Después de un profuso repaso a la escena electrónica internacional del ya extinto 2020, es el turno ahora de lo que ha dado de sí, a rasgos generales, la electróncia de los artistas patrios, que cómo no, ha tenido también sus ramalazos de ambient y sus derivados, con trabajos muy serios, pero también buena facturación techno, IDM y esos sellos cada vez más difusos que gustan por aquí. A modo de autoefeméride random, un repaso que surge casi justo un año después que la edición de 2019. Bueno, ahí van algunas de las cosas más destacables de la electrónica española en el pasado curso.

Para amigos del ambient y la erosión

Como ha sido tradición durante el pasado ejercicio, empezamos este repaso también desde la parte ambiental, un terreno en el que la electrónica española lleva años rindiendo a un gran nivel, y el presente curso no ha sido menos. Empezando por David Cordero con La Isla Dormitorio (ROHS Records, 2020), posiblemente su mejor largo hasta ahora, con cinco temas de ambient que toca lo épico de una forma sencilla pero emocionante. Uno de esos álbumes que disfrutar con auriculares y sin prisas, un trabajo muy notable, sin pretensiones, en corto y al pie. Con sus momentos secuenciales, tonalidades tenues, algún momento de drone y grabaciones de campo. Por todo ello figura en la lista de los mejores discos de electrónica de 2020 para esta casa. Pero ni mucho menos ha sido lo único que hiciera este curso, también publicó Honne (本 音) (Dronarivm, 2020), un LP de obvia inspiración oriental (y portada andalusí), más alejado de tintes intensos que intenten epatar, pero recomendable por una estética bella que también es destacable. Aparte de estos dos larga duración, también publicaba junto a Pepo Galán As a Silent Tongue Shadow, una colaboración con cinco temas de minimalismo y gran evocación, con pasajes oníricos y mucho minimalismo. O un recomendable también Reiyā, más ortodoxo ambientalmente, pero disfrutable, junto a Shinji Wakasa y Warmth.

Un año bastante activo para el artista andaluz por tanto, que también ha publicado en largo en solitario Soledad, un álbum más cercano a la neoclásico, con pianos, y con una obvia inspiración en el Mediterráneo e imaginario popular como se puede ver en la portada y los títulos (‘Botes‘, ‘Llega el verano‘, ‘Chanquete’)… Un trabajo de bajas pulsaciones, suave y liviano, que emergió el pasado octubre. Por último, este mismo Galán también lanzaba otra colaboración, esta vez con Sita Ostheimer en el sello americano Past Inside The Present. Contact es un punto medio entre los dos anteriores álbumes, con también secciones vocales fantasmales que se evaporan entre las líneas ambientales y secuenciales en segunda línea. Y algo más erosivo y potente a nivel sonoro ha sido lo de Architectural con Life in Fragments, cinco piezas de tensiones pseudoglitch en las partes más orgánicas de algunos temas, como ‘Fragment 03‘, en contraposición a toda ese drone y ambient. Y el otro alias del asturiano Juan Rico, Reeko, publicó a finales de 2020 un notable Dualidad, otro trabajo de ambientaciones que tienen, cómo no, derivaciones hacia otros estilos o subgéneros. En él también hay tonteos drone y algún resquicio glitch. Un álbum con una primera mitad más onírica y escapista, y con una segunda más agresiva de territorios hostiles. Esa dualidad de la que habla, y en la que muestra lo bien que juega en estas coordenadas sonoras. Vida más allá del techno.

También se ha pasado este año al ambient el exWe Are Standard Jon Aguirrezabalaga, más conocido como Zabala, debutando en largo bajo el sello de de Aitor Extebarria, aka El_Txef_A, Forbidden Colours. El suyo es un muy decente debut, efectivo y evocador de la banda sonora que pretendía emular con el trabajo: momentos más sosegados, crecidas contenidas y en general unas coordenadas bastante cinemáticas. Por otra parte, otro de los trabajos esperados era el nuevo aka de John Talabot, Koraal, que publicaba en octubre a través de Nous’klaer La Casa del Volcán, un largo de ambient dub de pequeñas pulsiones en las que poco a poco van entrando pequeñas incisiones para adornar un álbum que no es para todos los públicos. Ambient oscuro y escurridizo, de huecos pocos accesibles, en los que Koraal va construyendo poco a poco nuevos paisajes a partir de esas pequeñas incisiones sonoras. Y otros catalanes, veteranos del panorama, Balago, volvían de nuevo con Els Altres (Foehn, 2020), un seductor LP de tres largas piezas y collages sonoros profundamente evocador, con detalles costumbristas y esos pasajes de profundos sintetizadores que tanto gustan. No fallan.

Otro veteranazo que tampoco ha estado quieto a pesar de la pandemia ha sido Pina, que por una parte vovía a públicar cómo no, en Lapsus, para explorar con Buit esas erosiones sonoras emparentadas con las referencias mencionadas. Una experiencia muy interesante por ese concepto de vacío (buit en catalán), que se plasma a lo largo del trabajo en distintas vertientes, el sonido turbulento de lugares espaciales y la tranquilidad; la calma tensa de esa inmensidad. Y sorprendía luego, el 25 de diciembre con Advent (Sin Hilo Records, 2020). Mientras estabais todos con el vermú, él sacaba a la luz un disco más alejado de su IDM habitual para adentrarse en terrenos más progresivos y secuenciales, con unos paisajes para quedarse en babia realmente buenos. De hecho, es probablemente de lo mejor que ha hecho últimamente. Ni tan mal este sorprendente lanzamiento, repleto de clasicismos y con mucha chicha para pasar horas en babia. A veces vale la pena esperar.

Para cerrar el tema ambiental, progresivo, atmosférico y otro adjetivo común sobre el clima, dos cosas. Por un lado los valencianos Mecánica Clásica, de quienes ya os hemos hablado unas cuantas veces, publicaban en febrero Colección Exigua Vol​​.​​1, el primer volúmen de una serie que ya tiene su secuela en este 2021, y que estaba compuesta de dos temas de largo recorrido, empezando por un prisma más prototípico ambiental, para acabar en una red progresiva y con grabaciones de campo en ‘La Naturaleza del vacío’. El segundo corte tampoco tiene nada de desperdicio con esa selva de sonidos analógicos en la que vale la pena quedarse atrapado los casi 20 minutos que dura. Por otro lado, Ana Quiroga, ahora NWRMNTC y conocida también por ser la otra mitad del ya extinto proyecto LCC, publicaba en abril bajo su propio nombre Preludes, un EP ambiental con grabaciones de campo que se queda muy corto por su buena construcción. De menos a más y tremendamente evocador, muestra de por qué con el dúo llegaron a Editions Mego. Tecnología de hoy con técnicas de ayer como los vocales de Brian Eno utilizados a modo de instrumento, de drone vocal. Obligatorio para la parroquia ambient.

Techno, IDM y todo aquello que deberías haber bailado

Volviendo de nuevo a Juan Rico, de nuevo como Architectural, editó en mayo Reprises, un trabajo en el que revisaba varios de sus temas de lanzamientos anteriores como Metropolitan Opera, un álbum en el que hay largas líneas de atmósferas, pero también esa pulsión techno con la que se le conoció sobre todo con Reeko. Aunque sin duda el protagonismo este 2020 lo tuvo como Architectural, también con potente ambient techno en Future Was Disco, pero también con aristas más propias del espectro synth. Una reinterpretación de ese futuro Disco. Pero si hay que destacar algo es principalmente ese EP en la legendaria casa belga R&S, siendo —si no la liamos— el primer español en publicar allí. Dos cortes que cruzan su lado Reeko y su lazo Architectural, con orígenes de techno clasicista, tanto en la intercalación de los vocales como de las cajas de ritmo. Y con esa imaginería espacial. Tremendo tema ‘This is not Purple‘. Más contundentes se mostraron sus paisanos asturianos Exium en Solid Mechanics EP (Nheoma, 2020), cuatro cortes de techno ortodoxo, con sus partes de acid e intensidad sin fisuras, con alguna segunda línea para acompañar. Pero lo que manda es ese sonido regio, marca de la casa. Potencia norteña. La misma que Óscar Mulero en Gradual Blending EP, volviendo a su parte más dura. Y en lo que se refiere al techno de siempre, también calidad madrileña, en este caso, de otro clásico como Eduardo de la Calle, exhibiendo su clasicismo y buen hacer en Muraliviswa (Semantica, 2020).

En el apartado de beats más coloridos podemos hablar de lo que llegaba en junio de la mano de Beautiful Acciden, el bonito EP de BeatLove, Avian Heart. El dúo sevillano se sacaba de la chistera una elegante y ecléctica referencia con sintes coloridos y beats tribales en los que destacar la sección vocal. Y en el lado de los quiebros geométricos o más angulosos, la catalana Annie Hall publicaba en el destacado sello Central Processing Unit Fum, un lanzamiento muy elocuente, tirando de cacharrería analógica, a mitad de camino entre la IDM y postulados electro. Muy pegadizo. Quien sí ha hecho un trabajo más nítidamente IDM, aunque con una arquitectura sonora más relajada y tendente a reminiscencias oníricas y que van desde momentos más vitalistas hasta otros más melancólicos es Look Inside de AZ Rotator, proyecto detrás del que se encuentra Uge Ortiz. Un trabajo también más minimalista.

Y fuera de esas feras más conocidas, hay que destacar el olvidado proyecto eedl, que tras un hiato de años, publicaban en Lapsus Unstored, un notable trabajo a mitad de camino entre la IDM y el glitch, con detlles realmente buenos. También merece la escucha el EP Principi d’incertessa de 4Cantons, productor afincado ahpra en Berlín. Entre el techno oscuro y el electro clásico, inspirado al menos a nivel visual en la geometría de los rascacielos de Benidorm. Y no veterano, pero sí uno de los productores más talentosos de los últimos años es Pedro Vian, que a través de su sello Modern Obscure Music, publicaba su tercer largo, Ibillorca (MOM, 2020), que como suele ser más o menos habitual en sus álbumes, tiene cosas bastante diversas, buenos contrastes entre sonidos oscuros y otros más luminosos. Este Ibillorca es su homenaje al espíritu balearic y al magnetismo de las islas, y eso se nota en algunas piezas finísimas, de tempos lentos y algo de ritmo para la pista de baile. Sutil como siempre.

Si hablamos de debuts interesantes, estaría también el de los vigueses Yugen Kala, dos hermanos que tiran por terrenos propios del UK Bass en Nothing Is Original, pero también con algún ritmo más relativamente reggaetonero e incluso de footwork contenido en algún corte. Y por terrenos también eclécticos se mueve Fernando Lagreca, uruguayo afincado aquí que es prácticamente otro de la casa. Seis años después, en 2020 publicó otro largo haciendo gala de su ambivalencia en distintos terrenos, a veces cayendo en algo de tech house, pero sobre todo brillando en esos temas de beats accesibles y elegantes vocales femeninos, sin dejar de lado ritmos melódicos dentro de esas derivaciones house efectistas y algún pasaje de techno más duro y algo ácido. Algo de lo que ha tirado precisamente otro de esos productores afincados aquí desde hace tiempo, como el caso del italiano Regal, que a través de BPitch Control publicaba Ego Wars, EP marca de la casa de prácticamente hard techno y algún retazo más trance. Para los acérrimos de la zapatilla dura.

Y si hablamos de no solo clásicos ni veteranos, sino prácticamente de leyendas, Esplendor Geométrico volvían en largo cuatro años después de Fluida Mekaniko, en un ya lejano 1 de enero de 2020 con Cinética y su habitual despliegue de violencia sonora. Después de cuarenta años de historia y vanguardia, Lanz y Saverio, a pesar de la distancia, siguen pariendo temas que retan al oyente con sonidos industriales pesados, densos e incómodos, bañados en vocales filtrados; donde el concepto de experiencia al escuchar un nuevo trabajo brilla en todo su esplendor. Nunca mejor dicho. Angustia, claustrofobia y un andamiaje helado y mecánico. Aunque el verdadero reto fue el segundo largo que editaron a finales de año, 40 años nos iluminan (Rotor Discos, 2020), un trabajo en el que recuperan ese característico sonido tóxico, infeccioso, con una mejor producción; más limpia (entendiéndolo en su contexto), y que parece el resultado de grabar un disco tras una explosión nuclear. Solo para valientes. En el punto intermedio entre ambos, Biomechanica, una colaboración entre Arturo Lanz y Francisco López.

En cuanto a otras pequeñas referencias, tampoco faltó a la cita uno de nuestros preferidos a la hora de fabricar temas pisteros para desempolvar en (no solo) en verano: Sau Poler. El catalán lanzaba por una parte Blooms (Mule Musiq, 2020), con su habitual sonido tropical, esta vez embadurnado de ritmos barbitúricos, pero también con toques de acid. Pura psicodelia para estados alterados. Al otro lado, Music for Pandemic States (Pau Soler/Visions Fugitives, 2020) tenía ese lado a veces más introspectivo, pero no solo. A pesar de esos estados alterados de conciencia a los que se refería Josh Wink, Poler lo hacía para estados pandémicos, también en su forma tribal y con pequeñas melodías que tenían algún detalle en segunda capa, sutil, pero que jalonaba estupendamente, como en la parte III. Y cómo no, también hubo EP de otros habituales de estos repasos, los andaluces BSN Posse con Rituals EP y su siempre revitalizador footwork, breaks y ambiente urbano para darle caña a los clubs imaginarios que a ver si este año se podrán pisar.

Y por supuesto, aparte de este rápido repaso, todo lo que salga de sellos hoy imprescindibles que tanto gustan por aquí como Analogical Force o Lapsus con su rescate al braindance o la IDM de gente como D’Arcangelo o James Shinra; o los siempre cumplidores Pye Corner Audio o el viejo zorro Legowelt. Además de esas producciones locales que también editan de vez en cuando.

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