Una canción, una escena es una sección Hipersónica donde se repasan algunos de los mejores momentos musicales en la historia del cine. O los mejores momentos cinematográficos de nuestras canciones favoritas. Sea lo que sea, es un perfecto cruce de nuestras grandes obsesiones.

La canción: ‘Our Destiny’, de Hinda Hicks

Nacida en Túnez, pero de familia británica, donde pasó buena parte de su vida y de su carrera, Hinda Hicks tuvo antes una pequeña pasión por el baloncesto. Su practica deportiva le proporcionó una beca para la universidad en Estados Unidos y la llevó a conseguir título de entrenadora, hasta que encontró su principal vocación en la música. Nina Simone y Ella Fitzgerald, además de otras leyendas de la música soul y jazz y de su pasión por el hip hop de la época, inspiraron a la joven británica a perseguir una carrera como cantante.

Su carrera, eso sí, fue un destello fugaz. Tras experiencias breves en bandas como Fabulous Fug Band y Mixed Fruits, Hicks conoció al productor Jazz Black, que le proporcionó su gran oportunidad, con un contrato de cinco discos con Island Records. Así, en 1998 sacó su debut Hinda, que hizo ruido gracias a sus singles ‘You Think You Own Me‘ y ‘I Wanna Be Your Lady‘ y le consiguió un par de nominaciones como artista revelación en el Reino Unido y mejor artista de r&b.

Sin embargo, Island Records empezó pronto a dejar de promocionarla, especialmente tras su fusión con Universal. El lanzamiento de su siguiente álbum fue truncado y limitado, provocando que la cantante cortase lazos con la discográfica, tras lo cual su carrera no volvió a remontar. Tuvo, eso sí, la ocasión de unir sus dos pasiones al escribir una canción para la banda sonora de una pequeña película sobre baloncesto que estaba empezando a hacer ruido: la canción era ‘Our Destiny‘, y la película era Love & Basketball.

La película: ‘Love & Basketball’, de Gina Prince-Bythewood

No suele haber las ofertas deseadas para directores negros a nivel de industria en Estados Unidos, ya no hablemos para una directora negra. Aun así, Gina Prince-Bythewood se las ha apañado para tener una carrera tan atípica como diversa, siempre, según asegura, haciendo cosas que quería hacer y podía tener cierto control. De ese modo, ha ido oscilando desde el más reciente actioner superheroico algo esteril de La vieja guardia para Netflix hasta dramas que han ido desde lo puramente musical, como su particular Ha nacido una estrella con Beyond the Lights, al academicismo más tibio de La vida secreta de las abejas.

¿Que puede haber de rasgos comunes entre la historia de una aspirante a Rihanna, una niña que aprende a describir el mundo gracias a Queen Latifah y una Charlize Theron inmortal que se carga a soldados con un hacha? Justamente la forma de contarlos de Prince-Bythewood, siempre en búsqueda de momentos íntimos entre personajes, de intentar hacer valiosa cada interacción y hacer que salgan chispas de los momentos más cercanos. Algo que es capaz de hacer relucir más en filmes más románticos.

Y por eso su obra más relevante y celebrada es Love & Basketball, donde explora una tensa y apasionante relación romántica que choca pero a la vez conecta con la pasión por el baloncesto de los protagonistas. Auspiciada por Spike Lee, que produce la cinta, la directora pudo tomar de sus experiencias como atleta en la universidad, jugando también con la desigualdad existente entre hombres y mujeres a la hora de crecer y querer desarrollar una carrera profesional como deportista.

La escena

Para los personajes de Sanaa Lathan y Omar Epps, separar baloncesto y amor es más complicado de lo que parece. Mientras intentan lidiar con las presiones de ir accediendo a la adultez, ambos encuentran en el deporte el único ambiente donde pueden sentirse en control de la situación. Aunque para uno resulta más fácil que para el otro. Mientras él recibe siempre el tratamiento del chico de oro, ella tiene que estar remando todo el rato hacia arriba ante las exigencias de la competición universitaria y de su entrenadora, y todo para no tener la perspectiva de un futuro profesional como baloncestista (por aquella época todavía no existía la WNBA).

Para ambos su destino pasa por el baloncesto, y es parte de lo que les une, pero, como muestra el montaje que acerca la película al punto crucial del segundo acto donde empieza a sonar ‘Our Destiny’, su recorrido no es el mismo. Sin embargo, su relación amorosa es cómplice y apasionada, además de competitiva, como si el baloncesto también se colase hasta ahí. Aunque la sombra de la asimetría entre sus destinos sea existente, y no hará mella del todo hasta que dicho desequilibrio se invierta más tarde en la película.

Pero esta habilidad para mostrar la intimidad y dejar florecer la relación entre sus personajes, con todos los claroscuros posibles, además de su carácter indie tamizado por unas ambiciones mainstream de las que no se disculpa, es lo que ha convertido a Love & Basketball en un clásico de culto. Uno que no ha bajado tanto como debería porque lo de distribuir «pelis de negros» de forma internacional parece que cuesta horrores, pero no será por falta de calidad. Tanto como película romántica como si quieres ver un drama deportivo.

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