Llega una nueva sección mensual a Hipersónica, después del sólido recorrido que está teniendo la sección de metal mensual. Viendo que ahora tenemos más servicios de streaming que nunca, y que estos tiempos de confinamiento hacen más necesarias las recomendaciones para pasar el tiempo, nace esta selección con una película recomendable que podéis encontrar en cada plataforma. Para que no os perdáis entre las toneladas de contenido que os ofrecen.

Netflix: Collateral (Michael Mann, 2004)

Michael Mann es uno de los especímenes más curiosos que han pasado por el sistema de estudios. Irónicamente, puede ser uno de los cineastas de acción más influyentes (preguntadle a Christopher Nolan a quién le debe buena parte de su estilo) con pocos éxitos a sus espaldas. Este es de los pocos, con un Tom Cruise más inspirado que nunca en un papel amenazante y peligroso y un Jamie Foxx fabuloso como hombre ordinario que saca algo de una experiencia terrible. También estamos ante una de las primeras películas de estudio que apostó por la fotografía digital, con espectaculares resultados (pocas pelis reflejan mejor Los Ángeles de noche).

HBO: All That Jazz (Bob Fosse, 1979)

Aunque Cabaret esta ahí, existiendo y siendo fantástica, la obra maestra de Bob Fosse en el cine puede ser esta sardónica autobiografía donde se abre en canal, con sus miserias y sus egos, y saca lo mejor de un Roy Scheider que se apagaría con el cambio de década. Hacer tu propio biopic a veces no tiene que ser malo, o que se vaya a ahorrar detalles escabrosos. «Bye bye life / Bye bye happiness / Hello loneliness /I think I’m gonna die».

Movistar: Ocean’s Twelve: Uno más entra en el juego (Steven Soderbergh, 2004)

La opción más sencilla sería recomendar Ocean’s Eleven, pero esa está lo bastante apreciada y aquí va de dar su espacio a películas que merecen más de lo que se les dio en su momento o lo que reciben ahora. Y es el caso de esta secuela que, en realidad, es un jugoso trabajo de metaficción sobre hacer secuelas, sobre manejar el star system y de personalidades públicas que existen y no existen al mismo tiempo. La escena de Bruce Willis, interpretándose a sí mismo, creyendo reconocer a Julia Roberts es oro puro.

Prime Video: Estafadoras de Wall Street (Lorene Scafaria, 2019)

He dado un poco la tabarra con esta película antes, pero creo que vale la pena. Lorene Scafaria recibió este proyecto con la idea de elaborar un guion para luego presentar a Martin Scorsese. Una vez este rechazó la idea, se decidió sabiamente que ella misma debería dirigirla. La influencia de Scorsese esta ahí, también un poco de La Gran Apuesta de Adam McKay, pero la humanidad con la que Scafaria ataja esta historia tan oscura es la que la hace reseñable. Nunca juzga a sus personajes, pero nunca los glorifica. Entiendes por qué el personaje de Jennifer Lopez causa tanta fascinación (ella misma contribuye bastante a ello), pero nunca te encariñas demasiado de ella. No puedes dejar de seguir la historia del personaje de Constance Wu, pero nunca deja de tener matices. Y aunque llegue con la energía justa a su tercer acto, sigue siendo muy satisfactoria.

Filmin: Atrapado Por Su Pasado (Brian De Palma, 1993)

Una de las obras más discretas en cuanto a relevancia de De Palma, pero estimable igualmente. Aunque muchos la denominen una Scarface menor, hay muchas cosas que la diferencian y la hacen merecedora de atención. Desde las más extravagantes (sigo sin entender ese peinado de Sean Penn) a la pulcritud con la que está rodada y narrada. Digna de alguien como De Palma, que era capaz de alternar sus perversiones más personales con eficientes trabajos de estudio. Aquí también podemos trazar ese momento en la década de los 90 donde Al Pacino decidió abrazar de lleno actuar pasadísimo en todas sus películas y nunca mirar atrás.

Disney+: Avatar (James Cameron, 2009)

Ahora que ya ha pasado una década, y que las 24 secuelas están al llegar (quien dice «están al llegar» dice un año como quien dice otros diez), quizá sea hora de darle un reconocimiento y una nueva oportunidad al demencial universo que creó James Cameron. Su amor por la estructura de cinco actos es lo que sigue haciendo que la película se haga cuesta arriba, pero incluso sin el 3-D que se tuvo en mente a la hora de rodarla la película muestra una escala y una planificación inigualables. Y es refrescante, más tras una década con muchas blockbusters extremadamente insulsos, ver una película de esta dimensión no tener miedo a ser demasiado: demasiado demencial, demasiado grande, demasiado hortera, demasiado ecologista, demasiado perversa o sexual (¿que sus coletas hacen QUÉ?) o demasiado libre de complejos. Es el cine de aventuras de los que dan ganas de celebrar la vida.

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