdico, Vladislav Delay, que con Rakka ha perforado muchos sesos. El polo opuesto a la calma evasiva y ambiental del confinamiento. Después no han faltado otros habituales que han cumplido, desde el veteranísimo Luke Vibert con su acid techno a las descargas de alto voltaje de Container, pasando por el siemrpre cumplidor Shifted con su dub techno, o cómo no, uno de los más inquietos del patio, el holandés Legowelt, que de todos sus lanzamientos, destacaría en el formato LP Tips for Life. Como siempre, hay algunos que son muy pasables al sacar tanta maquinaria constantemente. Y si hablamos de acid, precisamente Frusciante no ha desperdiciado el año para seguir explorando su rama electrónica con Trickfinger, un álbum decente con dos o tres temas que funcionan muy bien, y que a veces se va a la IDM. Tiene la lección bien aprendida.

Tirando ahora de un músculo más duro y regio, tenemos que hablar de lo de Guild Attendant y Suburban Scum, que cae sobre ti cual yunque, así como la oscuridad de Maenad Veyl con su Reassessment (de portada muy visceral) y ya la polaca Ewa Justka con el estricende misil de acid de Upside Down Smile. Techno del de fusilar sin miramientos. Apisonadoras sonoras. Después también han llegado las continuaciones de proyectos interesantes como INIT, formado por Nadia D’Alò y Benedikt Frey, un proyecto diverso a nivel sonoro con aristas varias para saborear, el pegadizo segundo LP de ambient techno de Zenker Brothers u otro lanzamiento de la iraquí E-Saggila, apadrinada ahora en Hospital, la casa de Vatican Shadow, con un álbum que rompe moldes más allá del techno. También hay que apuntar el debut de Hodge, que sin querer pisar los terrenos fáciles del tech house, pulsan esos puntos clave para la adrenalina y el éxtasis en la pista de baile. Tienen varios temas de los de venirse arriba; uno de esos discos que lamentamos no disfrutar en directo por esa orientación pistera de calidad. Y siguiendo con derivaciones, en el apartado entre los límites difusos con partes más electro, hay que quedares con lo nuevo de Phase Fatale y su toque oscuro sin concesiones, lo de Crushed Soul o la clase magistral de Dj Overdose en L.I.E.S. con el que posiblemente es su mejor trabajo en largo.

Y por último, a destacar también un trabajo mucho más político, por no decir eminentemente político, el de Speaker Music, que ha hecho de su Black Nationalist Sonic Weaponry un gran álbum por la convergencia con el jazz y facetas como el spoken word, en el que DeForrest Brown Jr. utiliza el techno como instrumento político. En este caso, como herramienta de superación política del actual sistema. Una especie de utopía sonora a la que ha dado vida con una composición muy rica, espoleada por el movimiento Black Lives Matter.

La vuelta de los clásicos

Por otra parte, como cada curso, los clásicos, algunos desaparecidos, otros que no han abandonado el ruedo, vuelven a publicar nuevos trabajos. En ese sentido, una de las gratas sorpresas ha sido lo nuevo de The Black Dog. Después de varios años de lanzamientos en largo algo más discretos, uno de los proyectos clave del techno y la IDM europea volvía con un Fragments que deja un franco sabor de boca, un trabajo que degustar poco a poco, con mucha textura y profundidades. Otros clásicos, de los de las fábricas de hits han sido Inner City. Nada más y nada menos que 28 años después, Paris Grey y Kevin Saunderson volvían juntos a las arenas del house y el garage. Es cierto que no es un álbum que destaque entre todo lo del año, ni en su género, aunque sí es un trabajo que se deja esuchar, de fácil entrada y pegadizo; típico disco de pista de baile de gente veterana. Nada nuevo, ningún Big Fun ni Good Life y sí muchos puntos comunes, pero con buen olor clasicote a veces. Muy superior e inspirador por ejemplo el de otro clásico norteamericano, Theo Parrish, quien con Wuddaji y su deep house con ramalazos jazzísticos se ha marcado un collage sonoro muy disfrutable. La frescura de un debutante y el talento de un veterano.

Y en el apartado de los nuevos discos de grandes nombres, por lo esperado o por el resultado, destacaría tres. Uno de ellos Tomorrow de Steve Roach, un auténtico monumento a la música secuencial, la new age que no solo se queda en las estructuras endebles, con unos ambientes y una intensidad para dejar en bucle durante horas. La escuela de Berlín. Y por supuesto, lo otro es lo de William Basinski. Aunque en los últimos años ha tenido lanzamientos más pasables como On Time Out of Time y discos notables como la colaboración con Lawrence English, Lamentations es una maravilla. Condensa todo aquello por lo que había hype con la noticia de otro LP: ambient de muchos kilates, con momentos de dramatismo, vocales operísticos, erosión para quitar el hipo y en definitiva, una capacidad de epatar absoluta. Un trabajo con el que asomarse al vacío.

Y por último, cómo no, el regreso de Autechre, que con SIGN nos mostró al dúo de Rochdale más accesible, un disco del que se esperaba más, tanto en el resultado final al no tener ninguna pieza memorable, y para los más valientes, como en el ámbito de la estructura, sin complejidades. Un álbum que combina su parte más ambiental, ya presente desde sus inicios, con algún regreso tangente al Oversteps. Y luego ya, por sorpresa, PLUS, un disco más anguloso, con los tamices alienígenas propios de Autechre, aunque ya había perdido en cierta forma el interés después de toda la espera para SIGN. Tampoco es una referencia que guardaremos en la memoria. Tiene su parte para satisfacer a los que querían ese reto sonoro, pero no es en ese sentido Exai, por ejemplo. Algunos esperarán a resarcirse en el ¿Primavera Sound?

Synth, house y otras cosas pisteras

En el ámbito del synth pop, derivados y terrenos house, sobre todo en la primera parte destaca ese nuevo proyecto que tanto ha gustado, Il Quadro di Troisi con Donato Dozzy, un repaso al Italo Disco, al synth y al pop italiano. Un milagro que aún se encuentren discos así en el synth pop. Y en los márgenes sintéticos, la frialdad y minimalismo de la corriente Minimal Synth, la belga Borusiade ha vuelto a tirar de esa inspiración de otros tiempos para llevarnos a terrenos oscuros muy guays. Polo opuesto a discos más coloridos y vitalistas como el de la letona Sign Libra y su debut entre de toques pop muy juguetones. Aunque para debuts, no de los que más destacaría ha sido el de la colombiana Ela Minus, que lo ha hecho nada más y nada menos que en Domino con Acts of Rebellion. Un disco colorido, con buenas secuencias y muchos detalles tropicales que sumados a su sensual voz, hacen un disco altamente disfrutable. Y no son precisamente debutantes, pero también hay que destacar en estos terrenos el regreso de Roisin Murphy, mostrando el buen hacer Disco que había en Moloko, con un trabajo bastante bailable, como lo es el nuevo de Jessie Ware, también con raíces Disco muy efectivas. Y quizá el subidón del año, lo de Dan Deacon. Dios te bendiga, Dan Deacon. Crack y amo de la vida. Chute de energía y vitalidad en un añazo increíblemente de mierda. También en EEUU.

Entrando en cosas decepcionantes está por otra parte lo nuevo de Finlay Shakespeare, al perder la frescura de Domestic Economy con ese cruce de electro, teclados y minimal synth. Apenas hay temas de enganche y melodía de llevar en volandas. Mucho mejor, en esas coordenadas en las que convegen distintas corrientes de los sintetizadores como el pop, el minimal synth o el darkwave Trust, de los serbios Sixth June, donde la voz de su vocalista vuelve a marcar la diferencia entre ese ambiente oscuro. Y volviendo al ámbito pistero que se encuentra con terrenos house, L.A. de Tensnake no es un disco especialmente destacable, aunque tiene varios hits houseros y olor ochentero muy buenos. Aunque si alguien ha destacado en el house este año ha sido una vez más el bueno de Omar S., con varias referencias en 2020, destacando sobre todo You Want, moviéndose de forma genial entre un estilo contemporáneo y guiños y detalles del Chicago House de hace 30 años. Un peldaño por debajo, aunque adictivo y con buenos momentos de baile el Slap Happy de Delroy Edwards con su house y su rollo outsider. Aunque alejado de su terreno house, Traumprinz como Dj Metatron ha desterrado los espíritus primarios con un trance de corte amiental con Loops of Infinity. Tiene piezas de pura euforia.

Experimentación, collages y fauna ecléctica

En el ámbito de la experimentación y trabajos que suelen estar fuera de los márgenes establecidos o con estructuras no tan habituales, Michel Banabila ha seguido dando rienda suelta a sus minimalimos y colaboracions con All Connected, paseando desde el ambient hasta el glitch, entre otras estructuras. Con los collages sonoros, The Avalanches muestran que su retorno del letargo es oficial y que parece que nos van a dar al menos unos cuantos años en activo, sin esperar tremendos periodos sin nuevos discos. En ese sentido, We Will Always Love You sigue estando lejos del debut, que es algo casi por lo que se les medirá siempre, pero aunque largo —habitual—, tiene varias perlitas que muestran su conocimiento musical y la habilidad para conectar distintos géneros como ellos solos. Aunque no solo son ellos los jefes del sampleo, hay otros veteranazos como el norteamericano Carl Stone que no paran. Ha cogido buen ritmo en los últimos tiempos y hay nuevas referencias anualmente. Con Stolen Car, un anagrama con su nombre, traza sus habituales rupturas rítmicas, sinuosas fusiones entre el pop y producciones orientales que dan como resultado otro trabajo fascinante. Qué bueno que esté produciendo en lapsos cada vez más cortos. A veces te vuela la cabeza. El molar. Otro de los mayores que volvió el pasado año fue el padre del glitch, Oval, con Scis, más normalito, eso sí.

Quien se ha alejado esta vez más de los colages sonoros es Eric Copeland, habitual cada año, que con Dumb it Down ha elaborado un álbum de pseudo pop cacharrero barnizado por algo de psicodelia. Y más gente que ha hecho acto de presencia en 2020 ha sido Ricardo Donoso, el brasileño es un tipo escurridizo hablando de géneros, y en el notable Content lo ha vuelto a demostrar: desde la electrónica progresiva hasta abrasivos ritmos techno, sin duda se trata de un lanzamiento con muchos poros al que dedicar bastante tiempo. Otro regreso ambivalente que juega en distintos trazados sonoros ha sido el de Call Super con piezas que van desde la IDM hasta cierto outsider house, pasando por toques de abstracción sorprendentes. Un disco muy ecléctico.

Y precisamente si alguien está teniendo cada vez una evolución más ecléctica, esa es Arca. La productora venezolana ha ido añadiendo nuevas capas a su música, que ha servido como vehículo de expresión no solo para su transición de género, también para tratar la cuestión LGTBI y los derechos de este colectivo. En KiCk i colabora con nombres como Sophie, Rosalía o Björk, precisamente otra referente cuya carrera ha sido totalmente camalaeónica. No es la primera vez que colaboran, pero esta alianza en el disco, junto a la que forma con la artista catalana culmina un trabajo de muchas e interesantes aristas, uno de los trabajos del deconstructed club del año. Asimismo, otra productora cuya carrera sigue una buena línea, aunque esta vez se ha encerrado en un camino más folk e intimista es el de Eartheater, si con Irisiri dejó huella con una sensibilidad espacial embadurnada de capas electróncias finísimas, en Phoenix hay menos presencia, pero esas melodías electroacústicas siguen funcionando muy bien.

Lo de los infinitos EP, sencillos o splits

Si has llegado hasta aquí sin enviarnos a la mierda es que realmente te interesa. Seguramente sabrás la cantidad de pequeñas referencias que han salido, lo más habitual en la electrónica. La lista podría ser interminable. Desde el split entre Prurient y Kelly Moran, hasta el EP melódico y ensoñador de Overmono, pasando por el sencillo de dub techno y sonidos añejos de Mor Elian, o el avance a última hora del nuevo EP de Burial, con un refrito —esta vez menos— —pero joder, qué refrito— de lo ya editado pero con un vocal tremendo, podríamos estar horas y horas recomendando. Y para eso dejamos (dejo), como todos los años, la spotilista electróncia de todos los años con los lanzamientos de 2020, un tema por referencia, que seguramente aún se seguirá actualizando porque llegar a todo es imposible.

Por destacar algo, el añazo de Otik con el nivel cada vez mayor de sus EP, la adrenalinta del sencillo de Karenn, el EP en directo con ácido y otras cosas de Lapalux, por supuesto las referencias de James Shinra y su elegante, IDM; el músculo de Boston 168 en Vax of Love, los regalos orientales de Lim Giong, los pinchazos electro de 96 Back, los submundos de Bas Grossfeldt, el EP clasicón de techno de Davis, no tan brutote como el Nothing Stops Detroit de Robert Hood o el de Ron Morelli en Exhibition of Counterfeits; los bonitos EP de Loraine James, el acid de Noah Gibson, así como el de Octo Octa y su ‘River’… Y aunque no ha vuelto en largo, muy bueno Skee Mask con su glitch en Iss006. Pero muy bueno. O el EP de тпсб (tpsb), Whities 031; buen IDM y D&B atmosférico o el mejor Legowelt en el EP System Shapeshift. En resumen, un sinfín de historias, oigan. Hemos hablado largo y tendido en los Cargamentos Electrónicos™.

En cuanto a las decepciones más notorias ya os hablamos. Empty de Nils Frahm por su falta de profunidad después de haber llegado a su nivel más alto en All Melody. Y ya los Salem, OPN o Actress, mal que nos pese.

Y ahora, LA LISTA (con 326 temas por el momento, uno por referencia). La chuleta para buscar algunos nombres e ir dándole horas.

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