Una canción, una escena es una sección Hipersónica donde se repasan algunos de los mejores momentos musicales en la historia del cine. O los mejores momentos cinematográficos de nuestras canciones favoritas. Sea lo que sea, es un perfecto cruce de nuestras grandes obsesiones.

La canción: ‘Let’s Go’, de Kool Moe Dee

Mohandas Dewese destacó en el rap underground de la escena neoyorkina gracias a su estilo rápido y agresivo, que le ha llevado a destacar en algunas de las primeras peleas de gallos importantes. También destacó por formar parte de uno de los grandes grupos pioneros en el género hip hop con Treacherous Three. Tras disolverse estos en 1985, dio el salto a una carrera en solitario como Kool Moe Dee. Junto a productores como Teddy Riley y Lavaba Mallison, fue uno de los grandes contribuidores al movimiento new jack swing, que introducía los ritmos, producciones y formas de operar del hip hop en el sonido r&b y pop.

Su trayectoria en solitario no fue poco exitosa y tuvo bastante reconocimiento tanto crítico como comercial. Pero no dudaba en meterse en disputas con otros grandes gallos de la escena. Su beef más destacado fue con LL Cool J, al que acusó de robar su estilo de rapear en el tema ‘How Ya Like Me Now‘ en 1987 y también de faltar el respeto a los pioneros del género. El también neoyorquino respondió en 1989 con ‘Jack The Ripper‘, y ese mismo año llegó la contrarréplica con ‘Let’s Go‘, donde no sólo dejó por los suelos su respuesta sino que le repartía por todos lados con versos como «My mouth is an Uzi and I shot him». Fue un éxito en el mundillo hip hop que luego sonaría hasta en películas como Pesadilla en Elm Street 5: El niño de los sueños.

La película: ‘Los chicos del barrio’, de John Singleton

No es fácil crecer en la zona South Central de Los Ángeles, donde John Singleton pasó su infancia. Para alejarse del mundo de las drogas que intoxicaba su vecindario negro, el joven angelino encontró refugio en los cómics, los videojuegos y el cine, especialmente con el de Steven Spielberg y también con Star Wars, que le permitieron soñar con dedicarse a hacer películas en un futuro. Tras una pequeña consideración para estudiar informática, luego desechada, entró en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California.

Margaret Mehring le orientó en su programa para poder tener una primera oportunidad en el sistema de Hollywood, y una de las ideas que tuvo para una película fue Summer of 84 donde, inspirado por la escena de Cuenta conmigo en la que unos jóvenes ven un cadáver, empezó a elaborar un coming of age a partir de una infancia en la que cada día ves cadáveres en las calles. Consiguió vender su guion final a Columbia, que quería aprovechar la ola de éxito de Haz lo que debas de Spike Lee buscando al siguiente gran cineasta negro, y consiguió el rol de director a pesar de tener sólo 22 años. Singleton completó la jugada contratando a actores negros prometedores o establecidos que conocía en sus trabajos como becario o de segurata, incluyendo a Ice Cube de N.W.A., con el que todavía muchos ejecutivos del estudio no estaban familiarizados.

La escena

El éxito de Los chicos del barrio es de los que marca época. Para empezar, Singleton logró ser nominado a Mejor dirección en los Premios Oscar, siendo el primer afroamericano en conseguirlo y, hasta la fecha, el más joven con 24 años en aquel momento. Pero no fue sólo la dirección, la película triunfó por esa sensación de drama épico que le podría encajar el nombre de «Érase una vez en South Central». Hablamos de un coming of age excelente, donde toca con delicadeza y astucia crecer en un barrio negro abandonado a su suerte por el sistema blanco, donde la ansiedad por la imposibilidad del futuro se cruza con el riesgo a morir en cualquier esquina, sea por la policia o por tus propios «vecinos», enemistados por cuestiones de drogas y territorio. La película toca bien crecer rodeado de crimen como si un film de gangsters se tratase, al igual que explora la sexualidad, la educación y la solidaridad de raza y clase en estos ambientes.

Uno de los temas más punzantes en la película es precisamente esa violencia entre hermanos de raza, enemistados por cuestiones de dominio territorial de bandas y por comercio de drogas, cuyos principales beneficios no van precisamente a los que están a pie de calle (brillantemente expuesto por el personaje de Furious Styles en un monólogo que podría quedar como chapita educacional pero queda vibrante por Laurence Fishburne). Por ello, el momento más duro de la película viene de ver a Cuba Gooding Jr. y Morris Chestnut volver a casa después de ir a comprar leche y teniendo que correr por su vida al observar un coche rojo que saben perfectamente qué significa. Y en ese coche suena uno de los mayores enfrentamientos entre artistas negros de la historia del hip hop. Quizá casual, quizá intencionado, es un detalle que añade otra elegante capa a un drama ya de por sí excelente.

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