Una canción, una escena es una sección Hipersónica donde se repasan algunos de los mejores momentos musicales en la historia del cine. O los mejores momentos cinematográficos de nuestras canciones favoritas. Sea lo que sea, es un perfecto cruce de nuestras grandes obsesiones.

La canción: ‘I’m Afraid of Americans’, de David Bowie

¿Sabéis de David Bowie? ¿El padre del director Duncan Jones? Resulta que era muy buen músico. Tremendo en realidad. Y siempre arriesgado. Desde los comienzos más puramente rock/pop con algún amago psicodélico le hemos visto pasar (tarde, pero bien) por el glam rock, el soul, el art-rock durante unos cuantos años que pasó en Berlín, el dance y más experimentaciones. Y dejando grandes obras maestras en el camino.

También tuvo un periodo más complejo a nivel de popularidad y cariño de industria y público. Y durante esa época decidió salir adelante probando suerte con el emergente rock industrial, aunque siempre orientado desde su prisma. Sus trabajos Outside y Earthling fueron un interesante atrevimiento con algunos puntos realmente inspirados, logrados mediante la asociación con grandes talentos como el propio Trent Reznor. Entre ambos discos salió la pieza ‘I’m Afraid of Americans‘, que sería trabajada en su versión final para el disco Earthling pero tuvo muchas otras versiones, alguna incluso con Ice Cube.

Con Reznor trabajando la instrumentación y co-escrita con Brian Eno, Bowie hace un sardónico comentario de la nociva influencia americana que terminaba homogeneizando cada rincón del planeta. Para remarcar aún más su desdén, en la versión original en lugar de «americans» menciona a los «animals» como elemento aterrador. Y esto sólo por ver un McDonalds en la isla de Java.

La película: ‘Showgirls’, de Paul Verhoeven

¿Sabéis de Paul Verhoeven? ¿El director holandés que revolucionó el género de ciencia ficción gracias a pelotazos como Robocop o Desafío Total? Resulta que también tuvo tiempo para poner patas arriba el mainstream americano (¿nunca mejor dicho?) con Instinto básico, la película que hizo a muchos agradecer la existencia del botón de pausa y probablemente responsable de buena parte de los nacimientos producidos nueves meses después de su estreno en marzo de 1992.

Claramente muchos no estaban listos para aquel fervor, pero Verhoeven ya había practicado cosas mucho más extremas y, al mismo tiempo, tratadas de forma más desenfada. Probablemente sea uno de los pocos directores cuyas primeras películas están más fácil de encontrar en páginas porno que en servicios de streaming (el segundo que figura en esta sección). Y aun así, nadie estaba listo para lo que fue Showgirls.

Sólo ahora se está empezando a reconocer los méritos de una película que en su momento se estaba catalogando como lo peor de la década (barriendo los Razzies, a los que Verhoeven asistió con mucho gusto). Es cierto que su carácter exagerado, su elevación de tonos hasta lo histriónico o quizá su desvergonzada obscenidad pueden ser una barrera muy difícil de sortear para muchos, pero una película tan perfectamente calibrada y narrada como esta no puede simplemente ser desastrosa. Al contrario, la sátira está perfectamente pensada, ridiculizando todo el concepto del sueño americano al ejemplarizarlo en espectáculos llenos de desnudos, bailes que superan cualquier concepto de lo explícito, purpurina muy brillante y sudor intenso. Y lo hacía sin realmente juzgar a los personajes que importan, como esa Nomi Malone de Elizabeth Berkley que ha terminado siendo el icono que buscaba tanto en pantalla como fuera.

La escena

Y es que, aunque todo el circo y todo el trasteo tras bambalinas sea justo lo que Verhoeven y Joe Eszterhas (también guionista de Instinto básico) buscan criticar, no presentan a Nomi Malone como un despojo o una parodia. Será demasiado intensa, pero no una parodia. Y su pasión por el baile resulta real, su determinación por llegar a lo más alto, aunque sea por las vías menos limpias, resulta intrigante y queremos que se logre a pesar de los claroscuros del personaje. En parte es porque el director logra filmar los bailes con una energía electrizante y muy sexual, mientras erige al personaje sobre la multitud. No podemos apartar la mirada de ella porque así se encarga de plasmarla, como un monumento admirable en movimiento.

Y así llegamos a una de las escenas de baile más intensas, cuando ella y su amiga Molly (Gina Ravera) bailan despreocupadamente en la discoteca, mientras al otro de la sala vemos a James (Glenn Plummer) posando su ojo en Nomi. Su amigo le comenta, observando lo que está observando, «Sabe bailar, ¿no?» con cierta admiración. Con una mueca para disimular, suelta un «Cree que sabe», y procede a acercarse a ella. Y entonces llega una secuencia de mucho movimiento, de varias miradas mal escondidas, mientras de fondo suena la versión original e inacabada de ‘I’m Afraid of Americans’.

Porque a pesar del universo lleno de fantasía y glamour que estamos presenciando, Verhoeven no quiere que olvides: hay bastante oscuridad en medio de todas esta luces. Lo perverso no está en los locales de striptease adonde te está llevando, está mucho más en el corazón de la sociedad que tanto se apresura por escandalizarse. Lo comprobamos luego a través de Nomi y también por los actos de James en una película absolutamente sensacional.

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