Una canción, una escena es una sección Hipersónica donde se repasan algunos de los mejores momentos musicales en la historia del cine. O los mejores momentos cinematográficos de nuestras canciones favoritas. Sea lo que sea, es un perfecto cruce de nuestras grandes obsesiones.

La canción: ‘Chiquitita’, de ABBA

Mira, la historia nos la conocemos ya, así que la cuento rápido: Benny Andersson y Björn Ulvaeus eran dos músicos emergentes de la música pop sueca que, cuando sus respectivas bandas se separaron, quisieron trabajar juntos y hacer los jitazos que partieran la pana por todo el mundo. Pero algo les faltaba. Björn conoció y luego se casó con Agnetha Fältskog, que era cantante de dance local y pasó a ganarse cierta notoriedad con sus canciones y su voz, mientras que Benny conoció a Anni-Frid Lyngstad en el Melodifestival de 1969, que estaba adquiriendo cierta atención con su conjunto Anni-Frid Four, y se volvieron pareja poco después. Juntos habían grabado cosas juntos para sus respectivos proyectos, pero no se les ocurrió convertirse en grupo hasta que se fueron de vacaciones a Chipre, donde acabaron cantando de forma improvisada ante un grupo de soldados de las Naciones Unidas que había en la isla.

Después… Bueno, aún les llevó un tiempo más establecerse. Björn & Benny siguieron sacando música juntos con puntuales aportaciones de sus parejas. Estas se fueron volviendo más habituales y pasaron a Björn & Benny, Agnetha & Anni-Frid, y sacaron su primer disco tomando de eje su single ‘Ring Ring‘. Su mánager Stig Anderson, cansado de un nombre tan largo, insistió en que se llamasen ABBA.

Después llegó ‘Waterloo‘, el Concurso de Eurovision de 1974, y a no dejar de petarlo en todo el mundo. Con temas alegres, con temas melancólicos, con temas entre medias, siempre partiendo la pana. Durante el trayecto, llegaron temas como ‘Chiquitita‘, donde no sólo se salían incluso cantando en otro idioma, sino que sabían llenar de grandilocuencia una pieza íntima de una joven apenada y triste.

La película: ‘Tres anuncios a las afueras’, de Martin McDonagh

Aunque nacido en Inglaterra, Martin McDonagh pasó mas tiempo siendo modelado por la cultura irlandesa, de donde son sus padres. De ahí que sus primeros trabajos se localizasen en el condado de Galway, en el Oeste de Irlanda donde pasaba los veranos, en lugar de en la Londres donde residía. Su carácter más galvánico y abrasivo no encajaba con una capital más cosmopolita, y quizá de ahí su relación amor-odio con el teatro, donde empezó su carrera y alcanzó sus popularidad.

Tras varias obras exitosas, McDonagh se dio cuenta de que no podía ser todo lo mordaz que le gustaría ser en un formato donde «cuesta 100 dólares participar», según afirma. Un ligero desprecio por el snobismo inherente en el teatro le empujó definitivamente al cine, donde ha terminado destacando también por su fina pero afilada escritura y habilidosa dirección de actores. Tras la negrísima comedia de Escondidos en Brujas, el retorcido thriller criminal Siete psicópatas, su salto más cercano al mainstream llegó con Tres anuncios a las afueras, un drama oscuro que también va cargado de un sentido del humor bastante envenenado. El irlandés juega con los tonos de forma atrevida pero consciente en una película bastante aguda sobre la frustración y los problemas de dejarse llevar por la ira.

La escena

Precisamente ese jugueteo con los géneros, hecho a veces con bastante mala baba, es el que entra en juego en uno de los puntos clave del relato: tras habernos hecho una idea clara de los actores principales de la historia, vemos como de repente uno se quita de en medio con dramatismo: el jefe Willoughby, interpretado por Woody Harrelson, se quita la vida no por los carteles agresivos del personaje de Frances McDormand (o eso asegura), sino para que su familia no tenga que soportar ver cómo se apaga lentamente por el cáncer de páncreas que padece.

Es un momento absolutamente dramático, y golpea con fuerza a cada uno de los personajes de la película… Aunque el que más tarda en llegar es el oficial Dixon, interpretado por un estupendo Sam Rockwell, que mientras el resto de la comisaría se queda destrozada él se encuentra disfrutando inocentemente de ‘Chiquitita’. Es un momento bastante hilarante pero también muy cabrón que funciona a la perfección para que la película no caiga en un pozo del bajón del que no pueda recuperarse. Y qué mejor elección para pinchar que una canción bastante dramática que es cantada con una épica que da bastante subidoncico. Ese juego de contrastes hecho a tan mala leche es lo que hace de esta peli algo tan brillante.

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