Después del barrizal en el que nos hemos metido con las listas de lo mejor del año y los de la década ¿se ha acabado la década ya, o no? HOSTIA, quizá con alguna cosa de última hora que sacaremos, volvemos al clásico repaso de lo que ha dado de si la escena nacional e internacional en lo que se refiere a electrónica. Tarde, como de costumbre, para no faltar a la tradición, aunque esta vez más pronto. El repaso de 2018 lo hicimos en febrero. Un año interesante, como siempre, puesto que con el abanico de géneros y de cruces de estilos es difícil que no lo sea, en el que no ha habido quizá ningún disco excelente aunque sí muchos trabajos muy buenos. Así lo atestigua nuestra lista de los mejores discos de electrónica de 2019. Independientemente de nuestros mejores veinte del curso, expiamos nuestros pecados con este repaso para dar cobijo a toda esa gente de la que no habíamos hablado o de la que nos sentimos mal por haber quedado fuera de las listas anuales.

Ambient, drone, experimentación y minimalismos

Así pues, empezamos por un estilo que siempre ha estado bien representado entre nuestros preferidos cada curso, el ambient y todo aquello relacionado con el drone, las atmósferas que acongojan y las erosiones que evocan en mayor o menor medida. En ese sentido, si hay que destacar a alguien este año es, una vez más, al mago italiano Alessandro Cortini, que con VOLUME MASSIMO (Mute, 2019) ha compuesto uno de sus trabajos más completos de los últimos años, un disco que juega como pocos de los suyos en el ámbito de las emociones. Otro trabajo a destacar es el de un viejo conocido de esta casa, Dino Spiluttini, que tras aquél glorioso Modular Anxiety (Umor, 2014) con Nils Quak y después de una trayectoria irregular en largo, Heaven (Mego, 2019), que además ha sido su debut en Mego, por lo que no podía fallar y en efecto no lo ha hecho. Otro que destacar por supuesto es el regreso de Fennesz con su potente Agora (Touch, 2019). Con menos fuerza pero con buenas distorsiones es también recomendable lo último de Loscil, Equivalents (Kranky) o Mondkopf con su EP y LP de 2019. Y desde Rusia con amor, hay que destacar también a Atariame, que ha debutado en Not Not Fun con Voiceles (Not Not Fun, 2019), con un disco ambivalente.

Quien tampoco ha faltado a su cita con el estudio han sido Pye Corner Audio con Hollow Earth o Rafael Anton Irisarri, con su notable Solastalgia (Room40, 2019) y sus grandes erosiones. O Synkro con un segundo disco que se ha fusionado con la IDM, con un sugestivo Images, los dos discos de Celestial Trax… También merece mención especial el debut en largo —y en solitario— al fin Barker con un notable trabajo de loops que dejar en bucle, valga la redundancia, con Utility (Ostgut Ton, 2019). Tampoco ha faltado a la cita Alberich con su dark ambient y algo de industrial en Quantized (Hospital, 2019) o Steve Hauschildt con su electrónica progresiva en Nonlin (Ghostly, 2019), aunque muy lejos está del trabajazo de Caterina Barbieri con Ecstatic Computation (Mego, 2019), uno de los justos discos del año. Y para los amigos de las escuchas largas, sin duda Explosions in Slow Motion de bvdub. Ambient de bella factura con desarrollos sin fin.

En un segundo escalafón pero interesante, se encuentran trabajos como los dos de vuelta de Helm y su ambient oscuro en Chemical Flowers, Amon Tobin o Earthen Sea con Grass and Trees (Kranky, 2019) y sus tonteos con el minimalismo, el debut en largo al fin de Rainer Veil con Vanity (Modern Love, 2019) y su cruce con el future garage, o también la ópera prima de Orphan Swords, Ascent, que ha sido producido por el catalán Pina. También ha habido decepciones, cómo no, o largos que no han llegado a satisfacer, como el regreso de Umberto con Helpless Spectator (Thrill Jockey, 2019), a pesar de que hay alguna perla, o On Time Out of Time (Temporary Residence, 2019), del maestro William Basinski. O Tim Hecker, por mucho que nos pese, con un Anoyo en la línea del LP de 2018 que está lejos de lo mejor que saber hacer.

En lo referente al apartado más experimental, una de las secciones que utilizamos siempre para meter cosas difícilmente clasificables, una especie de cajón de sastre, y por ello hay que empezar con lo último de Amnesia Scanner con el fundador de PAN Bill Kouligas, Lexachast (PAN, 2019). Un trabajo post-industrial en el que hay dentro una cantidad de estilos y que es para no perdérselo de vista por todas sus aristas. Más lejos de esos sonidos abrasivos y con mucho más reposo, jugando la carta de los paisajes y los detalles de las capas secundarias está el acertado trabajo conjunto de Banabila y Machinefabriek, Entropia (Eilean, 2019). Más movido está lo de Brand Brauer Frick (con nuestro santo Daniel Brandt) con Echo.

IDM, glitch, breaks y otras movidas

Otro apartado clásico que no nos puede faltar es el de la IDM, uno de los géneros que más nos flipan. Un año en el que hemos disfrutado de buenos regresos de veteranos, jóvenes productores y una buena retahíla de notables trabajos a los que acudir, si bien es cierto que se ha echado de menos un LP sobresaliente. Pero no han faltado ni epés ni un puñado de discos para disfrutar, que casi llegan a esa excelencia. Entre ellos es obligatorio hablar del islandés Bjarki, que después del gran Happy Earthday, donde acumuló los mejores trucos del género de los últimos 25 años, se sacó de la manga Psychotic_Window a finales de año, un trabajo más oscuro y cerrado, pero con algunos retazos que son purito Aphex Twin. Palabras no menores. Sí ‘menor’ en cuanto a lo que ha hecho, aunque sigue siendo un disco notable, es lo último de Datach’i, Bones, explorando sus puntos comunes modulares. Previsible pero buen disco. Como bastante bien también el regreso preciosista y progresivo de John Beltran con Hallo Androiden. Muy guay también lo nuevo de Konx-om-Pax con Ways of Seeing, con un disco repleto de texturas y buen punch también que tontea con el ambient techno. Mejor aún el diverso y rico segundo largo de Loraine James.

Más que decente regreso también de Plaid con Polymer y esas melodía poliédricas. Quien sigue sin alzar el vuelo es Ekoplekz y sus ambientaciones, loops y giros IDM. En In Search of the Third Mantra hay mucha inmersión, pero ni con la misma riqueza ni portento de Reflekzionz. Por otra parte, hemos tenido lanzamientos a tener en cuenta como la banda sonora de James Holden con A Cambodian Spring, con sus momentos de erizamiento de bello, el EP del veterano Christoph de Baballoon, los correctos epés de Lee Gamble, un clásico B como Lusine con su EP Retrace, lo nuevo de Matmos, el disco de Mikron, también a mitad de camino con el ambient techno en el que ha sido una de las referencias más interesantes de Central Processing Unit junto a Plant43, el tempranero lanzamiento de Norwell… Y mención especial premium para Aleksi Perälä y el extensísimo trabajo realizado en 2019, desde el buen Sequence 3 hasta los Colundi Sequence Level y algunos álbumes más. Incombustible año a año.

En cuanto a lo referente a los breaks, este año ha habido un par de lanzamientos para fumar en pipa, el primero, el otro reverso de John Beltran, Placid Angles, veintidós años después con el elocuente First Blue Sky. La otra, por supuesto, al pedazo de EP de East of Oceans, otro aka, esta vez de bvdub. Una auténtica joya. En segunda línea tenemos los epés coloridos de Lone, En el apartado del glitch hop, decente y con temas muy llamativos lo nuevo de Lapalux, normal el regreso de Shlohmo, quien antaño fuera uno de los jefes de los graves, y algo agotada la fórmula de Flying Lotus a pesar de su rico acercamiento al jazz con Flamagrama, un disco innecesariamente largo, uno de sus principales handicaps. Por último, en cuanto a otro cajón de sastre como es la neoclásica, bastante recomendables sendos discos de Modern House Quintet y Portico Quartet.

El technazo y ramificaciones

Otro grueso del repaso, cómo no, viene para el amplísimo techno y unas cuantas de sus variantes. Desde el techno de matices de Shed en Oderbruch hasta las diferentes modalidades de acid techno, ambient techno e incluso IDM del bárbaro Paul Woolford, Special Request, que ha cumplido su promesa de publicar cuatro largos, a destacar Vortex y el añejo Offworld. En medio, pequeños lanzamientos como otro EP del seductor techno de Afrodeutsche, y otras pequeñas referencias que lo son por su formato pero no por su calidad, ahí son mucho más, como el caso Andy Stott son su estructura dub en It Should Be Us, que nos ha vuelto a dejar cosas de genio. Notable y bailongo disco el que ha ejecutado el capo de Proibito, Anthony Naples, con Fog FM. Ha sido también el año de vueltas de los bombos regios y eléctricos de Conforce con Dawn Chorus, bastante mejor que el regreso de Efdemin, que a pesar de sus loop, su minimal techno palicede salvo algunas ocasiones en New Atlantis. Lo que no ha decepcionado ha sido el segundo LP de la congoleña Nkisi con 7 Directions, un álbum con una parte importante folclórica y unos armónicos y percusión de los que es imposible escapar.

En el apartado del techno oscuro y atmosférico, además de un habitual como Vatican Shadow con dos buenos discos (Church of All Hallow’s Eve y American Flesh for Violence) y un EP flojo, Opium Crop Airstrikes, es de destacar otro trabajo atmosférico pero no tan oscuro, el de Rod Modell con Captagon. La mitad de Deepchord elabora un trabajo de dub techno bastante completo y con mordiente. Y en lo referente a los epés, como siempre ha habido cantidad de lanzamientos interesantes. Desde los de clásicos como Surgeon y los habituales de Floorplan (Robert Hood) cortados por el mismo patrón, hasta el techno melódico de Inigo Kennedy o la bella factura de Hi’s Master’s Voice con Transition. Y una larga ristra de nombres como Voiski, el siempre cumplidor Kangding Ray por partida doble, el buen y eléctrico binomio también de Shedbug, mejores lanzamientos que el último EP de Redshape, falto de volver a pegar fuerte; tampoco han faltado a la cita con el epé Karen Gwyer con su ambient techno, SHXCXCHCXSH con algún temarral en Word EP, Delroy Edwards con su ácido clásico, el músculo de Boston 168, la melodía colorida de Area Forty_One… Entre un gran puñado.

Bailes, sintes y houses varios

En el apartado de lo más bailable que puebla esta casa, el outsider house ha dejado buenas referencias, como 4 Ever EP de Florian Kupfer, mejor que el segundo LP también de 2019, Observer. Un clásico ya de esta casa y este estilo como Patricia, algo más discreto con Heavy Merging, y pasando a formato largo, la rusa Kedr Livanskiy ha vuelto con Your Need, un álbum en el que encontrar esas estructuras que están en los márgenes, con unas bases marcianas que tejen una personalidad propia y unos vocales de efecto narcótico. Volviendo el house bailable de siempre, a la pista habitual, Jacques Greene ha sacado un pegadizo sencillo, Night Service, Four Tet también ha cumplido con sus redes habituales en Anna Painting. Más seductor se ha presentado Dj Python con Derretirse, un EP selvático con muy buenas vibraciones. Aunque si hay que hablar de temas house que han sido realmente temas top este año, hay que hablar de Octo Octa con ese ‘I Need You’ dentro de For Lovers —el disco Resonant Body palidece frente a él—, o ‘Lilium’ de Dj Seinfeld en uno de sus dos EPs de 2019, Lilium EP. Buen pepino buenrollista. Y dentro del panorama deconstructed club, obligatoria también la referencia de Aisha Devi con S.L.F.

En lo referente a los sintetizadores más clásicos, 2019 ha sido el del regreso de TR/ST con un synth pop de tomo y lomo de los que siempre gusta escuchar. The Destroyer está partido en dos, no son grandes álbumes, pero dejan temas para disfrutar. Lo que ha hecho también Patience, el proyecto de Roxanne Clifford, vocalista y guitarrista de Veronica Falls (volved ya, HOSTIA), que ha debutado con Dizzy Spells. Aunque si ha habido dos descubrimientos guays este año han sido el de Finlay Shakespeare por su toque electro y estructura de temas largos impropia de piezas de synth pop, porque va más allá, y el de French 79, proyecto heredero del french touch con Joshua, segundo LP.

Debuts de gente a la que seguir la pista

En el apartado de debutantes, hay varios muy interesantes a los que seguir la pista. Uno es el del italiano Stenny con su ambient techno y derivados IDM, muchas capas, tempo acelerado y mucho talento. Como talento tiene también la georgiana Sophia Saze, que ha publicado en dos partes Self, un debut a mitad de camino entre el outsider house y una especie de dub techno en el que se ven muy buenas formas, aunque varias piezas a medio acabar que lastran su propuesta. Pero parece claramente un diamante en bruto. Seguimos con más productoras, esta vez con la sueca AnaMelina —que habitualmente colabora con Varg— como Vallmo, que en 2019 ha debutado en solitario al fin con Ruin Walls en Northern Electronics, un trabajo de ambient techno con mucha evocación en el que dejarse llevar por los paisajes que va dibujando. Y cerrando el apartado de debuts, aunque ya se les conocía por pequeñas referencias, ha sido el año de estrenarse en largo por parte de Karenn (Blawan y Pariah) con un debut que es puro fuego. Techno industrial como el del francés I Hate Models con L’âge des métamorphoses, con algo más de melodía. Y en una dimensión paralela, el otro proyecto paralelo de nuestros queridos suecos SHXCXCHCXSH. Con HSXCHCXCXHS y AÅÄ crean una obra hipnótica en la que desde el principio empiezan a sonar esas construcciones monolíticas que te dejan en babia sin renunciar a ambient sugestivo al final del trabajo, introduciendo unos pequeños halos de luz en una coraza fría como la suya.

Mixtapes, cintas y directos

Dentro de las pocas mixtapes o directos a las que solemos escuchar, hay que hablar de unas pocas. La primera referencia, la del directo de Overmono, Live in Osaka, grabada en 2018 pero publicada en 2019. Todo talento, con preciosos detalles, con todos los matices que jalonan sus melodías, guiños IDM… Una absoluta maravilla para escuchar. Mientras se deciden a debutar en formato LP, habrá que esperar con estas joyitas. En un camino similar está la japonesa Powder, este año ha publicado una buena compilación de temas propios y ajenos, con sugestivos ritmos tribales y orientales y algún zarpazo techno de factura propia. Después de buenos epés va llegando la hora de debutar en largo… Aunque si hay una cinta o directo que este año nos ha dejado con el culo torcido, esas han sido las Warp Tapes (89-93) de Autechre. Dos horas de magia, de alquimia sonora de uno de los proyectos fundamentales de la electrónica contemporánea. Mucho beat, música alienígena e inicios del reinado warpiano.

Marca España

Por último, en lo referente a la Marca España, que diría Mariano, ha sido un año decente, con nuevos proyectos que nos han dejado maravillados, aunque sin muchas producciones potentes que sí hemos encontrado en otros cursos. Obviamente empezamos por Mecánica Clásica y su cacharrería analógica para crear uno de los proyectos más interesantes de la electrónica patria de los últimos años. Un poco de escuela de Berlín/Düsseldorf, loops inmersivos, secuencias espaciales… Una maravilla tanto Filtraciones de Luz como Vientos Eléctricos. Hay que seguirles muy de cerca. No ha sido el único proyecto nuevo, y aquí destacamos también el estreno de Aitor Etxebarria, El_Txef_A, con un proyecto más intimista. Después de la banda sonora de Markak, Nihilism Part 1 nos muestra otro trabajo clasicista con secciones de viento que van avanzando hasta llegar a momentos de épica que estremecen. Otra cara interesante del artista vasco.

Y no nos salimos del norte, porque otro disco a tener en cuenta ha sido el de los donostiarras Reykjavik 606, un debut con electrónica y jazz que deja muy buenas sensaciones, con arreglos sintéticos de reminiscencias idemeras combinado con instrumentistas de calidad. Precisamente de reminiscencias van las creaciones de Pepo Galán, que ha firmado otro notable disco de ambient, con capas gruesas y pasajes secuenciales de primera en How Not to Disappear (Completely). Algo también de corte ambiental, aunque desprovisto del alma de su debut ha sido el segundo largo de Pedro Vian, de homónimo título, que no ha acabado de cuajar tan bien como su ópera prima.

También han seguido dando el callo algunos veteranos con sus producciones, como el catalán Pina y sus devaneos oscuros y analógicos con #4trax vol.1, En otros formatos, Tampoco ha faltado una de las puntas de lanza del techno español y europeo, Reeko, que junto a Psyk se ha sacado de la manga Natural Causes, un sencillo de technarro brutote para levantar a los muertos. Algo similar a lo que ha hecho Regal con The Eyes en BPitch Control, el sello de Ellen Allien. Por su parte BSN Posse han seguido con sus epés como Gotham, más cerca de los breaks que de su característico footwork, algo que está más en su Untitled Album, con sus habituales sonidos elocuentes y sampleos molones. Por último, destacar otra vez el tremendo curso que nos ha regalado el sello madrileño Analogical Force con sus lanzamientos de gran nivel en IDM.

Como siempre, no están todos los que son, pero son todos los que están. Cerramos el dicho cuñado con la lista personal de Spotify con 189 canciones de todo lo que hemos escuchado de ruidos en 2019.

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