Una canción, una escena es una sección Hipersónica donde se repasan algunos de los mejores momentos musicales en la historia del cine. O los mejores momentos cinematográficos de nuestras canciones favoritas. Sea lo que sea, es un perfecto cruce de nuestras grandes obsesiones.

La canción: ‘Age of Bloom (Hua Yang De Nianhua)’, de Zhou Xuan

La historia de Zhou Xuan se puede situar entre las múltiples tragedias del mundo del espectáculo con una oscuridad latente en medio de un aparente fulgor propio del estrellato. Zhou fue separada desde muy niña de sus padres biológicos, y su eterna búsqueda se vio siempre frustrada y esquiva. Esa pérdida nunca resuelta la persiguió siempre, desde su temprano despegue como cantante en su barrio pobre de Shanghái, a lo que le siguió una prolífica y exitosa carrera como actriz y cantante de diversas piezas. Nada de ello (o quizá por ello) logró que Zhou cayera en una depresión crónica que la llevaría a constantes internamientos en clínicas psiquiatricas hasta su muerte en 1957, tras una encefalitis.

Ese turbulento choque entre fama y dolor que marcó su vida late de forma sutil en una de sus canciones más populares, ‘Hua Yang De Nianhua‘ (‘Age of Blossom‘, o ‘Floreciendo‘). En la misma tradición de muchas composiciones pop en la China de aquella época, lo que aparentemente se presenta en la letra como una canción romántica sobre dos amantes toma un giro más oscuro y grave llegado a cierto punto, cargado de tristeza y devastación ante el deseo de unión y paz (representando la oscuridad de la época en la que Shanghái fue ocupada por Japón), hábilmente disimulado por una interpretación en tono más dulce y optimista. Vamos, como las mejores canciones pop.

La película: ‘Deseando amar’, de Wong Kar-wai

Como la cantante, Wong Kar-wai nació en Shanghái en la misma época en la que Xuan falleció. Sin embargo, su vida difirió en bastantes puntos. De joven fue trasladado con sus padres a Hong Kong antes del comienzo de la Gran Revolución Cultural Proletaria, con problemas para aprender inglés y cantonés durante un tiempo donde su mayor refugio fue el cine, al que tenía claro que se quería dedicar. Tras un tiempo trabajando en televisión y escribiendo para culebrones locales, y luego haciendo varios trabajos de guionista (acreditados y no acreditados), hizo su debut como director independiente con El fluir de las lágrimas en 1988.

Mientras progresaba con su estilo, fue adquiriendo notoriedad y prestigio gracias a obras remarcables como Chungking Express o Happy Together, hasta que rompió definitivamente con la que sigue siendo considerada su obra maestra: Deseando amar. Una obra de autor total, aunque se pasó quince meses haciéndola y escribiéndola según transcurría el rodaje, desarrollando las escenas y los personajes en el instante. Claro, viéndola da la sensación opuesta, de obra que el autor tiene totalmente en la cabeza, con cada plano y cada interacción bien calculada, pero también tiene cierto aire de magia encapsulada, de que ha conseguido capturar la apasionada espontaneidad de este trágico romance/fantasía, donde dos personas engañadas por sus respectivas parejas tratan de encontrarle sentido a la traición y terminan encontrándose en el proceso.

La escena

Esta tensión en constante evolución, esas miradas y esos roces que lo dicen todo porque no se pueden expresar verbalmente, queda marcada por el uso de la música. A lo largo de la película Kar-wai recurre en repetidas ocasiones al ‘Yumeji’s Theme‘ de Shigeru Umebayashi y a las versiones de Nat King Cole de temas como ‘Aquellos Ojos Verdes‘ o ‘Quizás, Quizás, Quizás‘, marcando los conflictos y los viajes de los personajes conforme van viendo que la fantasía que han elaborado para intentar entender lo sucedido finalmente pasa a refugio para su dolor y, luego, algo más. Pero una de las escenas clave no incluye ninguna de esas piezas, sino que aparece en la radio anunciada como si el cineasta nos obligase a prestar atención.

Mientras la triste y melódica pieza cantada por Xuan suenan en los transistores, la cámara va haciendo un traveling entre las casas de ambos protagonistas, separadas por un muro al que ambos se pegan con la esperanza de que el otro esté haciendo lo mismo en búsqueda de conexión. Una metáfora bastante clara, pero no exenta de fuerza y emoción genuinas: búsqueda de unión, deseo por una paz perdida en medio de la turbulenta oscuridad, esperanza de que lo que esté por llegar aporte más luz. Claro, este momento crucial luego hace que lo que Kar-wai cuente a continuación duela especialmente. Pocos como él logran reflejar tan bien el anhelo y el deseo a través de los cuerpos, y luego son capaces de dejarnos llorando en el suelo al llegar al final del viaje.

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